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Con filo: Autodefensa

Hay términos que nos llegan a la vida cotidiana con la marca de algún saber específico, y a veces eso nos impide por la fuerza de la costumbre verlos desde otra perspectiva.

Tal es el caso, por ejemplo, de la palabra autodefensa, tan asociada por razones históricas y de la práctica jurídica a su acepción vinculada con el derecho de una persona a asumir su propia representación ante un tribunal de justicia.

Sin embargo, me gustaría proponerles otras lecturas posibles y quizás muy pertinentes en nuestro contexto para esta noción de autodefendernos.

En particular, es importante que cada persona como ciudadano o ciudadana incorpore esta perspectiva de saber cómo defenderse a sí mismo ante cualquier circunstancia difícil en que lo sitúen las complejidades de la vida social moderna.

Una autodefensa válida es siempre aquella que parte del conocimiento de nuestros derechos, para exigir su cumplimiento ya sea por otros individuos o por las instituciones.

Por supuesto, que esta postura no debe ser a costa del olvido de nuestros deberes hacia los demás, porque entonces ya no sería un acto de legítima defensa, sino una actitud individualista.

Lo traduzco un poco para aterrizar la idea. Si algún trabajador tiene un conflicto con la administración de su centro de trabajo, está en todo su derecho de agotar todas las instancias de reclamación posible, y cualquier cosa que haga para salir airoso es legítima.

Sin embargo, no sería autodefensa, sino una agresión al bienestar ajeno, que el mismo trabajador intentara aprovecharse de la labor que realiza para perjudicar al resto de su colectivo o a la sociedad, al apropiarse de lo que no es suyo, o cobrar de más, o dar un mal servicio.

Para el avance del modelo económico y las política sociales que estamos tratando de implementar en el país, resulta válido e imprescindible que cada ciudadano o ciudadana seamos entes activos en la defensa de nuestros intereses, en la medida que estos no vayan contra los de las demás personas como colectividad, sino que, al contrario, propicien la superación de los problemas y contradicciones lógicas que siempre resultan de cualquier proceso de transformación social.

Muchos ejemplos de autodefensas válidas las hemos vivido durante estos dos primeros meses de la Tarea Ordenamiento, donde no pocas de las medidas económicas y financieras iniciales se han ido adecuando en la misma medida que inquietudes fundadas de la población han llegado a las instituciones y organismos estatales.

La reafirmación de nuestros principios, convicciones, necesidades y derechos deben partir siempre del diálogo respetuoso, el ejercicio constructivo y oportuno de la crítica, el intercambio de criterios, la receptividad hacia las ideas discrepantes y su discusión franca y democrática sin atrincheramientos ni prejuicios.

Como dice el refrán, la defensa es permitida, así que hagamos un uso apropiado, creativo y que promueva los cambios que tanto requerimos, mediante una sólida y eficaz —tanto a nivel individual como colectivo— autodefensa de lo nuestro y lo de todos.

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