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Con filo: ¿El peaje olvidado?

Tuve la oportunidad por estos días de inicio de año de volver a transitar por la carretera hacia Varadero, una de las tres vías en el país donde desde la década del 90 del siglo pasado se implementó el cobro de la tasa por peaje a los vehículos que transitan por ella.

Si bien es cierto que dista mucho de ser perfecta, esa ruta de alta significación para el turismo es quizás de las mejor conservadas dentro del calamitoso estado de la mayoría de las grandes autopistas cubanas.

No tengo suficiente información para decir que su mejor estado obedece solo al empleo en su mantenimiento de los fondos que se recaudan por ese tributo, pero definitivamente algún impacto tiene que representar la recaudación de la tasa por peaje en su situación más favorable.

En estos tiempos en que las estrecheces presupuestarias y para las inversiones son notables, quizás sería oportuno pensar otra vez en mecanismos financieros como eso, en función de obtener fondos específicos para garantizar la calidad de determinados servicios.

Por supuesto que no estamos abogando por cobrar más tributos por cobrarlos, ni hacerlo de manera generalizada, pero a estas alturas y después de tantos años, posiblemente haya otras vías y recorridos que con una solución de este tipo se podría tal vez garantizar los recursos imprescindibles para mejorar su estado y, sobre todo, mantenerlo.

Casualmente por estos días escuchaba a otra persona relacionar, por ejemplo, el cobro del impuesto sobre el transporte terrestre que pagan los propietarios y poseedores de vehículos, con ese problema grave del deficiente estado de las carreteras, calles y avenidas.

No es lo mismo desde el punto de vista técnico, claro está, porque ese es un tributo asociado a la propiedad, y no implica como la tasa por peaje, una contraprestración específica en beneficio del contribuyente que la aporta.

Pero uso ese ejemplo para fundamentar que soluciones como la del peaje en determinadas autopistas que así lo ameriten, si se conciben e implementan bien, pueden ser perfectamente comprendidas por la ciudadanía, cuando en efecto hay una mejoría en el servicio y una sistematicidad adecuada en los mantenimientos y mejoras de las carreteras.

Habría que echar cálculos sobre costos y realizar estudios de tránsito y flujo vehicular, entre otros análisis, pero muy posiblemente valdría la pena si ello puede dotar a los territorios o a una entidad central que esté en capacidad de asumir la responsabilidad del empleo adecuado de esos ingresos fiscales.

No se trata de una fórmula generalizable ni mucho menos, aunque podría funcionar como una alternativa para la solución paulatina de un problema tan grave como el pésimo estado de numerosas carreteras de todo el país, entre ellas no pocas con especial significación para el turismo y otras actividades económicas esenciales.

No debemos olvidar además que ese deterioro vial afecta al desarrollo económico del país y la calidad de vida de las personas, con una incidencia notable en la accidentalidad y en los gastos y pérdidas por roturas y desgaste del parque vehicular existente.

En fin, solo es una idea más en este escenario de transformaciones económicas que vive el país, donde se busca diversificar las fórmulas de financiación para disímiles requerimientos sociales. En lugares específicos y con métodos de gestión novedosos que garanticen la calidad del servicio, valdría la pena no olvidarnos entonces de opciones como esta del pago del peaje.

 

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