G 20: Una Cumbre sin consenso

G 20: Una Cumbre sin consenso

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La Cumbre del G 20, celebrada los días 15 y 16 de noviembre en la isla indonesia de Bali mostró, ante todo, la división de opiniones que ya existe entre los países que conforman la Unión Europa y buena parte del resto de las naciones participantes sobre la guerra en Ucrania y otros temas de actualidad.

 

Foto: CNN

La prensa acreditada, especialmente los grandes medios europeos y estadounidenses, estuvieron todo el tiempo a la casa de cualquier crítica o rechazo a la Federación Rusa y tuvieron que conformarse en intentar leer entre líneas o interpretar lo que quiso decir algún delegado sobre el tema.

Y es que Bali reflejó la realidad de un escenario internacional cambiante y la crítica al modelo establecido por Estados Unidos y sus aliados, cuestionado por Rusia, China y otras naciones, opuestas a las políticas de sanciones que aplican a diestra y siniestra y la defensa de un mundo unipolar.

Previo a la Cumbre la parte estadounidense destacaba un posible encuentro entre el presidente chino Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Joe Biden, la que finalmente ocurrió y donde se trataron importantes temas que preocupan a la opinión pública internacional, pero sin nada nuevo.

 

Fracaso del intento de aislar a Rusia

En relación al papel de la prensa resulta oportuno citar a la vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova, cuando valoró el trabajo de los medios en la reunión de Cancilleres, en julio último, lo que es copia al carbón de lo acontecido en la Cumbre recién concluida.

Dijo entonces la vocera; «los periodistas corren, se inquietan, cuentan el tiempo que pasan los ministros en la sala, siguen sus movimientos, ni la comida, ni la migración, ni la energía son relevantes para Occidente hoy. Los medios dominantes tienen una encomienda: cubrir el boicot a toda costa, incluso si ya provoca la risa de todos los presentes.

«Si los medios occidentales tuvieran cierta noción sobre aritmética, podrían resolver un problema simple: 20 – 7 = 13, lo que significa que el boicot falló antes de haber comenzado en alusión a la mayoría de países del G 20 que no siguen las mismas políticas de EE.UU. y sus aliados”.

Algo similar pasó en relación con el encuentro anunciado entre los mandatarios de China y Estados Unidos. Muchas fueron las cuartillas enviadas por los corresponsales acerca de lo tratado, aunque el Minrex chino se adelantó a las interpretaciones y formuló en una declaración el principio de las relaciones de esa nación con la Federación Rusa.

«Las relaciones chino-rusas son sólidas como una roca. Como vecinos más grandes y socios de cooperación estratégica integral en la nueva era, China y Rusia siempre se han adherido firmemente a los principios de no alineación, no confrontación y de no atacar a terceros«, aseguró días antes el portavoz de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian. Para buen entendedor….

 

La rusofobia desenfrenada

La noche antes del día de la clausura la seguridad de Biden lo despertó ante una situación que consideraban muy grave. En territorio polaco habían caído restos de misiles que, según los medios polacos, habían sido disparados por Rusia, provocando un incendio y la muerte de dos personas.

Los titulares de los diarios europeos The Telegraph, Metro, La Razón, El Independiente y otros, de inmediato, culparon a los rusos del supuesto ataque. Parecía que comenzaba una provocación mayor, pero….

Finalmente, los propios polacos, la OTAN, Estados Unidos, además de otras naciones, reconocieron lo que desde el primer momento plantearon las autoridades rusas, el o los misiles no les pertenecían y mucho menos los habían lanzado.

Al cambiar la situación y considerarse la participación de la OTAN para dar respuesta a “la agresión” algunos de los titulares de la prensa europea fueron cambiados, pero otros permanecieron como estaban a pesar de las aclaraciones.

La historia continúa y el Presidente de Indonesia, Joko Widodo pasó el cargo al Primer Ministro de la India, Narenda Modi, quien comenzará a presidir el G20 a partir del 1 de diciembre.

Mientras, voceros de Estados Unidos y de sus aliados siguen culpando a Rusia de la caída de los misiles, en evidente intento de incrementar la rusofobia, cada vez más desenfrenada.

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