El papero de Horquita

El papero de Horquita

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Alexis Díaz Ortiz, Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Foto: Ana Margarita González
Alexis Díaz Ortiz, Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Foto: Ana Margarita González

Un hombre se ha convertido en héroe por el aparente simple hecho de trabajar, de imponer récords productivos, por sostener una cifra: recoger 180 sacos de papa (de casi 100 libras cada uno) en una competencia y a la que solo pudo llegar su compañero de surco.

Desde entonces, Alexis Díaz Ortiz, el papero de Horquita, sueña con estrellas. Reconocido durante 22 años consecutivos como Vanguardia Nacional, también recibió la Proeza Laboral y las Medallas Lázaro Peña de I, II y III grados, que otorga la Central de Trabajadores de Cuba, a propuesta de su Sindicato Nacional Agropecuario.

Un hombre todo humildad, que prefiere hablar del cariño que le tienen en su barrio, de la despedida que le hicieron y del recibimiento cuando vuelva con la Estrella de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, que el Presidente Miguel Díaz-Canel, colocó sobre su corazón.

Un hombre que no tomará descanso por sentirse héroe y que justo al regreso a Horquita irá a cuidar a los animales, que en su ausencia atendió un cuñado, “la casa me da picazón”. Que vive orgulloso de su familia, de los tres hermanos que viven “apareados” a su casa y de las dos hijas que escogieron oficios y profesiones diferentes a la suya.

“A mí no me gustaba estudiar y pegué a trabajar, hasta que en 1978 tuve la edad laboral y me emplantillaron como obrero agrícola en la Empresa Horquita. Lo primero que hice fue regar agua, sembrar papa a jolongo, es decir, a mano. Después, cuando llegaba la cosecha, a recoger papa; también fui bueyero; como obrero agrícola he hecho todas las actividades que se hacen en una empresa de cultivos varios.

“La recogida de papa era el plato fuerte, y es lo que más que ha gustado porque siempre estaba emulando. Empecé a recoger en el lote de Isidro Montero, estaba yo solo y los demás eran movilizados, el propio Isidro me llevaba la merienda en una yegua.

“Estaba Tony Mena en otro lote; recuerdo que un día recogí 60 sacos y Tony me dijo: esfuérzate un poquito más, y recogí más y al otro día llegué a 90, se encaprichó en que llegara a 100 y llegué, me adapté a esa cifra y ya era una meta de todos los días”.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

Un encuentro con Fidel

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

“El año más grande fue 1992: ya había competencia y para quitarme el primer lugar tenían que cosechar más de 100 sacos diarios; varios compañeros llegaban a esa cifra, pero ese año llegué a 162, después volví a repetir con Barato Cuéllar: 170 en una jornada y luego con la gente de Cienfuegos, y llegué a 192 esa campaña.

“Tuve que venir a La Habana a demostrárselo al Comandante en Jefe Fidel Castro. Me trajeron con otro compañero a Güira de Melena, y recogimos 180 sacos cada uno, y seguí ese ritmo hasta que ya no pude, porque tengo desgaste en la columna vertebral, pero sigo en la agricultura regando agua, ahora son las máquinas Fregat, antes era con una guataca guiando el agua por el campo…

“Fidel me mandó a buscar porque la noticia de las cantidades de papa que yo recogía `pegaron´a salir en la prensa, y Nelson Torres, que era secretario del Partido en la provincia de Cienfuegos por aquella época, se lo dijo, y nos trajeron al Campamento Sonrisa de la Victoria, de Güira”.

Alexis recuerda que Fidel llegó al campo como a las 4:30 de la tarde, “y ya teníamos 180 sacos cada uno, habló con nosotros sobre el tema del trabajo y de la recogida de papa, y se hizo la foto, pero bueno… nunca me la dieron”.

 

Un ciclón sobre el surco

Los ojos pequeños de Alexis se humedecen e iluminan cuando habla del trabajo. La cosecha de papa ha sido su máxima y los números no dejan duda de su capacidad para hacerlo: “Mi promedio es de 123 sacos en 20 campañas, campañas de 40-50 días, en ese tiempo tengo más de 170 mil sacos recogidos, de 90 y pico libras cada uno”.

Con el Ministro de la Agricultura y el Secretario del Sindicato Agropecuario. Foto: Cortesía de Néstor Hernández

Alexis se comportaba como un ciclón sobre el surco, “pero tuve que coger el paso, y no puedo ni ir al campo en tiempo de cosecha ni para buscar las que me puedo comer, porque me voy embullando y no hay quien me pare; perdón, la columna no me deja ya”.

Habla de la Tarea Ordenamiento, de los debates en su colectivo, y de la responsabilidad que entraña una reforma salarial que debe respaldar el trabajo, la disciplina, el control, la planificación. Cuando el Estado pone una ley de estas es para mejorar; los precios van a subir pero los salarios también. Sabemos que nos van a exigir más y todos estamos esperando el momento.

Lo más difícil? “Sí, tuve oportunidades y mis padres peleaban para que estudiara pero no quise, me gustaba la agricultura, a pesar de que todos le huyen; es dura pero le llena la barriga al pueblo entero.

“Todavía me paso una noche entera fumigando, detrás en el tractor controlando la fumigadora como mezclero, o me echo la mochila al hombro y fumigo…

“Pienso llegar a los 65 y después seguir hasta que pueda. No quiero irme de ahí. El sol me hace daño y mi hija pelea… Soy guajiro, y al regreso, voy para el campo”.

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