Icono del sitio Trabajadores

Mipymes estatales: Opción posible (Separata Economía)

Fidel Rendón Matienzo

La entrada en vigor a principios de marzo del Decreto 141/2025 so­bre las micro, pequeñas y media­nas empresas estatales (mipymes) de base tecnológica contribuye, sin dudas, a incentivarlas dado su rol para ejecutar proyectos de investi­gación, desarrollo e innovación en campos definidos como tecnología avanzada.

Cuba apuesta por mipymes estatales de base tecnológica. Foto: Oscar Alfonso

Estos son los vinculados a las tecnologías habilitantes de la cuarta revolución industrial, entre ellas, la inteligencia artificial y los macrodatos; de manera que el uso intensivo del conocimiento y la in­novación devienen la razón de ser de tales mipymes de propiedad es­tatal.

Es decir, basan sus operacio­nes en productos o tecnologías no­vedosas, con un alto componente de activos intangibles y desarro­llan modelos de negocios que les permiten cerrar su ciclo económi­co en el mercado nacional o en el exterior, con énfasis en este últi­mo, a partir de exportaciones pro­pias o de integrarse a una cadena productiva.

Por eso emplean fuerza de tra­bajo de alta calificación y laboran mediante alianzas y redes de cola­boración nacionales e internacio­nales, en particular con universi­dades y centros de investigación.

Dado su alcance el país apues­ta hoy por el fomento y desarrollo de mipymes de base tecnológica, y a partir de un levantamiento rea­lizado entre organismos y Organi­zaciones Superiores de Desarrollo Empresarial (Osde) existe un po­tencial de 116 para determinar las que logran esa clasificación, dijo a Trabajadores Yovana Vega Mato, directora de Sistema Empresarial Estatal en el Ministerio de Econo­mía y Planificación.

Ante todo, afirma, debemos de­jar por sentado que la empresa esta­tal socialista es el actor principal en la economía cubana, al gestionar los medios fundamentales de produc­ción, más del 95 % de las ventas ne­tas y del 70 % de las exportaciones.

Subrayó que hasta la fecha el entramado empresarial de Cuba lo componen 12 mil 116 mipymes privadas, más de 400 cooperativas no agropecuarias, de las cuales 74 surgieron tras comenzar en el 2021 el proceso de creación de nuevos actores económicos, y 341 mipymes estatales.

Pero independientemente del tipo de propiedad se promueve la integración, el encadenamiento y la complementariedad entre esas for­mas de gestión, aclara la funcionaria.

Vega Mato señala que la crea­ción de las de propiedad estatal responde a la necesidad de perfec­cionar a la empresa y dotarla de mayor dinámica, especialmente en aquellas actividades económicas cuya naturaleza se puede gestionar desde tales formas organizativas, ya sea la producción de bienes de consumo y de servicios, y también, como vimos, las relacionadas con el conocimiento, la ciencia y la in­novación, entre otras.

De acuerdo con el Decreto Ley 88/2024 las mipymes pueden ser de propiedad estatal, pri­vada, mixta o de las organi­zaciones políticas, de masas y sociales.

Todas cuentan con auto­nomía empresarial, y de con­formidad con su objeto social y con lo establecido en la le­gislación vigente están facul­tadas a exportar e importar, a gestionar y administrar su pa­trimonio; a definir los produc­tos y servicios a comercializar, así como a sus proveedores, clientes, destinos e inserción en mercados; y a operar cuen­tas bancarias.

También pueden fijar los precios de sus bienes y servicios excepto aquellos que sean de aprobación centralizada; de­finir su estructura, plantilla y la cantidad de trabajadores sin sobrepasar el máximo estable­cido; determinar sus ingresos observando el mínimo salarial establecido en la legislación laboral vigente; y realizar las inversiones que se requieran para su desarrollo.

Adicionalmente deben asu­mir acciones concebidas en la responsabilidad social empre­sarial, los llamados compromi­sos voluntarios dirigidos esen­cialmente a los trabajadores y su familia, la sociedad y el me­dio ambiente.

Pero como afirma el Doc­tor en Ciencias Agustín Lage Dávila, la gran mayoría de las mipymes que han emergido en los últimos años no son estata­les sino privadas, no son de alta tecnología, sino de bajo valor agregado; no son productivas, sino comerciales; no tienen orientación exportadora, sino importadora…

Necesitamos, ha dicho, es­pecialmente aquellas mipymes que sean de propiedad estatal, productoras, de tecnología avan­zada y con posibilidades de ex­portación, como una vía de con­tribuir a reindustrializar el país.

