“Este 1 de Mayo, después de tantos años de opresión, en el que desfilaron la clase obrera firmemente unida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, es una prueba de la fuerza indestructible de la Revolución” Así escribió en una nota manuscrita Raúl Castro sobre la significación de la fecha cuya celebración en la capital le correspondió encabezar en 1959.
Fidel se encontraba de viaje en cumplimiento de una gira internacional y tres días antes, cuando su avión sobrevolaba el archipiélago cubano, realizó a bordo una conferencia de `prensa en la que aprovechó para enviarle un saludo al pueblo cubano.
“Desde aquí, con tres días de anticipación quiero expresar nuestra simpatía y solidaridad con los trabajadores de Cuba, y esperamos que ese día se reúnan allí también no solo los trabajadores, sino que se reúna todo el pueblo ,porque el Día de los Trabajadores debe ser el día de todo el pueblo, como el Día del Campesino debe ser el día de todo el pueblo, como el Día de los Estudiantes, de los `profesionales de cada uno de los sectores que integran nuestra patria, debe ser el día de todo el pueblo, puesto que esta obra grande que nuestra patria se ha propuesto realizar y que está realizando por encima de todos los obstáculos, es una obra de toda la nación, de todos los que verdaderamente sienten por ella y están dispuestos a poner sus intereses personales y sus intereses de sector, por debajo de los supremos intereses de la nación.
“El triunfo de nuestra Revolución será el triunfo de todos, como el fracaso de nuestra Revolución será el fracaso de todos”.
Esas palabras que mantienen absoluta vigencia, fueron respondidas con un desfile rebosante de entusiasmo que se prolongó por 14 horas. Fue a las dos de la madrugada que en la antigua Plaza Cívica, actual Plaza de la Revolución se escucharon las palabras de Raúl quien abordó medulares asuntos de la nueva Cuba que se había comenzado a construir, como el de la unidad, y en su exposición, más de una vez, entabló un diálogo con el pueblo.
“Es cierto que en todas las tribunas sobre todo en esta tribuna proletaria, que hoy es tribuna del pueblo de Cuba, mucho hablamos de la unidad y a veces nos preguntamos, observando algunos casos aislados, si esa unidad se practica con la misma fuerza que se predica. Y no podemos negar que hoy el espíritu unitario es más fuerte que nunca. No podemos negar que paso a paso esa palabra fácil de pronunciar y difícil de lograr ha ido cobrando cada vez más terreno. Pero tampoco podemos negar que hay quienes hablan de unidad aquí en una tribuna y en la práctica por ambición o por ideología política equivocada practican la desunión, entre el pueblo de Cuba. A esos casos hay que salirles al paso firmemente.”
“(…) este tema, tan importante, que tanta importancia tiene para nuestra Revolución debiera quedar de una vez y por todas, completamente definido. O nos unimos y nos enfrentamos unidos a todos los enemigos de nuestra Revolución o por pretextos mal intencionados o políticamente equivocados nos dividimos cada uno por nuestra parte y nos quedaremos a merced de los poderosos enemigos que tiene la Revolución. Sobre todo, fuera de Cuba. ¿Qué quieren ustedes, unirse o dividirse? (GRITOS DE ¡UNIDAD!) Luego, hablamos de unidad y vienen aquellos de los que aquí suelen hablar de unidad, entonces en la retaguardia como pudiéramos llamarle, utilizando los pretextos tradicionales, unas veces obrando con la mejor intención del mundo, pero ocasionándole a la patria uno de sus daños más terribles”
Señaló que entre las campañas orquestadas por el enemigo para sembrar la división estaba el anticomunismo sobre el cual se habían alentado prejuicios en el país durante mucho tiempo: “Preparan, a base de propaganda, un estado falso de opinión. Recalcan sobre el mismo tema, para después terminar acusando de comunista al gobierno, acusando de comunistas a varios jefes rebeldes, no sólo pretendiendo entronizar la división en la clase obrera, en los estudiantes, en los jóvenes, sino también en nuestro propio Ejército Rebelde. Para eso hacen la campaña”.
Y agregaba: “Piense cualquiera, como quiera pensar políticamente, profese la fe religiosa que desee profesar, pero vamos a hacernos una pregunta: la división del pueblo de Cuba, ¿a quién beneficia? (GRITOS DE: A LOS ENEMIGOS). A los enemigos de la Revolución. ¿Por qué vamos a hacer, lo que a los enemigos de la Revolución beneficia? Eso es sencillamente ponerse la soga al cuello”.
Entre sus pronunciamientos de aquella madrugada alertó acerca del camino que le faltaba por recorrer a la Revolución después de la victoria, que no sería nada fácil y para ello se apoyó en palabras de José Martí:
“Muchas, veces, cuando hablamos de sacrificio, no es por patrioterismo, es porque tal vez sea una necesidad del pueblo de Cuba en estos momentos cuando tiene un dilema. Allá está lejana una estrella que señala el porvenir y la felicidad de los cubanos. Llegar a aquella estrella es duro, es difícil hay que sacrificarse, tal vez nuestro pueblo tendría nuevamente, que sangrar. Quedarse aquí, es estar como hasta ahora hemos vivido. Allá tenemos una estrella. Para llegar a ella hay que sacrificarse. Aquí tenemos un yugo. Para llegar a él lo único que hay que hacer es someterse nuevamente. ¿Qué quieren ustedes, cubanos? ¿El yugo o la estrella? ( GRITOS DE: LA ESTRELLA, LA ESTRELLA).
Y le explicó a la multitud cómo sería el futuro: “A medida que avancemos, habrá nuevas oposiciones o más enconada será la lucha. La Revolución y en esto hay que estar muy claro, no puede detenerse. Si la Revolución se detiene, la Revolución muere. Detener la Revolución es aceptar el yugo. No aceptar esa detención de la Revolución, seguir o haciéndola avanzar, quiere decir ir detrás de la estrella, representa todos esos sacrificios”.
Así razonando con el pueblo, en un momento crucial de la vida nacional, Raúl habló aquel Primero de Mayo. Y la historia le ha dado la razón.