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Los trabajadores en el sentir de Camilo (+video)

Quería ser escultor, pero la necesidad de contribuir a la economía familiar le obligó a abandonar los estudios en la Academia de San Alejandro y comenzar a trabajar cuando apenas había arribado a la etapa juvenil.

Por esa razón, Camilo Cienfuegos Gorriarán experimentó en carne propia las violaciones de los derechos de quienes diariamente derramaban su sudor en la búsqueda del sustento familiar; lo que le permitió comprender las necesidades de los campesinos y obreros industriales que, una vez llegado él a la región central del país con la Columna Invasora N.0 2 Antonio Maceo, acudían diariamente a su comandancia, establecida el 15 de octubre de 1958 en La Caridad, en el monte Alicante, en la provincia de Las Villas, a denunciar los atropellos y abusos de que eran objeto por parte de sus respectivos patronos y mayorales.

Organización de los obreros

Con el propósito de poner término a esa situación, el comandante Camilo decidió hablar con los trabajadores de los centrales azucareros San Agustín y Adela, cercanos al campamento de La Caridad, adonde los convocó a reunirse. A su llamado acudieron alrededor de 400.

El desarrollo de aquella reunión lo encomendó a Gerardo Noguera Martínez, destacado dirigente comunista y sindical de la ruta 35, de Artemisa, a quien la persecución de que era objeto le obligó a pasar a la clandestinidad y más tarde incorporarse a las fuerzas rebeldes. A la columna Antonio Maceo se unió el propio día 15, en Juan Francisco.

Poco después en Jobo Rosado, Camilo responsabilizó a Noguera con la organización del movimiento obrero en el Frente Norte de Las Villas, territorio bajo su mando, para lo cual lo puso a cargo de una escuadra integrada por siete combatientes. Con ellos Noguera recorrió toda la zona del Frente, en la cual celebró mítines y asambleas donde los trabajadores plantearon sus demandas, además de las violaciones y las ofensas de que eran objeto por parte de los patronos.

Al propio tiempo dejaba constituidas las secciones sindicales en cada batey, y cuando fue tomado General Carrillo instaló allí el sindicato. Para apoyarlo en el desempeño de su labor el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7) designó a Tito Igualada, obrero del central San Agustín.

Requerida por él, el 29 de noviembre se celebró una plenaria en Juan Francisco, a la que asistieron trabajadores de Yaguajay, Mayajigua, Zulueta, Remedios, Camajuaní, Meneses y Placetas, y otra el 7 de diciembre en Jobo Rosado, zona separada de Juan Francisco por la carretera Meneses-Yaguajay, donde había que pasar entre dos emboscadas.

Primera Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros en territorio liberado

Por esos días Camilo le comunicó a Noguera que mediante la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA) y el Partido Socialista Popular (PSP), el Frente Obrero Nacional Unido (FONU) ―fundado el 10 de noviembre de ese año― había convocado a una conferencia azucarera en el frente del Che, pero este, por encontrarse en los preparativos para iniciar la Campaña de Las Villas, sugirió que se efectuara en el territorio liberado por la columna de Camilo, en el Frente Norte, donde, además, estaba organizado el movimiento obrero.

Camilo acogió la propuesta con entusiasmo y encargó su dirección a Noguera, quien coordinó con compañeros de la sección obrera del MR-26-7, con cuyo apoyo contó, al igual que con el del PSP, este de gran influencia en la zona.

A los delegados se les citó para el 19 de diciembre en el campamento de La Caridad, pero fueron desviados hacia General Carillo para evitar los bombardeos de que eran objeto los lugares donde se celebraban las asambleas y mítines; aquella no fue la excepción porque el referido campamento resultó bombardeado en la tarde de ese día.

La Primera Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros en territorio liberado estuvo presidida por Ursinio Rojas Santiesteban, comunista dirigente sindical azucarero; Jesús Soto, dirigente de los trabajadores textileros de Bauta, y José María de la Aguilera, secretario general de los empleados bancarios, entre otros.

 

Camilo junto a Gerardo Nogueras Martínez, responsable obrero del Frente Norte de Las Villas.

 

A ella asistieron entre 700 y 800 delegados, procedentes de todos los centrales de Las Villas y algunos de Camagüey, así como representaciones de las restantes provincias, excepto de la de Oriente, donde días antes se había celebrado el Congreso Obrero en Armas. A ellos se sumaron compañeros de otros sectores laborales.

El inicio de la conferencia, en horas de la noche, estuvo precedido por una manifestación de unas cinco mil personas que portaban carteles con las principales demandas obreras.

En correspondencia con las proyecciones del Frente Obrero Nacional Unido (FONU), fundado el día 10 del mes anterior, los planteamientos fundamentales giraron en torno a la realización de una huelga general revolucionaria en todos los centrales azucareros y el incondicional apoyo a la lucha armada liderada por el Ejército Rebelde.

Los delegados a ese importante encuentro, extendido hasta el día 21, se pronunciaron por la restitución de los salarios de los obreros azucareros; la reposición de los trabajadores desplazados; el restablecimiento del diferencial azucarero y el pago de las diferencias salariales dejadas de abonar.

A lo anterior se sumaron el aumento del 10% de los salarios de todos los trabajadores para la siguiente zafra; el pago completo de la superproducción tomando como promedio la de 1949; la rebaja de los artículos de primera necesidad, y la prohibición de reducir nuevas plazas en los ingenios y colonias, entre otras demandas.

Asimismo, se pronunciaron por el restablecimiento de la democracia sindical; contra la destitución de los dirigentes sindicales elegidos por los obreros y la imposición de otros por decreto; la intervención de los sindicatos por los mujalistas o el gobierno, y el pago de la cuota sindical obligatoria.

Igualmente condenaron las persecuciones y asesinatos; defendieron su legítimo derecho a organizar huelgas y manifestaciones; reclamaron la libertad de todos los presos políticos y sociales; exigieron el castigo a los militares acusados de crímenes y atropellos, así como la disolución de los aparatos represivos de la tiranía, y el restablecimiento de la Constitución de 1940.

Si bien no pocos afirman que Camilo habló a los delegados allí reunidos, Noguera Martínez lo niega y refiere que el jefe rebelde, quien en ese momento se encontraba en Zulueta preparando el ataque, pasó por allí y le preguntó cómo iba todo, se despidió y se marchó. Y asegura: “No habló, era incapaz de hacerlo porque respetaba mucho mi trabajo; era muy cuidadoso”.

 

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