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Campeones a punta de lápiz: Martirio para el bolsillo (+Fotos)

reportaje en instalaciones deportivas CVD en los municipios La Lisa y Cerro.Las malas condiciones de esas instalaciones y la falta de recursos tanto de vestuarios e implementos deportivos para los niños y jovenes atletas.22 de septiembre 2022Foto José Raúl Rodríguez Robleda

Todos los meses Yuslaime Puig se sienta a la mesa. Con papel y bolígrafo saca cuentas que hasta la calculadora del móvil teme reflejar. Se recuesta a la silla. Se toma su tiempo y vuelve a hacer malabares matemáticos y mentales.
Suspira y mira a su hijo. Este le sonríe. Eso le basta y le devuelve la sonrisa a ella. Definitivamente se avecina otro mes de sacrificios en su batalla por mantenerlo en un área deportiva. Su drama, protagonizado por muchos padres en nuestro país, podría parecer increíble, pero es real. ¿Se imagina lo que es formar campeones a punta de lápiz?

Yaneidis Aguilera y Yuslaime Puig son dos de las madres que sufren esta realidad. Fotos: José Raúl Rodríguez Robleda

“Es complicado el tema”, refiere Puig, cuyo hijo entrena béisbol en el terreno conocido como El Vidrio, en el municipio de La Lisa. “No hay tiendas en moneda nacional para adquirir a precios módicos los implementos. Hay que buscarlos en el mercado informal, donde se encarecen. Con el salario medio que tenemos muchos es casi imposible. Hay guantes que valen hasta 3 mil 500 pesos.

“Acá hubo un muchacho con mucho talento que tuvo que dejar el béisbol. Sus padres no podían mantenerlo aquí. Hay que alquilar guaguas y otros medios de transporte. Los asientos cuestan 75 y 100 pesos por niño. Incluso se recoge dinero para chapear y conservar el terreno con las condiciones mínimas. Esta es la base del deporte. Es necesario formarlos bien”.

Más voces sobre la duela

En las áreas de baloncesto de la Ciudad Deportiva habanera, un grupo de niños juegan a encestar el balón y aprenden los fundamentos de la disciplina. Padres y abuelos gritan desde un costado. Entre ellos Marlén González se hace sentir. “Casi me cuesta la vida que mi nieto practique baloncesto. Voy por cuatro pares de tenis este año. Es el gusto de ellos y no queremos frustrarlos. Perseguimos lo mismo, pero todos no tenemos iguales posibilidades económicas. Hoy, aunque uno quisiera ayudar, no se puede. Es muy costoso”.

“Acumulo más de 35 años de experiencia y trabajar en la base es una tarea titánica, porque las condiciones son precarias: no hay pelotas, no hay trajes. Se alivia un poco gracias a los padres. Sin su ayuda esto no funciona”, explica Yonael Pérez, profesor de esa disciplina en la escuela primaria Reiner Páez, del municipio del Cerro.

“Tengo padrinos que me abastecen, sin embargo a veces nos ponen trabas en el mismo aeropuerto: traen 30 pelotas y pueden pasar cinco. Hacemos gestiones y se presentan inconvenientes. Algunos de los terrenos que pertenecen al organismo central están destruidos, los combinados deportivos también, apenas hay mantenimiento, la población rompe los aros y no hay seguridad”, expone Yonael.

“Hace rato que no nos proveen nada”, continúa. “Dicen que el presupuesto que están dando es bajo y solo alcanza para salarios. Además, han aumentado los precios. A veces a los padres les mandan las pelotas de afuera o las compran en las tiendas o en el mercado negro que están caras. Quienes trabajamos aquí es porque nos gusta. He ido a varias instancias y me dicen que no hay. Pienso que algo se puede resolver, todo no es el bloqueo”.

Los muchachos practican baloncesto en las canchas de la Ciudad Deportiva.

Para Yaneidis Aguilera, madre cuyo hijo juega béisbol en El Vidrio, mantenerlo en el deporte constituye un sacrificio inmenso: “Algunos implementos los obtenemos con familiares que viven en el extranjero. Mi niño necesita una mascota que vale 15 mil pesos y no puedo pagarla. Sin contar los arreos y los spikes”, y añade que el tema de la alimentación es duro.

“Al principio uno le pone cualquier kimono. Años antes de la COVID-19 costaban 23 CUC; ahora están a 3 mil y 4 mil pesos para niños que inician, ya para uno más grande como el mío sobrepasan los 7 mil. Para ir a los Juegos Nacionales el gasto fue grandísimo. Los familiares tuvimos que irnos por la calle y los camiones cobraban 2 mil 500 pesos, para luego alquilarnos en casas particulares o en un hotelito en Guantánamo”, manifiesta Luis Enrique Sánchez, quien lleva a su hijo a practicar judo en el Combinado Deportivo El Pontón, en Centro Habana.

