En agosto publiqué aquí el segundo de mis dos poemas que recibieron galardones en el concurso nacional de poesía Regino Pedroso Los riesgos infalibles. Después de ese lauro ya no pude competir más en ese certamen, pues su fundador y coordinador, el colega Jorge Rivas Rodríguez, me incorporó a su equipo de trabajo para la realización de esa cita literaria.
Pero quedaba la deuda de recordar el primero de ese dúo de textos reconocidos: el poema El manzano, que en la consideración del jurado de entonces (1998) mereció el premio, compartido con las obras presentadas por los poetas villaclareños Luis Manuel Pérez Boitel y Yamil Díaz Gómez. El texto, al igual que Los riesgos infalibles, posteriormente fue recogido en el volumen Últimas puertas podadas por la nieve, dado a la luz por Ediciones Unión en el 2005.
Esta lid escritural, como sabemos, es convocada cada dos años por el periódico Trabajadores con el coauspicio de la Central de Trabajadores de Cuba, el Instituto Cubano del Libro y otras entidades, entre ellas el Grupo Ala Décima, que desde el 2004 entrega un premio colateral al mejor texto en la estrofa nacional.
EL MANZANO
Los surcos y el bisonte llevan todos los brazos
los sudores juntísimos
contiguos.
Pero ¿y el pecho del guerrero?
¿no lleva acaso un solo cuello?
¿a su brillo sin doble otro cansancio
no le está prohibido?
El héroe es un manzano
que crece solitario en el centro de un hombre.
Puede abrazar sus ramas a las de otro
pero no su raíz
el géiser de sus venas
su pulso fascinante.
Pero ¿y las flores?
¿y las lágrimas dulces del manzano?