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AL PAN, PAN: Sobre los artistas aficionados

Un artista aficionado es un artista. Hay que partir de ese convencimiento. Quizás no tenga las herramientas que ofrece la enseñanza artística. Quizás sea un talento “en bruto”. Quizás no tenga las pretensiones de un profesional. Pero es un artista.

 

Presentación danzaria de artistas aficionados: Foto: Osvaldo Gutiérrez /Archivo ACN

 

La atención integral a los artistas aficionados es por lo tanto vital a la hora de consolidar un movimiento coherente, popular, útil, que aporte al acervo cultural de la nación.

Porque los aficionados, en muchas comunidades del país, constituyen la fuerza mayor en la conformación de las programaciones artísticas. Porque esa necesidad tan humana de crear, de expresarse, de hacer arte, si es encaminada, puede revertirse en la elevación de la calidad de vida de la ciudadanía.

Pueblo que canta, baila, pinta, escribe… es un pueblo más feliz.

La política cultural de la nación asume y concibe la atención del movimiento de artistas aficionados, en sus disímiles expresiones y escenarios. Y en esa ecuación hay una instancia fundamental: la casa de cultura.

Hay casas de cultura en todo el país, en todas las localidades de cierta importancia. Es un sistema perfectamente organizado. Y está claro que tiene siempre desafíos (y ahí inciden mucho los gobiernos locales), pero con los recursos que se cuentan, con el personal de ahora mismo, con los diseños metodológicos vigentes se puede hacer más.

La prueba: hay territorios donde se hace mucho. Y hay territorios que, con las mismas condiciones básicas, hacen mucho menos de lo que podrían.

Está claro que todas las comunidades no cuentan con el mismo potencial artístico, con las mismas tradiciones. Pero en todas partes hay talento. A veces hay que ir a buscarlo, brindar apoyo, mostrar caminos. Esa es la misión fundamental de los instructores de arte: acompañar y dar cauce al caudal creativo de la ciudadanía.

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