Un despertar por caída de bombas y explosiones debe ser lo más terrible en cualquier lugar del mundo. Así lo vivieron esta madrugada los venezolanos cuando en una operación militar fulminante, las fuerzas armadas estadounidenses, a partir de la autorización del presidente Donald Trump, atacaron varios puntos de la geografía venezolana y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Quizás ni sea casualidad la fecha, aunque declararon ya que estaban esperando condiciones climatológicas. Lo cierto es que este 3 de enero del 2026 hace 36 años pasó una escena muy parecida en Panamá con el general Manuel Antonio Noriega. La narrativa impuesta por los grandes medios de comunicación del mundo ha repetido una y otra vez desde hace meses que Maduro es un narcoterrorista, dictador y prófugo de la justicia estadounidense.
¿Acaso Pablo Escobar no era probadamente un narcoterrorista? ¿Acaso Augusto Pinochet no era un dictador real con muertes incluidas por años? A ninguno se lo llevaron en una noche secuestrado. Más bien lo mimaron hasta que pudieron. ¿Cómo se puede juzgar a alguien y nombrarlo prófugo sin apenas presentar una prueba?
Se puede estar o no en desacuerdo con la política e ideología del gobierno de Maduro, pero la pregunta crucial es: ¿el mecanismo correcto para cambiar un gobierno son las urnas o llegar una noche y llevárselo en una operación que el mismo mandatario estadounidense calificó como un show televisivo excelente.
A nombre de quién y de qué los pueblos pueden permitir eso. ¿No será que Maduro era la piedra en el zapato para recuperar el petróleo venezolano que las industrias estadounidenses se erigen como dueñas por haberlo ayudado a construir? No lo dice este periodista a la ligera, lo reconoció Trump en la conferencia de prensa, transmitida en vivo por las televisoras como CNN. La Organización de Naciones Unidas ha quedado desnuda para lo que fue fundada.
Y como si fuera poco, al escuchar íntegramente en dicha conferencia a Trump, a su secretario de Estado, Marcos Rubio y al Jefe del general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos (este último contando los detalles del secuestro) varias conclusiones saltan al presente y futuro.
– Ellos siguen creyéndose los gendarmes del mundo en defensa de la seguridad de su país, aunque para eso tengan que intervenir en el país que consideren, incluso sin cumplir la consulta al Congreso de su país, tal y como establece su añeja Constitución.
– Dicen que ahora ellos van a administrar Venezuela y que el oro negro dejará más riqueza, paz y justicia para las petroleras estadounidenses, las cuales intervendrán en una supuesta reconstrucción hasta que se hagan elecciones.
– Amenazaron, específicamente Trump y Rubio, a otros países como Colombia, México y Cuba, con una frase que sonó más a guataconería que a guapería verdadera: «A todo lo que dice el Presidente hay que hacerle caso, pues lo cumplirá», rezó el nervioso Rubio.
Sin duda, la madrugada de este 3 de enero solo nos revela dos sustantivos categóricos: Prepotencia e Impunidad. La primera, como potencia militar capaz no solo de haber despegado 150 aviones y drones desde las 11 de la noche, sino de volver a la tierra de Bolívar para «ordenar a su antojo» si las fuerzas revolucionarias y seguidoras de Maduro no aceptan la receta que ellos acaban de dar.
La impunidad es todavía más peligrosa, pues pocas naciones en el mundo han salido a pronunciarse con todo el rechazo que tocaría a partir de esta acción intervencionista y guerrerista. Potencias como Rusia y China sí marcaron sus posiciones, a los cuales Trump les respondió: «no la tenemos todas con ellos». Claro, él si sabe donde dice peligro. Ni a Vladimir Putin o Xi Jinping los podrá extraditar por muchos cargos judiciales que les fabriquen.
Finalmente Cuba rechaza lo sucedido esta madrugada no solo por las coincidencias ideológicas y la solidaridad reciproca que hemos mantenido desde que llegara al gobierno Hugo Chávez. Aquí hemos visto muchas amenazas muy parecidas, incluso inventando excusas como producir armas biológicas o ser un país patrocinador del terrorismo. Pero en nuestra historia y la de ellos cuenta que ya lo derrotamos en una agresión militar en 1961 y no somos más rebeldes ni mejores que nadie solo que nos sobran coraje y coj…. para que ninguna madrugada termine en bombas o secuestros de nadie.
Es un día de muchos debates. Festejar una intervención armada estadounidense como la sufrida por Venezuela bajo el pretexto de que Maduro era un dictador solo lleva a muchas personas y países a ser víctimas y cómplices de una próxima bota imperialista, donde y cuando ellos decidan que está en riesgo no su seguridad nacional, sino el botín de los grandes consorcios y el complejo militar, que al final son los que mandan en ese gobierno.
El 2026 ha comenzado temprano con una cicatriz que le costará a América Latina mucho. ¡Cuánto quisiera estar equivocado!