Icono del sitio Trabajadores

GIRÓN: Los mercenarios rindieron cuenta ante el pueblo (VIII)

Tres casos que ejemplifican tres intereses de los mercenarios: los de los criminales y asesinos; de los traidores al movimiento obrero y de los propietarios que hasta entonces se creían dueños del país

 

El hecho era singular. En el salón de actos de la Central de Trabajadores de Cuba, un panel integrado por prestigiosos periodistas interrogó, durante los días 21, 22, 24 y 25 de abril a una parte de los numerosos prisioneros pertenecientes a la brigada mercenaria que invadió Playa Girón.

En un momento dado se produjo el dramático enfrentamiento de una miliciana de edad madura, combatiente de la lucha clandestina, con uno de los más connotados asesinos y torturadores del batistato: Manuel Calviño Insua.

“Calviño, aquí está María Elena, ¿Me conoces?” Fue la pregunta desafiante de la miliciana, e inmediatamente recordó aquel día en que el torturador irrumpió por la violencia en su hogar acompañado de sus bestiales asistentes:

Y la descripción de lo ocurrido en ese momento, estremeció a los asistentes y a los que seguían los interrogatorios por la televisión:  “Lo primero que me hizo, al tumbarme la puerta, darme una tremenda trompada que me hundió el esternón, recordó la mujer, estremecida de indignación- . “Después, todo el tórax me lo destrozó a golpes, tanto que tengo una lesión cardiaca desde ese momento. Entonces, él se me tiró a la ropa, porque la detención fue a las cuatro de la mañana, traigo aquí —porque lo conservaba, porque yo juré que me enfrentaría algún día delante de ti ¿te acuerdas que te lo dije?—estos son los pedacitos más grandes del piyama, y todavía tienen sangre. Y esta es la bata que me puse; delante por aquí tiene sangre todavía, porque me dio una patada en el vientre y tuve una hemorragia.

“No le bastó eso. Entonces, cuando ya me desnudó, me entregó a Cano, a Alfaro, y a toda aquella gente, para que abusaran y me ultrajaran. Entonces, cuando ya estaba desfallecida, que me iba en sangre, viniste por detrás y me hiciste los ‘teléfonos’, que he perdido el oído este que casi no oigo. Todo eso me lo hiciste fríamente, y cuando derribaste la puerta de mi casa, lo que me dijiste: ‘María Elena, aquí tienes al gran Calviño, ¿tú no decías que me ibas a preparar un atentado? Pues te voy a desbaratar’. Y efectivamente me desbarataron».

Lo que Calviño y sus secuaces, al servicio del régimen tiránico de Fulgencio Batista no podían imaginar era que aquella mujer, cuyo nombre verdadero era Ángela González del Valle y Gutiérrez, se sobrepuso a los maltratos y continuó batallando por su Revolución.

 

Ángela González del Valle ante Calviño. Foto: Soldado de las ideas

 

Quise conocerla al cabo de los años, y me sorprendí al encontrarme con una anciana frágil, de ¡96 años! Cuya prodigiosa memoria tenía grabados los recuerdos en que, como heredera de los ideales de sus padres, que combatieron por la independencia, se entregó a la lucha por la libertad de su patria: me cuenta que  compartió sus estudios de bachillerato en la capital con el enfrentamiento a la dictadura de Gerardo Machado, su encarcelamiento en La Cabaña, su pelea junto a Guiteras,  y después su incorporación a las células de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio, el privilegio de haber compartido con  Enrique Hart, Sergio González (El Curita) y Machaco Ameijeiras; su labor encaminada al traslado de armas y medicinas a la provincia de Pinar del Río con el fin de crear allí un frente guerrillero.

Después del triunfo laboró como trabajadora del Tribunal Supremo, batalló desde las organizaciones de masas, las milicias, en las filas del Partido, estuvo en siete zafras del pueblo, y al llegarle la merecida jubilación no se sentó a descansar sino que siguió activa en la Casa de Atención al Combatiente hasta que su avanzada edad y su delicada salud la obligaron a permanecer en el hogar.

 

El asesino del líder portuario Aracelio Iglesias

Ante las cámaras el rostro de Rafael Emilio Soler Puig apodado El Muerto, reflejaba temor y no era para menos. Por fin respondería por el crimen cometido aquel domingo 17 de octubre de 1948 en que, con otros elementos armados irrumpió en el local del sindicato del puerto donde se efectuaba una reunión sindical y asesinó al prestigioso líder portuario Aracelio Iglesias.

 

El Muerto. Foto: Soldado de las ideas

 

No ocurriría esta vez como en los tiempos de la dictadura de Fulgencio Batista quien con su cómplice benevolencia lo puso en libertad junto con sus secuaces al igual que hizo con el asesino del líder azucarero Jesús Menéndez.

Seguramente El Muerto, como la media docena de traidores al movimiento obrero que se enrolaron en la brigada invasora esperaban la vuelta a un régimen donde nuevamente los sindicalistas vendidos a la patronal y al imperialismo campearan por su respeto, se enriquecieran a costa del inciso K del fondo estatal del ministerio de educación del cual era titular el corrupto Manuel Alemán, (por ello aquellos falsos sindicalistas eran llamados cetekarios) malversaran descaradamente las cajas de retiro de los trabajadores, se vincularan al Ministerio de Trabajo para robarles las conquistas a los obreros y sacaran jugosas ganancias de la cuota sindical obligatoria.

De ello nos habló el dirigente sindical Faustino Calcines ya fallecido, quien en aquel abril era secretario general de la Federación de Trabajadores de Las Villas, vicesecretario de la Federación Tabacalera Nacional e integrante del ejecutivo de la CTC.

El Muerto, precisó, era un miembro más de las muchas pandillas que abundaban en el país y desempeñaron un importante papel en la división del movimiento obrero, el salto a los sindicatos y el asesinato de los dirigentes legítimos de los trabajadores.

Con la victoria de Playa Girón se les terminaron los sueños a quienes como Soler Puig aspiraba a retornar al pasado.

A los Babum les dieron duro

Santiago, Omar y Lincoln Babum vieron desvanecerse sus pretensiones de retomar sus propiedades, como les ocurrió a muchos de los que vinieron en la invasión que antes de 1959 se creían dueños del país.

 

Santiago, Omar y Lincoln Babum. Foto: Soldado de las ideas

 

Los Babum eran dueños del segundo mayor aserrío de oriente, con su propia línea naviera, de una fábrica con más de 400 trabajadores denominada Cementos Nacionales.SA, de una floreciente empresa contratista Constructora Diamante SA vinculada estrechamente al gobierno de Fulgencio Batista.

Los tres pertenecían al batallón 2 de la brigada mercenaria, fueron reclutados en Miami, entrenados en Guatemala por asesores yanquis, y llevados después a Nicaragua donde el dictador Anastasio Somoza les indicó cómo comportarse al invadir Cuba: “Denles duro” Fue duro para ellos enfrentarse a la realidad.

Lincoln dijo que el motivo del enrolamiento de él y sus hermanos en la brigada era “que les habían quitado todo”. Esas propiedades habían pasado al Ministerio de Bienes Malversados por la complicidad de su familia con la dictadura de Fulgencio Batista.

El mercenario argumentó que a ellos les habían dicho que se iban a hacer muchas reformas como la que estaba haciendo Fidel con la Reforma Agraria.

¡Ah, entonces usted venía como revolucionario entonces! ¡Todas las reformas menos repartir Babum! Le ripostó un periodista.

El mercenario intentó decir que Babum se podía repartir, pero lo interrumpieron diciéndole que Babum ya estaba repartida.

Compartir...
Salir de la versión móvil