Con Filo: Rendición de cuentas y control popular

Con Filo: Rendición de cuentas y control popular

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Dos conceptos fundamentales han cobrado singular fuerza en los debates, y más aún, en las acciones, que por estos días tienen lugar en la Asamblea Nacional del Poder Popular: la rendición de cuentas y el control popular.

Imagen: Martirena

Como bien sabemos, el primero de estos términos es un principio fundador del sistema democrático cubano, asociado sobre todo a las rendiciones de cuentas que de forma sistemática han realizado desde siempre los delegados de circunscripción ante sus electores, y que no por casualidad han sido retomadas en este último trimestre del año, luego de un largo periodo sin poderlas realizar como consecuencia de la pandemia de COVID-19.

Pero la rendición de cuentas no es una práctica exclusiva de los representantes gubernamentales en la base. En todos los niveles del Poder Popular esta ha sido una manera de actuar, aunque haya padecido en no pocas ocasiones de una formalidad que también ha sido muy criticada y de la cual parecería que ahora sí empieza a desprenderse, con plena conciencia de su importancia.

La propia rendición de cuentas del Primer Ministro de Cuba, anunciada para este período ordinario de sesiones, da cuentas de ese enfoque novedoso, al hacerse público con anticipación su informe, para convocar a la ciudadanía a leerlo, y hacer llegar sus opiniones y sugerencias.

Los debates a propósito de las informaciones brindadas la víspera ante el Parlamento por cuatro ministros de importantes organismos de la administración central del Estado, aunque sin tener ese nombre, también estuvieron imbuidas de ese espíritu de la rendición de cuentas, lo cual se apreció en la franqueza y transparencia de las presentaciones hechas, donde como regla predominó un enfoque muy autocrítico.

El otro par dialéctico que complementa ese modo de hacer es el del control popular, una noción quizás un poco más reciente, al menos en su forma de plantearse, y que en esencia busca desarrollar mecanismos prácticos mediante los cuales la población pueda comprobar directamente si se cumplen o no las políticas públicas trazadas. Dicho de otro modo, que la gente pueda verificar por sí misma si las cosas se hacen como se dijo que debían hacerse, o hay desviaciones por cualquier motivo, incluyendo errores o demoras, incumplimientos e irresponsabilidades.

El propio Presidente Díaz-Canel insistió por estos días en la importancia de combinar ambos procederes, al explicar en una de las comisiones de la Asamblea Nacional la trascendencia de contar con un gobierno cada vez más participativo, con espacios para debatir, criticar y proponer; luego otro momento para implementar lo dispuesto y, por último, someterlo todo al control popular, sobre la base de la transparencia informativa y la rendición de cuentas de los cuadros de dirección.

Son entonces el control popular y la rendición de cuentas una pareja que necesitamos que sea muy bien llevada, no importa si como un matrimonio o una unión de hecho, pero sí en una relación duradera y estable, para que nos pueda garantizar la mayor armonía y el progreso de ese gran familia que llamamos Cuba.

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