Como he comentado antes en esta sección, mis dos poemas laureados en nuestro Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso —El manzano en 1998 y Los riesgos infalibles en el 2001— fueron más tarde incluidos en mi libro Últimas puertas podadas por la nieve, que dio a la luz Ediciones Unión, de la Unión de Escritores y Artistas, en el 2005. Temas tratados en aquellos dos poemas —surgidos de la evocación a la concepción mágica del mundo presente en las culturas aborígenes norteamericanas— fueron ampliados en el volumen.
De esa intención da fe el poema que da inicio a Últimas puertas…, que ahora comparto con los lectores de La letra invita. Por cierto, el título de este poema introductorio gustó al reconocido poeta y profesor Roberto Manzano Díaz para, previa consulta con este autor, dar nombre a la antología (Ediciones Extramuros, 2008) de la primera promoción del Curso-Taller Historia y Práctica de la Creación Poética (2003-2004), que bajo la guía de Jesús David Curbelo y el propio Manzano ocupó los espacios del Centro Nacional de Casas de Cultura durante un año. Aquella selección incluyó, desde luego, este poema cuyo título sirvió para bautizar el conjunto.
BIENAVENTURADO EL ÁRBOL QUE CAMINA
Para Ricardo Acosta
Le dije al Gran Espíritu:
—Mi espiga quiere sólo un grano de aire
dime buen Manitú si eso es bastante
o es mejor una hilacha de la brisa.
Me dijo el Gran Espíritu:
—Yo te doy todo el viento
un grumo de tormenta en la mandíbula
un soplo de arco iris en la nuca.
Le dije al Gran Espíritu:
—Mi espiga quiere sólo una pizca de agua
una hormiguita líquida
una salpicadura apenas de los cielos.
Me dijo el Gran Espíritu:
—Yo te doy todo el río
preñado de diluvios y de fábulas.
Le dije al Gran Espíritu:
—Mi espiga es aguacero para las cicatrices
pero quiere ser vino sólo quiere ser vino
¿es tan difícil copa el cuenco de la mano?
Mi espiga es la tormenta para la desmemoria
pero quiere ser nube sólo quiere ser nube
donde sagrados sean los peces
bienaventurado el árbol que camina
y el amor no pueda ser tan sólo
un mal pájaro que canta.
El Gran Espíritu posó un beso en mi hombro
y se marchó llorando.
VEA TAMBIÉN:
El primero de mis dos poemas premiados en el Regino:
Mi segundo poema laureado en el Regino:
Presentación de la compilación poética también titulada Bienaventurado el árbol que camina: