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RETRATOS: El nieto del último mambí

La meticulosidad de Richard Antela Fajardo para arreglar una máquina de coser sorprende a cualquiera. La desarma y arma con la misma rapidez y seguridad que cuando en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)  tuvo que armar y desarmar un fusil. “Una SINGER (1588 y la 1530) tiene 125 piezas. Las puedo poner por separado, que sé muy bien en el lugar que van”.

Richard Antela Fajardo repara con profesionalidad las máquinas de coser. Foto: Agustín Borrero.

Por él apuestan las costureras que lo conocen, pues saben que es serio y muy profesional. “Es que cuando acepto un trabajo, esa máquina la trato cual si fuera mía, me esmero para que quede como nueva”, expresó.

Fue de su padre Teodoro Antela, un español proveniente de Pontevedra, que aprendió el oficio. “Mi papá laboraba como agente de la SINGER, y yo, desde muy pequeño, lo veía en la faena y no me despegaba de su lado. Aprendí enseguida. Cuando mi padre lo consideró me dijo: «ya usted está preparado», así que él fue mi maestro”.

Sangre de mambí en Richard

Cuando habla del abuelo materno, una sonrisa de orgullo brota de los labios de Richard. Se trata de Juan Fajardo Vega, el último combatiente de las guerras cubanas por la independencia contra el colonialismo español. “Mi madre, Caridad Fajardo, fue una de sus últimas hijas”, manifestó.

Su abuelo le dejó una gran lección de patriotismo. Tal como recoge la historia, Juan Fajardo se convirtió en soldado en julio de 1897, a la edad de 16 años. Al finalizar la contienda, fue de los patriotas que rehusó cobrar pensión alguna por su participación en la guerra, pues su único interés fue el de pelear por la libertad de Cuba.

Juan Fajardo Vega, último mambí de Cuba, fallecido en 1990. Foto: Juventud Rebelde

Posteriormente, con 77 años, reclamó su puesto en el Ejército Rebelde y se hizo colaborador del Tercer Frente Doctor Mario Muñoz Monroy, bajo las órdenes del comandante Juan Almeida.

Según cuenta este sencillo hombre, su abuelo era fuerte, de poco hablar, serio, muy íntegro.  Una frase dicha por el viejo mambí le acompaña: “Cada vez que la Patria ha estado en peligro, he dejado mis oficios y me he puesto al servicio de su defensa y cuando volvía la paz, de nuevo a mis oficios. ¡Nada de estar viviendo de la Patria!”. Así manifestó Juan Fajardo Vega, quien falleció el 2 de agosto de 1990, poco antes de cumplir los 108 años de edad.

Richard estuvo presente junto a su madre y el resto de la familia en la ceremonia efectuada aquel 5 de agosto en El Cacahual, lugar donde fueron depositados los restos del último mambí. Precisamente, en el histórico sitio, junto al invicto general Antonio Maceo y su joven ayudante Panchito Gómez Toro. “Allí estuvieron Fidel y Raúl, ambos le rindieron honor a mi abuelo”, rememoró.

Lo que bien se aprende

Al triunfar la Revolución, Richard Antela Fajardo se sumó con toda la vitalidad de su juventud a las tareas acometidas. Se hizo miliciano, joven rebelde, subió los cinco picos y fue artillero antiaéreo hasta que tuvo que licenciarse de las FAR por cuestiones de enfermedad.

“Quise hacerme piloto, pero no tenía el nivel de escolaridad que exigían”, alegó. Durante 23 años se desempeñó como chofer de una rastra. La carretera se convirtió en su compañera. Sin embargo, el oficio que aprendió del padre, nunca lo olvidó. “Veía una máquina de coser y me desvivía”. Según cuenta, fruto de su matrimonio tuvo dos hijos, Ricardo y Reynol.

Con el inicio del período especial, a inicios de los años 90 del pasado siglo, se jubiló. Luego se haría trabajador por cuenta propia y sacó a la luz sus antiguos saberes. “La gente aprecia mi trabajo. Soy honrado, limpio, serio”.

Hoy, en su hogar en el barrio Cepero Bonilla, en el Cerro, se le puede ver rodeado de máquinas de todo tipo, unas ya irreparables, otras que sus manos dejan como nuevas. Entre las matas de mango que cuida porque dan unos mangos extraordinariamente dulces, y este hobby que le ayuda a vivir, Richard Antela Fajardo ama un oficio que no muchos dominan y que él defiende con honestidad, la misma que aprendió de su padre y del abuelo mambí.

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