En opinión del prestigioso científico tampoco ellas van a emerger espontáneamente del sector privado. Tiene que ser una construcción consciente del sector estatal.

 

 

Frigel no está frío

En esa mipyme estatal el salario medio superó los 25 mil pesos por trabajador en el 2025. Ver más

 

Decisión estratégica

Dr.C. Ayuban Gutiérrez Quintanilla*

La autorización de nuestro Gobier­no en el 2021 para crear micro, pe­queñas y medianas empresas (mi­pymes) privadas generó opiniones encontradas por su carácter disrup­tivo. Sin embargo, y sin restar im­portancia a este hecho, a mi juicio, resultó estratégica la posibilidad de implementar este tipo de empresas en el sector estatal.

Durante años, nuestro sistema económico se sostuvo sobre dos pila­res del modelo eurosoviético: un sec­tor empresarial casi absolutamente estatal y la dirección centralmente planificada de la producción, distri­bución, cambio y consumo. Ambos elementos condujeron a un sector es­tatal con relativas pocas empresas, muy grandes y con tendencia autár­quica (autosuficiencia o bastarse con sus propios recursos). Aunque esta estructura facilitaba la dirección centralizada, nunca logró garanti­zar altos niveles de productividad y eficiencia a nivel social, alinear intereses entre actores, asegurar el crecimiento proporcional entre sec­tores, la eficacia en inversiones, ni estimular la innovación de manera orgánica dentro del conjunto de re­laciones económicas.

Las deficiencias identificadas desde los años setenta y ochenta dentro del propio campo socialista, la crisis de los años noventa pro­vocada por el derrumbe de nues­tros principales socios europeos y el recrudecimiento del bloqueo del Gobierno de EE. UU., obligaron a transformar la estructura y política económica del país.

La apertura a las remesas y el turismo, en un contexto de dola­rización parcial, redujo el control estatal sobre flujos en divisas y el consumo. A lo anterior se sumó la li­beralización de producciones y pre­cios en una parte del sector agrario.

La necesidad de diversificar in­gresos descentralizó decisiones hacia la empresa estatal, mientras la caí­da de la actividad económica forzó a permitir el trabajo por cuenta propia para evitar el desempleo masivo.

Esta situación amplió inevita­blemente las relaciones de mercado ante la creciente heterogeneidad y complejidad de los actores económi­cos, haciendo más difícil y costosa la dirección centralizada de la econo­mía.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados en el 2011 vislumbraron un modelo con mayor peso del sector no estatal y relacio­nes de mercado, lo que exigió reto­mar la transformación del sector empresarial estatal para operar con autonomía en ese entorno.

Hoy, el sector empresarial cuba­no —especialmente el estatal— debe recuperarse, crecer y fortalecerse, tejiendo una red económica densa, con regulaciones claras, la aplica­ción de instrumentos efectivos de coordinación entre actores y la con­ducción estratégica de la economía. Las empresas requieren evolución, aprendizaje y capacidad de reacción a su entorno, lo que se adquiere me­diante el crecimiento, cuantitativo y cualitativo, de las organizaciones.

En este empeño, las mipymes estatales resultan fundamentales, ya que pueden ayudar a alinear los intereses del proyecto socialista con el impulso del emprendedurismo propio del cubano, la innovación y el crecimiento organizacional, al tiem­po que expanden el tejido económi­co en un contexto de mayor compe­titividad y relaciones de mercado.

Un paso imprescindible es la promulgación de una Ley de Empre­sas que elimine la distinción funcio­nal y regulatoria entre empresas y mipymes estatales, diferenciándolas solo en las políticas de estímulo y protección sobre las últimas, debido a su debilidad en sus etapas tempra­nas de desarrollo.

Las mipymes estatales pueden también contribuir a innovar en formas diferentes de organización y gestión empresarial, así como en explorar nuevas formas de organi­zación y participación de los traba­jadores con el objetivo de construir relaciones socialistas estables y du­raderas desde la base económica de la nación.

*Vicepresidente Primero de la Asocia­ción Nacional de Economistas y Con­tadores de Cuba (Anec)

 

Todavía hay tensiones

Dr.C. Víctor Luis López Lescay*

Las mipymes son sociedades mercantiles, en las que un grupo de personas se reúne bajo un es­quema determinado para desa­rrollar actividades económicas. En este sentido, el término socie­dad alude a la asociación de in­dividuos que comparten ciertos fines e intereses dentro de una estructura organizada, mientras que el concepto mercantil hace referencia a todo lo relacionado con el intercambio comercial, especialmente con la compra y venta de bienes y servicios.

