Entrantes de la cena en la mesa del G-20

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Por: Georgina Camacho Leyva

Obama y PutinLa Cumbre del G-20, que reúne a los líderes de las economías más fuertes del planeta, tuvo esta vez como escenario el palacio del Príncipe Constantino, en San Petesburgo. La agenda del foro, celebrado los días 5 y 6 de septiembre, que no excluyó la discusión de problemas económicos mundiales como la corrupción, los delitos fiscales, la administración, el sistema bancario, estuvo matizada, a partir de una propuesta sin tono impositivo del presidente ruso, Vladimir Putin, por el tema de la situación en Siria, colocado como cuña imprescindible en el orden del día, muy parecido al de la reunión anterior, mientras la mayor parte de los problemas abordados antes siguen sin resolverse.

Los países latinoamericanos miembros del G-20, Argentina, Brasil y México, junto con China, India, Indonesia, Rusia, Turquía y Sudáfrica, exigieron un mayor peso en las decisiones globales y en la dirección del Fondo Monetario Internacional. Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) analizaron la creación de reservas comunes de divisas con un capital de 100 mil millones de dólares, destacándose la fundación del Banco de Desarrollo con capital de 50 mil millones.

Argentina llevó a la Cumbre su malestar por la falta de apoyo estadounidense en la batalla contra los “fondos buitres”, caracterizados por la compra de deudas por el 20 o 30 % del valor real y después sujetas al reclamo de un cobro del cien por ciento de su monto.

Aunque no estaba previsto, la presidenta Dilma Rousseff se reunió con su par Obama para hablar del espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos en Brasil, donde incluso controló las llamadas telefónicas y correos electrónicos de la mandataria.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, comentó que en conversación con su homólogo de Estados Unidos abordó el tema del espionaje, aunque según especialistas este asunto era secundario, pues sus objetivos eran económicos: inversión extranjera y turismo.

El mandatario estadounidense, por su parte, previó reunirse con las organizaciones no gubernamentales rusas al final del cónclave, pero no se planificó un encuentro entre Obama y Putin, pues anteriormente se canceló por el caso Snowden; no obstante, el Presidente ruso había declarado que esperaba conversar con Obama sobre desarme, desarrollo de la economía mundial, Corea del Norte e Irán, entre otros temas. Finalmente, hubo un breve tope entre los dos dignatarios donde solo se habló de Siria.

El Papa Francisco, en carta a Putin, pidió a los líderes reunidos que ayuden a superar las posiciones conflictivas con relación a Siria y renuncien a una solución militar.

De todos modos, el Grupo de los Veinte aprobó el Plan de San Petersburgo, que declara, según trascendidos de prensa, la necesidad urgente de acelerar la recuperación de la economía global, generar mayor crecimiento y mejores empleos, así como fortalecer las bases para un crecimiento a largo plazo y evitar políticas capaces de frustrar la recuperación o promover el crecimiento a expensas de otros países.

Al término de la Cumbre, en rueda de prensa, Putin afirmó que Rusia seguirá prestando ayuda económica y militar a Siria en el supuesto de un ataque contra la nación árabe. Mientras que Obama lució mal, inseguro, balbuceante e incoherente.

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