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Violencia tras el petróleo

La mano del imperio cayó como plomo en la hermana república de Venezuela, para desestabilizarla y crear un caos en la población y crear un clima de ingobernabilidad.

 

 

Foto: PL

 

Estados Unidos lanzó un ataque militar en la madrugada de este tres de enero, ordenado por el presidente de EE.UU., Donald Trump, con reportes de explosiones y actividad aérea en Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. Además, del uso de helicópteros de doble rotor, como los Chinook, sobrevolando la capital.

Con anterioridad, los gobernantes de la Casa Blanca habían fraguado una campaña interna, conocida como guerra no convencional, con el objetivo de justificar un golpe de estado en la tierra de Bolívar, encaminado a derrocar al presidente Nicolás Maduro y así detener los cambios en esa nación, impulsados a instaurar un sistema de orientación socialista profundamente democrático.

Trump, anunció en Truth Social que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y trasladados fuera de Venezuela.  Según CBS News, la captura de Maduro fue ejecutada por la Fuerza Delta del Ejército estadounidense.

Ante tales hechos, la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, confirmó que se desconoce su paradero y exigió una «prueba de vida» al gobierno de los EE. UU. sobre la vida del presidente venezolano y su esposa.

También denunció la agresión, declaró un «estado de conmoción exterior» y ordenó el despliegue de todas las fuerzas militares para la defensa integral de la nación.

Ya hay reportes de evacuaciones, cortes de luz y tensión, la dirección bolivariana pidió calma, el pueblo se organiza y denuncia al mundo la agresión, con reacciones internacionales de condenas por parte de Colombia, Cuba, Rusia e Irán.

Detrás del verdadero propósito

¿Por qué tanta insistencia con Venezuela? ¿Acaso al presidente norteamericano no le basta con sus intromisiones en otros países considerados “lugares oscuros”?

Los hechos confirman que el petróleo es la causa de ese desespero por apartar del poder al mandatario de la hermana República Bolivariana; evidentemente, esta interposición por parte de Washington, al igual que las injustificadas guerras en el Medio Oriente y Asia Central, tienen como finalidad controlar las fuentes productoras y de reservas de petróleo de la región.

Este ataque de Trump es muestra de desespero; al parecer se ha estudiado bien los vaticinios de especialistas: que dentro de unos años el mundo se enfrentará a una escasez de nuestro primer combustible, cuya explotación será cada día más difícil, razón por la cual su precio se duplicará y triplicará.

Pero más que el petróleo, la camarilla de Trump, debería centrar su atención en males que hoy sufre la humanidad desencadenados por el invento de producir energía a partir de productos básicos como cereales; me refiero a la producción de alimentos, el déficit energético y la preservación del medio ambiente, los cuales, ante la crisis energética mundial demandan buscar y desarrollar nuevas fuentes de energía renovables y no contaminantes.

EE. UU. debe ocuparse de sus problemas

Si las predicciones se cumplen, dentro de poco EE. UU dependerá de petróleo y de gas importado, de ahí viene toda la farsa montada alrededor de Venezuela, país que “preocupa”, según voceros del Departamento de Estado de Washington.

Resulta irónico ver que les” preocupe” cuanto sucede en la tierra de Bolívar; detrás de esa actitud aparece el hecho de que la naturaleza le regaló a los venezolanos petróleo para 200 años, por lo que es el quinto exportador de crudo del orbe.

Es necesario que los inquilinos de la Casa Blanca– quienes aplican en la Patria del Libertador los mismos mecanismos utilizados en el golpe de abril de 2002– mediten en sus intromisiones oscuras, ya lo vaticinó Hugo Chávez en la Cumbre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

“Una posible guerra contra Irán o Venezuela, subiría el precio del petróleo hasta 200 dólares por barril, en lugar de los actuales 100”, les advirtió Hugo, pero parece que de nada les valen tales alertas ni los largos años de lucha que traería consigo un ataque.

 

 

Venezuela cuenta con la solidaridad internacional, ha resistido y derrotado imperios desde 1811; existe una continuidad histórica entre libertadores, de Bolívar a Chávez y Maduro. La Revolución Bolivariana tiene toda la legitimidad jurídica y el derecho a defenderse.

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