Los laberintos de un fallo azucarero

Los laberintos de un fallo azucarero

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El dulzor en el aire, el ruido de las máquinas y del machete al cortar la caña, el ajetreo de los azucareros, el cuchicheo en los bateyes sobre las interioridades de los centrales… todo ha concluido. La zafra azucarera terminó y, Camagüey, incumplió con lo planificado.

¿Y la zafra? ¿Cumplimos o no? Cuestionaban muchos camagüeyanos, conocedores o no de la materia. Y es que en la llanura agramontina la producción de la gramínea es sinónimo de tradición, por lo que muchos sienten como suyo el problema de los cumplimientos o atrasos.

Pero los planes acarrean “posibles” complicaciones que pueden impedir su desarrollo. Esta vez, las culpables del incumplimiento agramontino fueron las lluvias, que con su llegada finalizaron a su antojo la producción de azúcar; aunque influyeron además, el incorrecto estimado de la caña disponible, los problemas de roturas y el déficit de aseguramiento de piezas.

La provincia contaba físicamente con cuatro centrales que ideaban concluir su molienda en abril, pero en la proyección incluyeron un quinto: el central Brasil, sometido a inversiones y reparaciones complejas y de gran magnitud. Muchos esperaban que esta industria se incorporara, a modo de prueba, durante pocas semanas y contribuyera así con las toneladas previstas.

La suerte no estaba de su lado y esto no ocurrió, pues tal como vaticinaron algunos, era imposible culminar a tiempo tan complicada faena de remozar casi un central completo. Es por ello que proyectar es confirmar con qué se va a hacer, con qué cantidad de materia prima y equipos se cuenta, así como incluir el período de inicio de las aguas y un promedio de lógicas roturas.

Soñar no cuesta, pero a la hora de hacerlo en la agricultura debe ser con los pies en la tierra. Claro, no todo el déficit de esta campaña 2012 -2013 radicó en una mala proyección, sino también en problemas organizativos que determinaron por ejemplo el empleo de cañas nuevas de bajo rendimiento. ¿Y la siembra de la futura contienda? ¿Qué hacían los suministradores de la materia prima necesaria?

Estas son incógnitas que una vez más se repiten por estas tierras. Contradictoriamente, al principio todo marchaba sobre ruedas, pero abril se acercaba y las deficiencias afloraban: con más de un 70 % de promedio en la molida se bajó alrededor de 60. Los centrales trabajaron hasta el tope de su capacidad, pero una vez concluido lo que les tocaba, quedaba un poco más por hacer.

Ya no es tiempo de quejarse sobre lo no alcanzado, sino de pensar en el futuro inmediato de la próxima molienda.  Las roturas son inevitables cuando se cuenta con un parque de maquinarias tan antiguas como el de esta provincia, por lo que ajustarlas es palabra de orden.

La empresa camagüeyana, a pesar de los sinsabores y las esperanzas de retomar la pasada gloria en el azúcar, hizo lo que pudo, o mejor dicho, produjo lo que tenía y contribuyó con el Sistema Electroenergético Nacional, gracias a dos destacados ingenios: Batalla de las Guásimas y Carlos Manuel de Céspedes.

Ahora, solo debe preocupar que para obtener azúcar en la próxima aventura hace falta organización, entrega…  pero caña también.

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