Yaíma Sáez, una contralto inquieta

Yaíma Sáez, una contralto inquieta

Foto: Cortesia de la entrevistada
Foto: Cortesia de la entrevistada

 

“No detenerse, no encasillarse”, es una expresión que repite a menudo Yaíma Sáez cuando habla de su carrera como cantante. Una vida artística que podemos calificar de meteórica, considerando que comenzó hace menos de 10 años, siendo ya una mujer adulta con una profesión bien distinta por delante que podemos apreciar como meteórica. A propósito del desarrollo de su trabajo y sus planes inmediatos, conversamos con ella en la redacción de nuestro periódico.

Sáez ha tenido un 2015 muy intenso, que ha incluido una gira por Canadá con el espectáculo del Ballet Lizt Alfonso Amigas; la participación en la banda sonora que Rembert Egües hiciera para el filme Bailando con Margot, que saldrá próximamente; y sobre todo, la participación en el festival de arte y cultura Panamanía, celebrado en el marco de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

“Tuvimos una actuación en un teatro que se llama Young Centre for the Performing Arts que fue muy bien acogida por un público difícil por su diversidad cultural como es el canadiense; y más el de Toronto”, comenta. “Fue una oportunidad para mostrar el producto de Yaíma Sáez solo, porque generalmente me había presentado con otras compañías y proyectos”.

Luego de esa primera experiencia como artista principal ante un público foráneo, Yaíma se prepara para sumergirse con su grupo (formado por Adrián Estévez, piano; Lino Piquero, bajo; Pablo Cruz, saxofón; José Carlos, batería; y Yamilé Pedro, chelo y dirección musical) en dos proyectos discográficos. A mediados de septiembre comenzará con Identidad (Bis Music), y le seguirá Armonías (EGREM), a principios de octubre.

Identidad es un proyecto que se concibió para que su productora musical fuera Lucía Huergo, pero tras su fallecimiento asumió la producción Efraín Chibás, el actual pianista de Los Van Van. Se compone de 10 temas que pretenden mostrar a una Yaíma más revolucionada musicalmente de lo que mostré en Joyas en el tiempo, que fue un homenaje a la música hecha entre los años 40 y 60. Aquí tenemos compositores más contemporáneos como Pablo Milanés, Donato Poveda, David Torrens y David Álvarez —aunque también habrá algo de Orlando de la Rosa—. Hemos querido que este disco sea renovador desde el punto de vista del formato y los arreglos, que se despegue de lo que se supone que se haga para acompañar a una cancionera.

Por ejemplo, el tema que da nombre al disco es una canción de Pablo Milanés —al que vamos a invitar para que participe— que Lucía Huergo arregló como una rumba fusión, y funciona como metáfora del disco, con la variedad de géneros con la que me identifico. “Por su parte Armonías, que también contará con la producción de Efraín Chibás, es un proyecto raro, en el que vamos a unir a Adolfo Guzmán y a Juan Formell. Son 11 temas, cinco de cada uno más un popurrí de ambos, y aquí hemos tenido la posibilidad de abundar en un repertorio menos conocido de estos compositores. Los arreglos estarán a cargo de músicos como Denis Peralta, Orlando Vistel y Jorge Aragón, con los que queremos dar forma a un homenaje a dos personas que fueron revolucionarios en su momento desde el punto de vista armónico, de ahí el nombre del disco”.

Yaíma presentará ambos discos, junto a su grupo, en un par de conciertos con el nombre de Identidad y Armonías, los días 27 y 28 de noviembre, en el Museo de Bellas Artes.

Cuando se le pregunta si estos proyectos son una reacción al temor de ser encasillada dentro de una estética, reconoce que miedo siempre hay, pero que este es bueno cuando te impulsa a lanzarte, a romper barreras.

“Como se ha dicho varias veces, mi registro vocal recuerda al de Elena (Burke) y Moraima (Secada), lo que es una bendición, mas ante eso uno tiene que ubicar su estilo y que la gente sepa que eres tú quien está defendiendo la música más joven o la más vieja; pero eres tú.

“Para ello hago también estos discos, con la esperanza de que marquen un estilo de Yaíma Sáez, que para mí está definido por no ser convencional, no tenerles miedo a los arreglos más arriesgados, transgredir lo que supuestamente debe hacer una cancionera como yo que es contralto, en un país que hubo una que marcó y todo el mundo inevitablemente te asocia a ella.

“Siempre tengo nervio ante un público exigente y un mercado difícil como el de Cuba; este es un camino lleno de cumbres borrascosas, sin embargo, es el que me gusta y me hace sentir bien. Estoy contenta e inspirada para cumplir retos y seguir haciendo cosas cada vez más difíciles. En el 2016 cumplo 10 años de carrera, que es poquito, pero han sido bien intensos para mí, y con ese motivo deseo hacer un concierto con grandes pretensiones, en el que aborde la canción lírica desde lo popular, por ejemplo.

“No parar”, repite, enérgica, otra vez. “Creo que eso es lo que va a hacer siempre que el público te identifique”.

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