Con la estrella en la frente

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Desde el primer momento, la comunión de ideas entre Abel y Fidel se hizo evidente.

EN EL CENTRAL Constancia supo del ingente batallar de Jesús Menéndez por los derechos de los trabajadores azucareros, y de las penurias de estos durante los prolongados períodos de “tiempo muerto”, estremecedora realidad apreciada por él cuando en ese ingenio se desempeñaba como mozo de limpieza y despachador de mercancías en la bodega, primero, y empleado de oficina, después.

Un día del año 1947, Encrucijada, donde había nacido el 20 de octubre de 1927, resultó un marco muy estrecho para sus ansias de conocimientos. Entonces, Abel Benigno Santamaría Cuadrado se trasladó a La Habana, donde por oposición matriculó en la Escuela Profesional de Comercio y en el Instituto No. 1 de Segunda Enseñanza; entre tanto trabajó en la Textilera Ariguanabo y más tarde en la agencia de autos Pontiac.

Ese último empleo le permitió alquilar el apartamento 603 del edificio marcado con el número 604, en la calle 25, casi esquina a O, en El Vedado, y mudar consigo a Haydée, la más apegada a él de sus hermanas. Ambos militaron en la sección juvenil del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), cuyo lema “Vergüenza contra dinero”, ganó para su líder, Eduardo Chibás, la general simpatía del pueblo, cansado ya de los desmanes de los gobiernos corruptos y proimperialistas que se habían sucedido en el poder.

Decisivo encuentro

La convicción de que los ortodoxos ganarían las elecciones presidenciales convocadas para junio de 1952, determinó la consumación de un golpe de Estado propinado por el general Fulgencio Batista Zaldívar, el 10 de marzo de ese año, con la anuencia del Gobierno estadounidense.

Aquel traicionero atentado contra la Constitución mereció el repudio popular, y Abel y Haydée no fueron la excepción.

El primero de mayo de 1952, en el cementerio de Colón, durante el homenaje a un trabajador asesinado el año anterior durante el Gobierno de Carlos Prío Socarrás, Abel coincidió con Fidel Castro Ruz, igualmente ortodoxo. Ese encuentro fue decisivo, porque desde el primer momento evidenció la comunión de ideas existente entre ambos en cuanto a la necesidad de enfrentar al régimen de facto y dar un vuelco a la situación económica, política y social del país.

De inmediato, el pequeño apartamento de Abel y Haydée devino centro de reunión de los numerosos jóvenes que seguían a Fidel. En él se conformó el Movimiento, se organizaron las prácticas y formas de recaudación de fondos y armas, y se decidió el destino final del patriótico empeño: el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Correspondió a Abel la toma del hospital civil Saturnino Lora, próximo al Moncada, donde tras el fracaso de la acción fue detenido y poco después asesinado en el cuartel. Por su sentido de organización, seriedad y discreción, Fidel definió como “el alma del Movimiento” a este joven, de solo 25 años, que forjado en el ideario de Martí, como el resto de sus compañeros, se irguió sobre el yugo para que la estrella brillara mejor sobre su frente.

Acerca del autor

Graduada de Licenciatura en Periodismo, en 1972.
Trabajó en el Centro de Estudios de Historia Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en el desaparecido periódico Bastión, y como editora en la Casa Editorial Verde Olivo, ambos también de las FAR. Actualmente se desempeña como reportera en el periódico Trabajadores.
Ha publicado varios libros en calidad de autora y otros como coautora.
Especializada en temas de la historia de Cuba y del movimiento sindical cubano.

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