Evasores con el dinero del pueblo

Evasores con el dinero del pueblo

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Al informar sobre la más reciente liquidación del presupuesto del Estado ante la Asamblea Nacio­nal del Poder Popular a media­dos del pasado año, el Ministe­rio de Finanzas y Precios (MFP) reconoció que “el alto grado de evasión fiscal que se mantiene, sobre todo en las formas de ges­tión no estatal, impone un mayor rigor a la Administración Tribu­taria en cuanto a métodos y ha­bilidades que sean más eficaces”.

 

Imagen: Cubahora

 

Esa insatisfacción no es nue­va. Podríamos incluso decir que ya resulta peligrosamente reite­rativa, si tenemos en cuenta que el aporte del sector privado de la economía ya representa para este 2026 el 21 % de los ingre­sos totales previstos en el presu­puesto del Estado y el 29 % de todos sus ingresos tributarios.

En particular a los gobiernos municipales les va la vida en la corrección de esta vieja distorsión económica, pues los aportes del sector no estatal a los presupues­tos locales representarán este año el 65 % de sus ingresos totales.

No por gusto entonces al pre­sentarse en diciembre último la Ley del Presupuesto del Estado para el actual año, el MFP “de­manda una atención diferencia­da de asistencia, seguimiento y control por las autoridades lo­cales y la Onat, que asegure el cumplimiento oportuno de estas obligaciones como respaldo fi­nanciero a los programas socia­les que se materializan en cada territorio”.

Números, informes, montos de adeudos y cobros por acciones de control de las obligaciones tri­butarias no suelen faltar en los análisis públicos sobre el asunto. Algunas sanciones administrati­vas como la prohibición de la sa­lida al exterior de quienes tienen deudas con el fisco resultan, in­cluso, una manera válida de pre­sionar donde más le puede doler al contribuyente incumplidor.

Todavía no hay un suficien­te repudio ciudadano a este tipo de conducta tan lesiva para los intereses de toda la población, quizás entre otras causas por­que aún no trascienden como deberían las historias reales, con nombre y apellidos, de los desfalcadores de nuestro erario público.

Al cierre del año 2024, por ejemplo, se reportaron 55 casos de evasión fiscal con sentencia firme en nuestros tribunales, y había 25 acusaciones más for­malmente presentadas. Parece­ría que son pocos los enjuiciados en el país por este delito econó­mico, procesos judiciales que, por supuesto, son para conductas evasoras extremas, cuando ya no existe modo de corregir ese tipo de actuación fraudulenta. ¿Y por qué no hay una denuncia más pública de tales agravios?

En las condiciones actua­les de nuestro país, donde hay individuos —y no parecen ser tan pocos— que viven no solo escandalosamente por encima de las posibilidades materiales de la mayoría del pueblo traba­jador, sino que además lo ha­cen sobre la base de evadir im­puestos y cometer otros delitos económicos, sería una manera más de impartir justicia que tampoco pudieran escapar del rechazo cívico a acciones tan dolosas.

Es probable que haya quienes piensen que esta es una postura extrema o populista, pero hay que buscar vías, también desde la comunicación institucional, para corregir esa baja percep­ción de riesgo que se percibe en la sociedad cubana sobre la gra­vedad de ese tipo de conducta delictiva “de cuello blanco” y su escasa censura ética en nuestra cotidianidad.

Como mismo se ha logrado, mediante estrategias de comu­nicación bastante transparentes, movilizar a la opinión pública en contra de otros delitos tan repudiables como el tráfico de drogas, el hurto y sacrificio de ganado o el robo con violencia, hay que mostrar que nadie pue­de quedarse impunemente con el dinero del pueblo.

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