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GIRÓN: Los que vinieron a “liberarnos” (VI)

Lo que ocurrió con los mercenarios capturados tras la derrota sufrida en Playa Girón

 

Una mirada a la composición de la brigada mercenaria que invadió a Playa Girón aquel 17 de abril de 1961 refleja sus verdaderas intenciones: restaurar la neocolonia y a recuperar los privilegios perdidos. Lo integraban:

 

 

Su crimen tuvo castigo

De los más de mil miembros de la Brigada de Asalto Anfibio 2506 capturados, 14 eran connotados asesinos, entre ellos Ramón Calviño Ínsua, Jorge King Yun, el chino King, Emilio Soler Puig, el Muerto, Roberto Pérez Cruzata y Antonio Valentín Padrón, que fueron llevados a Santa Clara, juzgados, a esto cinco se les aplicó la pena máxima y al resto condenas de 30 años de cárcel.

Un segundo juicio efectuado en el Castillo del Príncipe le impuso a los enjuiciados, según sus responsabilidades dentro del contingente invasor, sanciones de privación de libertad o indemnización monetaria de diversos montos.

 

Trato respetuoso y humano

Después del reconocimiento del presidente estadounidense John Kennedy de su responsabilidad en la invasión, el entonces presidente cubano Osvaldo Dorticós recibió una carta de José A. Mora Otero, secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA) que no se había preocupado por el pueblo cubano mientras trascurría la agresión.

Señalaba que “movido por sentimientos humanitarios, con el mayor respeto por la soberanía de los Estados y el Principio de No Intervención, hago un llamado a Vuestra Excelencia para que el tratamiento de presos y heridos como consecuencia de los acontecimientos ocurridos se ajuste a las normas humanitarias consignadas en los Acuerdos y Convenciones Internacionales vigentes”.

La respuesta del presidente cubano fue que el Gobierno Revolucionario cubano no había violado ni violaría nunca esas normas humanitarias y  aprovechó la oportunidad para hacer un llamado a “sus sentimientos humanitarios” y a sus responsabilidades, para pedirle que, como secretario general de la OEA, se preocupara de la criminal agresión armada contra Cuba “de la cual es responsable máximo un Estado miembro de esa organización y que esos sentimientos humanitarios no solo debían estar en favor de los prisioneros de guerra invasores “sino también por los cientos de cubanos heridos y muertos por defender la soberanía de Cuba y la Patria”.

Ejemplo del trato que Cuba prodigó a los vencidos fue la carta personal que José Alfredo Pérez San Román, jefe de la brigada invasora, le escribió a su esposa: “Estoy prisionero desde el día 25 por la no­che, fecha en que fui sorprendido y capturado en los montes de la Ciénaga, en compañía de otro compañero. Desde entonces he recibido en mi propia persona, el ejemplo más inmenso en la historia de la guerra sobre cortesía, caballerosidad y atenciones en el trato de prisioneros”.

 

El testimonio de los médicos

 Años después, el doctor Héctor Terry que en abril de 1961 cursaba el segundo año de medicina y le correspondió prestar servicios médicos en la zona de los combates, narró que le llamó la atención que el primer mercenario a quien prestó atención médica, por presentar un casco de metralla incrustado en la espalda y mucha fiebre, trataba de ocultar su rostro. Después supo que era el sanguinario Ramón Calviño, quien acostumbraba a someter a las más atroces torturas a los revolucionarios que capturaba.

Otro galeno, el doctor Gilberto Gil rememoró posteriormente que el personal de salud llevó a la zona de guerra una sola férula de Brown, dispositivo utilizado en determinados tipos de heridas asociadas a fracturas. Llegó un mercenario herido que la necesitaba y se le puso. Con minutos de diferencia trajeron a uno de los combatientes revolucionarios que también la requería, pero a nadie se le ocurrió quitársela al prisionero para ponérsela al compañero, la solución fue improvisar su curación de la mejor manera posible.

 

Foto: Archivo

Decir siempre la verdad

Ante un caso tan funesto como la muerte de nueve mercenarios asfixiados en una rastra porque el oficial responsable no abrió la puerta ni hizo ninguna escala en el trayecto, Fidel orientó decir la verdad.

El comandante Manuel Quiñones Clavelo, conocido como Pedro Luis Rodríguez quien en 1961 tenía los grados de capitán tenía a su cargo la Sección de Información del Estado Mayor del Ejército Rebelde, en una entrevista a una colega le narró que a principios de mayo recibió la visita de la madre de uno de los que había perdido la vida en la rastra. La mujer procedía de Estados Unidos y había venido a Cuba a ver a su hijo. Al explicarle lo sucedido con toda sinceridad, la señora lo sorprendió con su reacción: ¡Hijo, ahora yo me doy cuenta de que esta Revolución no puede perder jamás, porque ustedes prefieren echarse la culpa, pero decir la verdad!”

 

Fuentes:

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