Una mujer sin sombrero, empoderada (+Fotos)

Una mujer sin sombrero, empoderada (+Fotos)

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La encontré sin proponérmelo. Estaba allí: inquieta, atractiva, elegante al traspasar la puerta del patio de un campesino famoso. Todos los méritos de los últimos tiempos corren a nombre del esposo y sus aportes siguen el anonimato que acompaña a muchas mujeres, sobre todo en el campo.

 

Foto: Ana Margarita González

Sin embargo, hablo de lo que comúnmente llaman una mujer empoderada, tanto así, que rige la vida familiar y social y es protagonista en el negocio de la finca La Esperanza, de la CCS Nelson Fernández, de Madruga, en Mayabeque.

Bien temprano de un día de diciembre, al llamar a la puerta lateral, una voz gritó: “Vaaaaaaaa, un momentico”. Resaltaba su figura frente al corral de los cerdos, cubo en mano, echando la comida y el agua a los animales. “Un momento voy a llamar a Rafael”, (campesino que mandó a España aguacates y limones de la finca que comparte con Yasielby Medina González).

Destacaron su pulcritud, el rostro bien maquillado y el pelo recogido en un moño alto. Una mujer de ademanes finos, que parece sacada de un cuento donde la princesa acaricia y cuida celosamente de los animales, se entiende con ellos, pero no vence la timidez en el contacto con los humanos. Es de esas que hacen mucho y hablan poco, y responder preguntas… le es bien difícil.

De campesina a campesina le hablé cerca del fogón donde preparaba el almuerzo para los obreros. Atareada, mirando cautelosamente cada acción que se desarrollaba en su entorno, sonrió por tener un hijo recién graduado como ingeniero agrícola y otro que realiza cualquier tarea en ese predio.

 

Sus hijos son lo que han querido ser: el mayor ingeniero, el menor campesino. Foto: Ana Margarita González

“Cuando el mayor terminó el preuniversitario, quiso venir a trabajar, pero Rafael le dijo que necesitaba a alguien que supiera de agricultura, le propuso que se hiciera ingeniero; se graduó este año, y si quiere venir para aquí, le sacaremos el doble a la finca, con sus conocimientos y nuestras experiencias”.

En su caso: ¿qué es una mujer empoderada? No son sus palabras, pero al decir de varias personas que coincidieron conmigo, es Yasielby: usufructuaria de 14 hectáreas que se siembran de lima persa, fruta bomba, aguacate, mango, café y otros cultivos, que le dan solvencia e independencia económica.

 

Yasielby en el beneficio de frutas para la exportación. Foto: Ana Margarita González

Que cría cerdos, conejos, gallinas, codornices, abejas meliponas y otros animales para sustentar el consumo de la familia y los trabajadores de la finca; que tiene la alta responsabilidad de, además de procrear, atender las necesidades de su familia —suma a dos nueras—, que trabajan a la par de ella y tienen sus obligaciones laborales.

Una mujer nacida en Catalina de Güines, que estudió hasta el duodécimo grado y pudo escoger un destino distinto, pero se aferró a Rafael desde los 16 años (llevan 26 juntos), y como ella define: “Soy feliz, disfruto lo que hago, tengo mi casa, mi familia, mis hijos, la finca, la producción, los negocios, una vida social; me siento realizada”.

 

Junto a Rafael, disfruta los derechos que tiene la mujer cubana. Foto: Ana Margarita González

Unos días después de nuestra visita, Yasielby y Rafael vinieron a La Habana para participar en el Foro Empresarial Cuba 2020, que de forma virtual promueve la exportación y la inversión extranjera en la isla, en el cual, los representantes del sector no estatal tuvieron espacio para contar sus primeras experiencias del mercado exterior.

Desde hace varios meses, el Gobierno cubano incorporó a este sector a la exportación, a través de empresas estatales, que garantiza liquidez, en este caso a los pequeños productores, para adquirir insumos, maquinaria y medios de trabajo, que muchos como esta pareja, necesitan para invertir en sus fincas.

 

“Soy una mujer feliz”, afirmó Yasielby, campesina empoderada. Foto: Ana Margarita González

Yasielby Medina González es una de tantas cubanas que disfruta derechos humanos conquistados por generaciones precedentes. Los elementales: a la salud y la educación, igualdad de género y empoderamiento, además de los de elegir y formar una familia, trabajar la tierra y disfrutar de sus beneficios.

Como de escollos está sembrado el camino de cada ser humano, ella también encontró quien cuestionara su derecho a la tierra, pues supuestamente, no iba a coger una guataca para trabajar en el campo.

Suertuda que, con el apoyo del esposo, convenció y venció esos obstáculos, dejó de ser la mujer de…, porque “compartir la vida, criar animales y hacer las labores domésticas entraña más trabajo que domesticar el campo”, dice Rafael, quien hace a gusto, y también con derechos, las labores agrícolas.

Yasielby es, una mujer sin sombrero, empoderada.

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