Yoel Flores, entrenador de béisbol de la categoría 11-12 años en el terreno El Vidrio, explica: “Una ayuda del Inder vendría muy bien y evitaría la pérdida de talentos. Hay niños con aptitudes, sin embargo, los papás no tienen nivel económico para mantenerlos en el área y se pierden. En una ocasión se ayudó a un muchachito de escasos recursos y jugó. Es complicado. Conozco casos que se trasladaron a deportes menos caros”.

David González debe sobreponerse a las dificultades día a día.

“En algún momento me han entregado medios o implementos que no son los ideales: pelotas de trapo que sin el peso adecuado pueden provocar lesiones, no hay bates de aluminio, que son los empleados en esta categoría”, asevera David González, entrenador principal de la categoría 9-10 años en La Lisa.

“En cada reunión a nivel municipal se ha planteado y la respuesta es que no hay presupuesto. Se nos exige más de la cuenta. Tenemos una evaluación del curso y debo quedar entre los seis primeros para que se cumpla el objetivo. Eso no está bien. Debemos formar al niño, no priorizar el championismo”, dice González, quien se muestra preocupado con el incumplimiento del acuerdo Inder-Mined.

“Hay escuelas donde no me han dejado entrar para realizar captaciones. Eso dificulta el trabajo. Defiendo la idea de recuperar las pre-Eide en los municipios. Sueño en grande”, concluye.

El terreno de béisbol conocido como El Vidrio no tiene gradas ni baños que hagan más fáciles las jornadas de entrenamiento.

Aunque “existen” canales para que padres y profesores transmitan sus inquietudes, las soluciones son casi nulas y deben ser paliadas por la creatividad de los afectados.

El instructor de lucha libre Ronald Quintana, quien adiestra la categoría 9-10 en El Pontón, comparte esta realidad. “No pedimos nada. Si hay que resolver una copa, sale del bolsillo de todos aquí, igual si es necesario hacer una actividad o llevarlos al zoológico. “Tengo niñas que viven en zonas lejanas y son talentos. No sé de qué forma vamos a lograr algo para que no se pierdan. Deben retornar las pre-Eide, pues el que no clasifica en la base no puede entrar a la Eide y ya se perdió”.

“El tatami se mantiene con el aporte de nosotros, los padres: cosiéndolo, pintando el local. Hace poco vino el comisionado nacional de judo con una delegación a ver las condiciones, pero no hay solución”, enfatiza Sánchez.

“Hacemos medios con lo que tenemos. Las pelotas cuando se ponchan les echo trapos, arena y así trabajo medicinalmente y a las que se les va el aire les pongo tornillos. Para los obstáculos busco los parles. Aunque a veces no tenemos nada”, añade Yonael Pérez.

Yonael Pérez acumula más de 35 años de experiencia.

Por su parte, Yoel Flores defiende la ayuda de instancias superiores con pelotas y bates sin la calidad requerida, lo que les permite continuar con su trabajo. “Hay cosas que no están en sus manos. Acá tenemos que inventar y pensar mucho. De la Dirección Municipal de Deportes vienen a preocuparse y escucharnos, mas el presupuesto no alcanza. Sin los padres esto no funcionaría”.

Esta realidad puede ser incluso más dura. Así lo cuenta Roger Abascal, profesor de atletismo de El Pontón: “No tenemos absolutamente nada. Lo que hacemos es con el apoyo de los familiares. Tenemos que ir a la carpintería, prefabricar vallitas, conos y cajones para saltos, porque el municipio rara vez entrega algo. Hace años dieron un lote de 10 vallas chinas que duraron cerca de un año y medio, pues eran de un material muy malo.

“Lo que más nos dan son balas (para los lanzamientos) de tres y cuatro kilogramos; pero no sirven, porque entre los ocho y diez años se utilizan las de uno o dos kilos y son difíciles de adquirir. En Centro Habana la pista no existe. Tenemos que dar viajes a la Ciudad Deportiva o al Juan Abrantes para trabajar con los muchachos y sin los padres es imposible. El municipio es el que se nos acerca, les damos las quejas; sin embargo no hay respuesta. En el mercado negro te encuentras tenis y zapatillas especiales entre 3 mil y 10 mil pesos”, sentenció Abascal.

Roger Abascal comenta que no existe pista en El Pontón.

“Mira cuantos bombillos tenemos —dice Quintana, mostrando las dos lámparas que aún viven en el local de lucha—, después exigen que no cumplimos el plan de trabajo y no es así. No puedo decirles a los padres, en el contexto actual, sin contar que muchos son de familias disfuncionales que no tienen ningún tipo de recursos, que aporten dinero para comprar luces.

