Seamos responsables, ayudemos a quienes nos sanan

Seamos responsables, ayudemos a quienes nos sanan

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Escribo con el corazón estrujado. Desde el viernes, cinco miembros de mi familia (la familia de mi hermano) están ingresados en Guasimal y Sancti Spíritus, cuatro sospechosos y una positiva. Aún están a la espera de cuatro PCR. La incertidumbre y la impotencia me desbordan como ser humano.

 

Foto: Delia Proenza/ Escambray

 

Anoche fallecieron dos amigas más, una precisamente de Guasimal y la mamá de un colega de Trinidad. Con ese ruido no podré estar tranquila mientras el río pasa y se lleve los síntomas que tiene mi sobrina positiva. Por suerte, su hija, de un año, se mantiene bien, y eso alivia. Agradezco a todos y cada uno de los funcionarios, médicos y amigos a quienes he acudido solicitando ayuda.

En esencia, la situación epidemiológica no cambia mucho de un día a otro. Con más de 8 mil 500 casos y 60 fallecidos no llega el aliento, la inyección de optimismo que necesitamos.

Pinar del Río, Sancti Spíritus y Camagüey tienen situaciones muy complejas, acumulando elevadas cifras días tras días. Me cuentan que en la provincia espirituana hay fuertes medidas de restricción de movimientos y otras que establecidas en los protocolos, pero aun así, la transmisión no da respiro; imagino que los otros territorios hagan lo mismo.

Y seguimos apelando a la autorresponsabilidad, al cuidado, cuando un amigo cienfueguero me dice que “la cola del yogurt para los niños, está prendía”, y tiene que salir a buscar los alimentos, aunque le cueste infectarse.

 

Foto: Abel Padrón Padilla/ Tomada de Facebook

 

Los niños juegan en las calles, muchos  sin nasobuco o con ellos en la barbilla, otros van fumando y comiendo por la calle, y no sé si esto también es vital, pues no experimento la presión de las adicciones, o es que quienes lo hacen son unos verdaderos irresponsables.

Hay que seguir multando, la propagación de epidemia es sancionable, y lo peor  es que muchos mueren por ese comportamiento irresponsable de algunos.

Aterran las cifras de niños contagiados, que no bajan, al igual que la de los mayores de 60 años; son los más vulnerables, los que menos posibilidades tienen de autoprotegerse.

Y las altas no pueden gestionarse mejor (7 mil 781 en el día de ayer) cuando el resultado de un PCR tarda más de tres días o llega demasiado tarde, y están los pacientes (algunos sanos) ocupando una cama que quizás si necesita otro enfermo.

Las capacidades de estos análisis se han ampliado, pero son insuficientes, sobre todo en las provincias de más alta tasa de incidencia, y nadie estará conforme con estar tres o cuatro días sobre la cama de un centro de aislamiento u hospital sin conocer su estado de salud. Hay que agilizar esos resultados y garantizar su máxima calidad.

Los médicos y especialistas hacen un extraordinario esfuerzo, un desafío a la resistencia humana, pero los pacientes van a la par, con su paciencia. Ojalá todo pase. Que la vacunación ataje a este virus. Seamos más responsable, ayudemos a los que nos sanan.

Acerca del autor

Licenciada en Periodismo, escribe e investiga sobre temas económicos y políticos. Coautora del libro «La Historia que me ha tocado vivir», junto a Rafael Hojas Martínez; que compila entrevistas sobre el caso de los Cinco antiterroristas cubanos.

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