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Congreso Obrero en Armas: Siempre junto a los trabajadores

“A este histórico congreso no pude asistir por las responsabilidades que debí asumir durante la ofensiva de nuestras tropas sobre Songo La Maya y San Luis, pero me mantuve al tanto de todas las actividades y del entusiasmo y serie­dad con que trabajaron los veteranos organiza­dores del evento, de los peligros y dificultades afrontados por los delegados, de la profundidad y amplitud del informe central, de las posicio­nes revolucionarias asumidas por todos duran­te el debate y de los acuerdos finales, los cuales catalogamos como un índice inequívoco de la fuerza del pueblo en armas, de la inteligencia y madurez del proletariado cubano”.

Ñico Torres interviene en el Congreso Obrero en Armas. Foto: Archivo de Trabajadores

Así valoró años después Raúl Castro Ruz, entonces Comandante del Segundo Frente Oriental Frank País, al Congreso Obrero en Armas, celebrado en Soledad de Mayarí, el 8 de diciembre de 1958.

Raúl había participado en la creación del Buró Obrero en el Segundo Frente, para el cual se designó al luchador ferroviario guantaname­ro Antonio Torres Chedebeau, Ñico (ya falleci­do), y aportó sus orientaciones al encuentro.

Ñico le informó a Raúl sobre la actitud ne­gativa de los grandes colonos y hacendados que tenían paralizada la zafra. Ante tal situación, el Buró Obrero propuso efectuar una plenaria azucarera con los obreros de los territorios li­berados y los no liberados y Raúl planteó que la convocatoria debía abarcar todos los sectores.

En una entrevista que le realizamos a Ñico relató que los delegados al Congreso de los te­rritorios liberados fueron elegidos en asambleas con todos los trabajadores, y los de los no libe­rados los seleccionaron las células clandestinas del Movimiento 26 de Julio y las organizaciones del Frente Obrero Nacional Unido (Fonu).

Esos hombres se trasladaron desde largas distancias, recordó, por todos los medios po­sibles a Soledad de Mayarí Arriba, muchos a pie o a caballo, eludiendo los bombardeos de la aviación enemiga, inclusive durante la sesión, ante el acoso aéreo tuvieron que refugiarse va­rias veces en los cafetales.

La fecha inicialmente propuesta fue del 7 de diciembre, en homenaje al Titán de Bronce, no obstante Ñico recibió una comunicación de Raúl en la que le orientaba posponer el Con­greso para el día 8 ya que no habría tiempo para que llegasen todos los delegados, y además era preciso analizar con la comisión organiza­dora la plataforma sobre la que se discutirían los problemas “que supongo será basada en el Manifiesto Obrero de Fidel del 5 de abril, de un manifiesto reciente que me llegó firmado por el Fonu (…) y en las declaraciones de ano­che de la Sierra Maestra referente a los sindi­catos”.

No obstante la libertad, democracia y res­peto que había propiciado la Comandancia, en la reunión surgió el divisionismo con el recha­zo a los comunistas por parte de algunos de­legados posición condenada por la jefatura del Frente y la mayoría de los participantes. Unos 12, confundidos, se retiraron y quedaron 98.

El Congreso aprobó entre otras medidas, desautorizar a la Confederación de Trabaja­dores de Cuba y a la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA) dominadas entonces por elementos mujalistas, para tratar los problemas de la zafra; convocar asambleas en los centros de trabajo de los territorios li­berados para destituir a los falsos dirigentes sindicales y elegir democráticamente a direc­tivos provisionales; el cese de la cuota sindical obligatoria; iniciar la lucha por el diferencial azucarero y donar al Ejército Rebelde el 20 %; luchar junto con los campesinos por una ver­dadera Reforma Agraria; garantizar la zafra y el apoyo incondicional al brazo armado de la Revolución.

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