Por ello, cuando se habla de sociedades mercantiles, se está haciendo alusión a entidades que participan activamente en la di­námica económica y que, por su estructura, pueden adoptar dis­tintas formas jurídicas según el marco legal de cada país.

En la literatura especializada se reconocen diversas formas aso­ciativas de sociedades mercanti­les, entre las que se encuentran la Sociedad de Responsabilidad Li­mitada, la Sociedad Cooperativa y la Sociedad Anónima Laboral. Cada una de estas modalidades posee características específicas en cuanto a la distribución del capital, la responsabilidad de los socios, la toma de decisiones y el reparto de beneficios.

Sin embargo, de todas ellas, la Sociedad Anónima Laboral resulta especialmente interesan­te para establecer una compara­ción con las mipymes estatales creadas en Cuba, debido a la ma­nera en que organiza la relación entre los trabajadores, la propie­dad y el capital.

Esta se define como aquella en la que los trabajadores poseen la mayoría del capital social y participan de forma directa en la gestión de la empresa.

Además, dicho capital sue­le estar distribuido de manera relativamente equitativa, lo que favorece una mayor implicación de los empleados en el funciona­miento de la entidad.

Desde esta perspectiva, puede afirmarse que esta figura jurídica se asemeja, en cierta medida, a las mipymes estatales cubanas, aun­que con diferencias importantes relacionadas con el tratamiento del socio y del capital.

En otras palabras, existe una similitud estructural en cuanto a la organización interna, pero también una distancia notable en la lógica de funcionamiento y en el grado de autonomía real de quienes intervienen en ellas. En la práctica, las mipymes termi­nan funcionando como una enti­dad estatal tradicional, en la que las decisiones estratégicas están condicionadas por regulaciones externas y por un marco normati­vo que limita el margen de actua­ción de los decisores internos. No obstante, existen experiencias positivas que han permitido de­mostrar que la idea de construir mipymes estatales evidencia que esta forma de gestión económica puede tener éxitos. Y estos logros se materializan en las empresas de bases tecnológicas.

En consecuencia, la capa­cidad para decidir sobre inver­siones, distribución de recursos, expansión o utilización de utili­dades se ve limitada por el peso del aparato regulador.

En síntesis, las mipymes esta­tales cubanas pueden entenderse como una experiencia de organi­zación empresarial que combina rasgos de las sociedades mercan­tiles con elementos propios del modelo estatal. Su cercanía con figuras como la Sociedad Anóni­ma Laboral permite apreciar in­tentos de flexibilización y moder­nización en la gestión económica, pero las restricciones sobre el socio y el capital muestran que todavía conservan fuertes vínculos con la estructura estatal tradicional.

Por ello, su análisis resulta fundamental para comprender las tensiones entre autonomía, control y participación dentro del sistema empresarial cubano.

* Presidente de la Asociación Na­cional de Economistas y Contado­res de Cuba en Santiago de Cuba

 

 

La ventaja del kilómetro cero

Juanita Perdomo

Receptividad en unas entida­des, resistencia en otras. Así reaccionan en la occidental provincia de Matanzas a los llamados de la Central de Tra­bajadores de Cuba (CTC) de solicitar tierras para producir alimentos, por el bien de las facturas de comedores obreros, de los propios empleados, de proveer, de ser posible, a ba­rrios donde radican las entida­des y de aumentar ingresos.

La indiscutible ventaja del llamado kilómetro cero, de te­ner viandas, hortalizas, condi­mentos cerca de la cocina, no solo baja costos a las partidas de gastos, también quita estrés a las administraciones en momen­tos de una Cuba con muy pocos energéticos en sus tanques.

En la Universal de Matanzas se enorgullecen del día que decidieron plantar parte de lo consumido en el comedor obrero. Foto: Tomada del Facebook de esta entidad

A propósito, producir ali­mentos trasciende hoy el ámbi­to de los fogones para conver­tirse en alternativa de empleos en empresas obligadas a la in­terrupción laboral ante la baja actividad productiva y de ser­vicios impuesta por las com­plejísimas condiciones en las que habita la economía cuba­na, luego de esa guerra endu­recida con la orden ejecutiva del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Esos beneficios son opción cero en fábricas, industrias, hoteles, allí donde se subes­timó el acto del cultivo de la tierra, por ser ese asunto de campesinos, o porque si la agricultura no rinde lo sufi­ciente por la falta de paquetes tecnológicos o maquinarias, cómo lo podrían conseguir quienes carecen de los conoci­mientos, tecnologías, recursos y fertilizantes.

