Tríptico de una profesión llamada enfermería

Tríptico de una profesión llamada enfermería

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Son cuidadores y expertos en el arte de amar; son de los que se dejan la piel en el terreno, pero siempre van pulcramente vestidos de blanco; de los que el pulso no les tiembla y tienen justicia en la mirada. De los que sufren, ríen y trabajan con el corazón. Son enfermeros, que como dicen algunos, no es algo con lo que naces, pero sí que llevas mezclado en tus venas.

 

Son los enfermeros esos profesionales que andan cuidando y velando cada detalle del paciente en todo momento. Foto: Rodolfo Blanco Cué/ ACN

 

Para Adalberto, Marbelys y Raúl Alberto, tres consagrados profesionales del Camagüey y que desde hace años laboran en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech en la cabecera provincial, estudiar enfermería era pertenecer a la mejor profesión del mundo.

 

Los pacientes son lo más importante
Adalberto Ávila Rodríguez. Foto: Gretel Díaz Montalvo

Adalberto Ávila Rodríguez nunca pensó convertirse en enfermero. Para él esa carrera era solo la vía para acercarse a la anatomía patológica, o ser algo más. Pero, mientras iba estudiando y aprendiendo, más se enamoraba de ella, al punto de que lleva ya unos 38 años de trabajo en el mismo lugar y sin pensar, todavía, en jubilarse.

Hoy Adalberto es profesor asistente, máster en urgencias médicas y jefe de cátedra de enfermería, entre otras responsabilidades. Ha sido jefe de un montón de salas, supervisor y ha formado a cientos de jóvenes. Solo lamenta, dice,no haber trabajado nunca en salones de operaciones o como enfermero instrumentista, “pero con lo que le enseño a los estudiantes sé que de alguna manera estaré dentro de ellos.

“A estos muchachos les digo siempre que el humanismo y la solidaridad son los pilares fundamentales de la enfermería y el primero es el valor más importante que tiene nuestra profesión.

“El cuidado de los pacientes es el más importante objeto de estudio y eso se lo enseñamos a los estudiantes, a quienes preparamos en especialidades básicas.

“Claro, también les mostramos que esto implica mucho sacrificio y, a veces, no tenemos días festivos, o las vacaciones se interrumpen o ni fines de semanas libres tenemos. Nos toca trabajar mucho, pero eso se logra con un gran sentido de pertenencia”.

Esto requiere de muchos valores
Marbelys Despaigne Escobar. Foto: Gretel Díaz Montalvo

Cuando la hoy licenciada en enfermería Marbelys Despaigne Escobar tenía edad para estudiar una carrera, el embarazo de su hijo, creyó ella, le impidió eso. Se fue a trabajar como secretaria del laboratorio central del Manuel Ascunce, y ahí, cuando llegaron cursos para jóvenes ejemplares, fue la primera seleccionada y le otorgaron la carrera de técnico medio en enfermería.

La abuela de su primogénito, el jefe del laboratorio y muchas personas le impulsaron en tal empeño. Y ella lo asumió como la tarea más importante, por lo que fue de los primeros expedientes y mereció el sello de oro que otorgaban a los destacados.

Luego optó por la verticalización en cuidados intensivos con perfil en nefrología y ahí –ahora como jefa de la sala –, lleva casi unos 30 años. Para ella el Provincial, como se conoce a este centro médico, ha sido “el lugar donde más he aprendido, mi mejor medio de enseñanza y donde descubrí que, cuando me vi queriendo hacer un poco más por los pacientes que llegaban, sería enfermera.

“Esto requiere de muchos valores y de tener un pecho fuerte. En la sala de hemodiálisis, donde tenemos ahora 141 pacientes, uno ve los resultados de su trabajo, pero, con tristeza, también vemos lo que no deseamos.

“En esta sala somos familia, ninguno es jefe o seño; ahí somos Zulema, Leonardo, Yamilka, Indira, Luz o Marbelys, los que ayudamos a los pacientes a sentirse mejor.

“Cubrimos seis turnos y hacemos todo lo que sea necesario para qe las carencias de recursos no detengan el trabajo. Siempre hemos tenido necesidades y la pandemia de la Covid-19 nos puso la vida más difícil, pero la prioridad es salvar las vidas humanas.

“En los momentos más duros del virus, cuando todavía no teníamos vacunas, prestamos servicios en el hospital militar durante el evento que tuvo Ciego de Ávila. Eso demandó mucho esfuerzo, pero nadie lo pensó dos veces; todos estábamos dispuestos a ayudar y a estar, como lo hicimos, 24 horas seguidas de trabajo si hacía falta. Porque este servicio, si depende de nosotros no se detiene”.

Sacrificio es la palabra
Raúl Alberto Morales Rivero. Foto: Gretel Díaz Montalvo

Raúl Alberto Morales Rivero desde que se graduó como en enfermero en 1998 su lugar de trabajo ha sido la sala de terapia intensiva del hospital provincial. Allí, asegura, ha crecido su orgullo por la enfermería, “una profesión que lleva un alto sentido de pertenencia y del deber para con todos los pacientes.

“Aunque en ocasiones los resultados no sean los esperados cada día hacemos todo lo posible por cada paciente y eso nos da la paz y el equilibrio síquico que necesita el personal para seguir trabajando”.

El personal de enfermería permanece las 24 horas en la sala de terapia, junto al paciente. Es el que lo vela y atiende sus necesidades para estar alerta ante cualquier cambio o síntoma.

Sacrificio es la palabra que caracteriza a estos hombres y mujeres, que cuando el enfrentamiento a la Covid-19 tuvieron que crecerse.

Raúl, junto a otro equipo de enfermeros expertos, formó parte del equipo que atendía a las embarazadas que se contagiaban con la enfermedad.

“Esas semanas demandaron un extra, recuerda Raúl. Solo pensábamos que debíamos salvar dos vidas, por lo que el trabajo fue en equipo donde se incluía desde el camillero, hasta los sicólogos. Casi sin descansar”.

 

A veces a ángeles como estos no se les reconoce tanto como a los médicos, mas siempre están ahí. No obstante, ellos solo quieren, día a día, hacer bien su labor y ser útiles salvando vidas, cuidando a los pacientes y siendo ese apoyo que todo enfermo necesita.

 

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