“Estamos sacando a muchos niños de las calles. Sin ayuda es complicado. El colchón es de viruta de goma, eso se le introduce a cualquier niño en un ojo u oído y puede provocarle una infección”, expresa el técnico, quien resalta el trabajo de fuerza de unos niños que levantan neumáticos de camiones recogidos en depósitos y parqueos.

El entrenador de lucha libre Ronald Quintana muestra las virutas de goma que están al interior del colchón.

“Los padres en El Vidrio nos ayudamos. Hemos compartido desde una merienda hasta una ropita. Tengo entendido que al profesor solo le han dado unas pelotas. Jamás ninguna autoridad del Inder ha venido a ver qué necesitan
los niños. Acá no hay ni donde sentarse ni guarecerse del sol y la lluvia”, dispara Yaneidis.

¿Baches en el carril de las soluciones?

Entre los principales actores de este drama son protagonistas la Empresa Deportiva Batos y el Inder. ¿Cuáles son sus argumentos?

“La situación económica conspira contra el reaprovisionamiento y adquisición de recursos, y es una crisis que incide en el deporte. El panorama está complejizado en la industria nacional, desprovista de materia prima, y en las importaciones. No obstante, se realizan acciones y se logra producir con algunos insumos nacionales. A la base hace buen tiempo no le llegamos”, explica Lázaro Green, director de Logística del Inder.

Lázaro Green, director de logística del Inder.

“A partir de las facilidades que nos ha dado el país a los empresarios, la Industria Deportiva ya cuenta con licencia comercial para la venta minorista. Actualmente negociamos la adquisición de materia prima para la empresa”, afirma Iskra Corretge, directora general de Batos.

“Antes de que culmine el año 2022 tendremos un espacio en nuestra sede para la venta a la población de shorts, pulóveres, jueguitos de short y camiseta para niños y adultos, en moneda nacional. Guantes no podemos por
ahora, ya que no estamos recibiendo la piel. Tampoco bates”, dijo la directiva y recordó que en el 2021 una tienda Trimagen en la capital ofertó guantes de béisbol 100 % de piel a 600 pesos.

Iskra Corretge explicó que la industria deportiva tiene canales para interactuar con la población.

“Una trusa de lucha la traen de afuera y te cuesta mil o 2 mil pesos, algo que se puede hacer en la industria deportiva, como tiempo atrás. Eso estimulaba a los niños, aunque no fuera de un material de máxima calidad”, dice Ronald Quintana.

“En el 2018 teníamos un crédito con China y a partir de eso lográbamos llegar a la base con más frecuencia”, abunda Green. “Desde entonces no hemos podido importar más recursos para esa área. Nos basamos solo en la producción de la industria nacional, que ha decaído. Lo último que nos pudieron dar fueron guantes de pelota y bates de majagua producidos aquí. Balones, desde el 2018 no se hacen y es uno de los recursos más demandados”.

En ese sentido, Corretge afirma que ese tema es espinoso: “Hay carencias de materias primas, pues el 90 % de la que se utiliza llega por importación y es cara”.

“Estamos tratando de lograr un acuerdo con un distribuidor chino y ese pudiera ser un alivio. Los contratos antes eran así; pero la situación del país imposibilitó pagar, no obstante, algunos están volviendo a negociar”, expone
Green.

Ante este panorama las alternativas que están a la mano pasan, según los dirigentes, por la consecución de donativos a través de las federaciones y patrocinios, algo que no siempre garantiza un feliz desenlace.

Muchos pueden ser los caminos a largo o corto plazo para iluminar este oscuro paisaje, entre ellos se destacan el resurgimiento de las pre-Eide, evitar trabas burocráticas a la hora de recibir donaciones, sugerir que una parte de los porcentajes de las ganancias de los contratos de atletas en el extranjero se destinen a la base. Igualmente, se
imponen seriedad y constancia en el mantenimiento y seguridad de las distintas áreas (pudiera cobrarse el servicio por usar las instalaciones y emplear las ganancias en el mejoramiento del lugar) y lograr una vía para que las quejas e inquietudes lleguen a las máximas instancias del Inder y se otorguen respuestas.

La incapacidad de reaprovisionar al deporte en la base resquebraja al movimiento atlético cubano. Inventivas y deseos de superación son parte del día a día, aunque no resolverán un buen puñado de urgencias. Con estos truenos
todo parece indicar que muchos padres continuarán viviendo de privaciones y dolores de cabeza, porque han decidido esculpir campeones a punta de lápiz.

 

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