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GIRÓN: Heroísmo multiplicado (VII)

Algunas de las innumerables historias demostrativas de la decisión de lucha de los que enfrentaron la invasión mercenaria

 

Foto: Archivo TR

A las 9 y 9 de la mañana del 17 de abril Fidel se comunicó con el sindicato del central Covadonga donde habló con un viejo miliciano, para saber si en Aguada de Pasajeros ya había tropas.

(…) no se retiren que ya van las cosas para allá compañero, que han avanzado y eso roba tiempo. Ya deben estar más allá de Aguada. Llamen a Aguada de Pasajeros que yo voy a llamar para que manden para allá los refuerzos. ¡Resistan ahí valientemente, compañeros! ¡Muy bien! ¡Patria o Muerte!

En las afueras del central un grupo de hombres cavaban trincheras. En el puesto del central el miliciano que había recibido la llamada acogió a una camioneta que venía de Aguada con ocho milicianos, de los cuales seis estaban armados.

“El Comandante dice que el central no puede caer en manos de esos degenerados”, les informó.

-¿Qué comandante?, preguntó uno de los recién llegados

-¿Quién va a ser compañeros? !Fidel!

-“! Fidel!”, fue la reacción colectiva

“Sí, llamó por teléfono. He reunido cincuenta milicianos con machetes dentro de la nave…”

Pipo no te dejas agarrar por esa gente

Un miliciano se dirigió a un periodista que se encontraba en el escenario de los combates como corresponsal de guerra y le mostró una foto: era de su hijo, Jesús Villafuerte, de 21 años, y la imagen correspondía a horas antes de la invasión.

El muchacho pertenecía al pelotón 4 del batallón 339 de Cienfuegos, al igual que su padre. A pesar de su corta edad ya acumulaba un historial de lucha clandestina y de enfrentamiento a los bandidos de El Escambray. El padre relató:

Tan pronto recibimos el mensaje de los compañeros que operaban la microonda de Playa Girón, salió el primer pelotón del 339. Mi hijo iba a mi lado. Siempre delante

(…) la metralla saltaba a nuestro lado. Era un fuego muy nutrido. Hasta ese momento solo contábamos con nuestros rifles, que ciertamente resultaban poca cosa frente al armamento poderoso de los mercenarios. Pero nadie dio un paso atrás. Nada más nos preocupaba darle alcance al enemigo invasor, y para eso contábamos además, con nuestro patriotismo y con nuestra fe en la Revolución.

Más o menos serían las nueve menos cuarto de la mañana. Muchos de los compañeros comenzaron a caer, destrozados por la metralla. ¡Aquello era terrible! Jesús, tirado en el suelo junto a mí me dijo:

“Pipo no te dejes agarrar por esa gente. Si esta gente agarra esto ¡pobre de mima y de mis hermanas! ¡Pelea hasta el final, Pipo!”

Se puso de pie y con su FAL avanzó por sobre el fuego enemigo. Dio unos pocos pasos solamente. Oí un ruido ensordecedor que venía del frente. Lo vi caer tinto en sangre. Con su rifle en las manos. Una calibre 50 me lo destrozó.

(…) Había caído bocabajo. En unos segundos de calma, solo unos segundos, me arrastré hasta su cadáver a ver si podía llevármelo. Pero fue imposible por la metralla que caía y nos pasaba cerca. Sin embargo, sentí algo por dentro, no sé qué. Sin importarme las balas ni nada, volteé su cuerpo y levanté la frente hacia donde estaba el sol. ¡Quería que muriera con la frente en alto y mirando al sol!

Cumplió 14 años en una trinchera

En la clínica militar de Matanzas se entrevistó a un adolescente del batallón 180 de La Habana, herido por un B 26. Ocurrió el 18 de abril en Playa Larga.

“Cuando me di cuenta de que había cumplido los catorce años en una trinchera, peleando por mi patria, pensé: me he graduado de hombre. ¡Y hasta me sonreí recordando a quienes burlonamente me habían dicho que a mi edad un miliciano solo sirve para hacer mandados!

(…) Cuando sentí rugir el motor del avión sobre nuestras cabezas, busqué refugio cerca de un árbol. Sin soltar la FAL a mi derecha, cubrí mi cabeza con la izquierda y hundí mi cara en la tierra tanto como pude. Estaba en esa posición inmóvil, pero sin ningún temor escuché una ráfaga corta y seca. Un golpe violento me hizo levantar la cabeza y el tronco, miré a mi alrededor y todo comenzaba a ponerse negro. Sentí la sangre correr por la cintura. Comprendí que estaba herido (…)

Cuando desperté en el Hospital de Matanzas supe que habíamos derrotado a los mercenarios. Llamé a la enfermera y le pregunté: ¿Señorita hoy estamos a 18 de abril? No, me respondió, hoy es jueves 20. Y pensé: Entonces mi cumpleaños fue antier.

Dos cartas: ¿Qué es la patria? Y la petición de una madre

Augusto González Morera, cayó combatiendo al invasor. El 16 de abril le escribió una carta a su esposa en la que le decía:

¿Sabes qué es la patria? no es más que tú, Mary, Nelson, Ellen, Patricio y yo, nuestros semejantes, o sea, toda persona digna, honrada, decente, trabajadora que no permita que aquí en Cuba existan explotadores, viciosos, ladrones latifundistas. Eso es la patria, y para mantener esto hay que defenderla. Caiga quien caiga.

El bienestar de los hijos depende del padre y la madre. Yo estoy procurando el bienestar de ellos. Yo tengo ahí el libro Los hombres de Panfilov, léete primero las páginas 34 y 44 y después todo el libro.

Otra carta dirigida a Fidel Castro, primer ministro del Gobierno Revolucionario se la envió la madre de Félix Edén Aguada Gerardo, joven que se encontraba terminando el curso de Responsable de Milicias de Matanzas y que ocupaba el cargo de secretario de cultura y deportes del sindicato de empleados del comercio de Cienfuegos y era responsable obrero de la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Trabajaba en la oficina del establecimiento comercial Trevijano.

La petición de esta madre que había perdido a su hijo combatiendo a los mercenarios de Playa Girón no fue una medalla ni una ayuda del Gobierno revolucionario, sino algo tan noble como decirle a Fidel que, si era posible, cuando se hiciera una escuela le pusieran el nombre del hijo porque a él le gustaban mucho los estudios.

¡Lo tumbamos!

Fue desbordante la alegría de los adolescentes artilleros emplazados en torno al central Australia cuando derribaron un avión enemigo. Los compañeros levantaron al que había disparado del asiento de su ametralladora múltiple y lo cargaron mientras gritaban eufóricos: ¡Lo tumbamos!

El joven artillero confesó que le entraron unos deseos enormes de ir a ver el avión derribado, pero su superior le dijo que no podía abandonar la pieza pues podrían venir otros aviones mercenarios.

Entonces, dos o tres milicianos del batallón 339 de Cienfuegos que estaban atrincherados en el central, les trajeron a los muchachos pedazos del aparato derribado para guardarlos de recuerdo.

Además, les dijeron que había sido destruido totalmente por el fuego al caer en un cañaveral

“Ese fue uno de los días de mayor alegría de mi vida”, expresó el artillero.

 

Fuentes: Pino Machado, Quintín. La batalla de Girón. Razones de una victoria.
Cardosa, Santiago. Playa Girón derrota del imperialismo.
García Manolo. Ob Cit
Ob Cit.
Mayo, José. Niños héroes de Playa Girón

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