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¡Cuba sí va a celebrar!

¡No habrá desfile! Por vez primera desde que usaba pañoleta, o tal vez antes, no estaré entre la mayoría de rojo, azul o blanco, ni gritaré consignas en la plaza o de paso por el Mausoleo a los Mártires de Artemisa, donde los de esta tierra rendimos tributo al iniciar mayo.

 

¡Que ondee la bandera de la estrella solitaria en cada portal!

Tampoco buscaré un traje alegórico de constructor, médico o gastronómico para el desfile de mi hijo como semblanza del futuro, ni inventaré un cartel que se vea de lejos con una idea martiana o fidelista estampada.

Una minúscula partícula ha ido enmudeciéndonos, repletando nuestros días, a veces de soledades y otras de optimismo. Exige quedarnos en casa, ser más precavidos, aislarnos; por supuesto, quien nos conozca de verdad sabe que vivimos tan unidos como siempre, pero de otras maneras.

¿Cómo muchos nos hemos reinventado para seguir trabajando desde el hogar? Cesaron las escuelas; mas, no las clases ni los maestros. Una cantidad considerable de profesores universitarios casi cambió de sector y, ahora junto al personal de la Salud, vestidos de verde, trasladan la mayor de las esperanzas en centros de aislamiento.

¿Y los campismos? Pasaron de divertir a curar ¿Los campesinos? De sus contratos cotidianos a duplicar horas para elevar sus producciones. ¿Los transportistas? Cambiaron sus rutas, pero siguieron al timón. ¿Los azucareros? Resueltos a cumplir el plan, prestos a desafiar las lluvias de primavera por ese compromiso de dar más del dulce grano que aporta a la economía.

De uno en uno, cada cual merece ser mencionado. Porque no ha dejado la radio de oírse, mientras los tabacaleros saben cuánto esperamos de ellos, igual de quienes hornean el pan, elaboran masas de buñuelos y pizzas, aseguran el fluido eléctrico o siguen moldeando piedras al producir materiales de la construcción.

Entonces, ¡Cuba sí va a celebrar! Estos días de la Covid-19 nos han impuesto nuevos retos. Hemos saldado deudas de solidaridad con el vecino y el amigo, nos hemos conectado con el mundo entero para trasmitir armonía y, por encima de eso, que me diga quién, dentro de este archipiélago, no ha acompañado el tratamiento a cada enfermo, sea de la propia esquina de su casa, de Pinar del Río o de Guantánamo.

El dolor ha sido compartido de pueblo en pueblo, en apoyo a las familias de quienes fueron vencidos por el coronavirus; en cambio, el barrio ha sentido ecos de aplausos más allá de las nueve, y no solo en homenaje a los médicos y las enfermeras, también a los trabajadores sociales y policías, a todos los que dan lo mejor de su laboriosidad por el bien común. Esos también son méritos de este Primero.

¡Que ondee la bandera de la estrella solitaria en cada portal! ¡Que no haya un centro laboral que deje de latir! ¡Que se escuche la voz de los trabajadores, con ese “Viva”, así sea de uno en uno, al amanecer mayo!

Es diferente la celebración del Día Internacional de los Trabajadores en todas las latitudes, pero siguen los tonos de hermandad y resistencia dando sus señales en el Verde Caimán. Como otros, este es tiempo de solidaridad y paz; de ahí que multipliquemos razones para trabajar y vencer.

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