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Los riesgos infalibles

Dos veces me fueron concedidos reconocimientos en el Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso, antes de que su fundador y coordinador, el colega Jorge Rivas Rodríguez, me incorporara a su equipo de trabajo para la realización de este certamen.

El primero de esos lauros fue —si la memoria no me falla— en 1998, con el poema El manzano, que en la consideración del jurado de entonces mereció el premio compartido con las obras presentadas por los hermanos poetas Luis Manuel Pérez Boitel y Yamil Díaz Gómez.

El segundo fue el texto que hoy comparto para la sección La letra invita, un poema que en la edición del 2001 recibió el Premio Extraordinario del Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso. Esta lid literaria, como sabemos, es convocada cada dos años por el periódico Trabajadores con el coauspicio de la Central de Trabajadores de Cuba, el Instituto Cubano del Libro y otras entidades, entre ellas el Grupo Ala Décima, que desde el 2004 entrega un premio colateral al mejor texto en la estrofa nacional. El poema posteriormente fue recogido en el volumen Últimas puertas podadas por la nieve, dado a la luz por Ediciones Unión en el 2005.

LOS RIESGOS INFALIBLES

Yo inventé esta pradera

donde escojo los ruidos.

Yo soy el cancerbero de su rosa y su cactus.

 

Yo la hice con pliegues de mis huesos.

Eso fue una mañana:

desperté a darme cuenta

de que tenía dentro tanta sangre de castor

y si acaso un olvido.

Los antiguos cazadores de serpientes

los viejos buscadores de bisontes de nieve

me lo dejaron todo en la garganta

cuando fueron al río a hacerse peces

mucho antes de que yo los conociera.

(En pago yo no les perdono escamotearme

justamente lo que no tenían).

 

Pero hice mi pradera y reconforta

clasificar sus fiebres

ponerles nombrecitos

pegar oído a tierra con cuidado

—no se enturbien las plumas del penacho—

adivinar la danza del coyote

saber por dónde viene frotándonos el frío

contra el círculo amable de la espiga

arriesgar que la brisa me asesine

alguna cuerda —no todo el antebrazo—

y poner al hocico de los vientos suicidas

un aviso parecido a una estrellita.

 

Al fin y al cabo es mi pradera

y yo escojo los ruidos

los lapido

con una caminata inabarcable.

 

Y si a veces —¿felices?— los ruidos me escogieron

es que me han descubierto demasiado inocente

para inventar praderas.

INFORMACIÓN RELACIONADA:

Resultados del XX Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso, pendiente de premiación por la actual situación económica del país:

https://www.trabajadores.cu/20251214/los-mejores-del-xx-concurso-regino-pedroso-fueron/

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