Curiosamente tales pretex­tos suelen ser esgrimidos en empresas poco dadas a enten­der la producción de alimentos como variable esencial en la fórmula de gestión a la fuerza laboral, y en ese otro rol lla­mado responsabilidad social, asociado a lo que deben hacer las entidades por las pobla­ciones de los entornos que lascircundan.

Por ejemplo, en industrias como la láctea, en la cual suele echarse a perder materia pri­ma, cómo es posible que no se estimule la producción de car­ne de cerdo, por sí solas o me­diante encadenamiento con la empresa porcina, una alianza que de seguro daría excelentes frutos y la ayudaría a salir de la pérdida económica o por lo menos mejorar su patrimonio financiero.

Tal y como ha reconoci­do el Comité Provincial de la CTC, en un territorio bendeci­do por tierras abundantes, de reconocida calidad agrotécni­ca, en el que crece cualquier cosa que en ella se deje caer, es cuando menos poco inteligente desaprovechar ese potencial.

Quien lo dude, que se aso­me, por citar uno de tantos buenos referentes, a la Em­presa Universal de Matanzas: “Muy buena la cosecha en nuestro autoconsumo. Son mil 175 cabezas de ajo, para mejo­rar la alimentación de nuestros trabajadores, reseña la última de sus publicaciones en el per­fil de Facebook sobre los frutos de sus varios canteros, crecidos frente o bordeando las oficinas.

Lo cierto es que en la ca­rrera por la soberanía alimen­taria una gran ventaja llevan en este territorio las entidades que cultivan tierras propias o solicitadas, por los motivos ya dichos, y también por obtener ingresos con sus excedentes.

Esas receptivas, que vieron un filón en el rol de producto­res, de seguro están en mejores condiciones para afrontar la profunda crisis energética de ahora. En cambio, las negadas ojalá reaccionen, para que no se sigan quejando de la cose­cha si aún no han sembrado.

 

 Agricultores pinareños en campaña

Los agricultores de la provincia de Pinar del Río, en la actual campaña de primavera, prevén sembrar más de 36 mil hectáreas (ha), de las cuales 18 mil son de granos, 11 mil 458 de viandas, 6 mil 100 de hortalizas y 558 de frutales.

La sequía incide negativamente sobre el cumpli­miento de estos propósitos y el plan se encuentra al 74 % de lo estimado hasta la fecha. Solo los munici­pios de Minas de Matahambre, Guane y Los Palacios marchan según el cronograma previsto.

Ortelio Rodríguez Perugorría, subdelegado agrí­cola en la provincia, señaló que la situación debe me­jorar con las recientes lluvias, al permitir el empleo de la tracción animal y la siembra de yuca y maíz. (Yolanda Molina)

 

Para convertir plásticos en combustibles

Una planta de pirólisis concebida desde cero por un grupo de emprendedores toma forma en uno de los talleres de la Fábrica 26 de Julio, de Holguín, con el propósito de transformar desechos plásticos en combustibles alternativos, informó la página de Fa­cebook del Parque Científico Tecnológico e Indus­trial NUCL3UM, de la oriental provincia.

El denominado proyecto Pyralis consiste en un pro­ceso termoquímico mediante el cual los residuos plás­ticos se convierten en aceite pirolítico, un combustible que podría utilizarse como fuente energética alternativa.

Según describió NUCL3UM se trata de una in­novación tecnológica, por lo que la planta deberá transitar por sucesivas etapas de prueba y validación antes de su puesta en funcionamiento. (Lianne Fon­seca Diéguez)

 

Por una mayor cultura del reciclaje

El Grupo Empresarial de Reciclaje (GER) presentó su campaña de bien público del 2026 destinada a gene­ralizar buenas prácticas que permitan concientizar en el pueblo cubano que el reaprovechamiento de materias primas es una opción muy válida no solo para recuperar valores, sino además convertirlos en bienes, así como para disminuir los impactos am­bientales que causan los desechos.

Foto: Tomada de la Empresa de Recuperación de Materias Primas La Habana

La campaña se nombra Cuba Recicla y fue mos­trada en ocasión de celebrarse el pasado 18 de mar­zo el Día Mundial del Reciclaje.

Cuba Recicla busca incentivar la participación más activa de ciudadanos, empresas, instituciones, además de los actores económicos estatales y no estatales en la clasificación y entrega de residuos reciclables. (Manuel de Jesús Singh Castillo)

 

Descargue en versión PDF: Mipymes estatales: Opción posible (Separata Economía)

Compartir...
Salir de la versión móvil