Icono del sitio Trabajadores

La Guagua: Angola

En Con Angola en el corazón la colega Alina Martínez escribe

La primera decena de noviembre fue testigo, hace 45 años, de importantes victorias de la Operación Carlota, que contribuyeron a frenar la agresión de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire, interesados en desmembrar Angola y frustrar su independencia.

Y agrega

Fueron muchos los que se presentaron sin que nadie los convocara. El escritor Gabriel García Márquez recordó entre otros al muchacho que se fue sin permiso de su padre y lo encontró luego en esa tierra africana porque también su progenitor se había ido a escondidas de los suyos.

Muchos de esos cubanos y cubanas están entre nosotros, llenos de historias dignas de ser contadas. Sus vivencias son un verdadero tesoro para foguear a las nuevas generaciones en las batallas presentes y futuras, y un antídoto contra los que intentan tergiversar una historia que unió para siempre nuestros pueblos.

 

 

Este es un Comentario Digital que sirve de introducción al próximo:

Pedro Muñoz dice

En estos días de conmemoración son muchos los recuerdos que nos embargan, tratamos de recordar a todos los compañeros que conocimos en la «Operación Carlota» con nombres y apellidos y lugares de procedencia en Cuba, sobre todo a los caídos y no siempre la mente nos acompaña. Pero de todas formas, a todos los recuerdo con mucho cariño, sobre todo a mis subordinados y jefes. Nunca olvidaré esta epopeya, vivo orgulloso de haber aportado mi granito de arena a ella. «La lucha continúa, la victoria es cierta». Ahora más que nunca, Venceremos

En Angola en la definición de un héroe de la autoría de Alina M. Lotti hay un interesante Comentario Digital que sin proponérselo, es una respuestas al anterior de Pedro Muñoz, cuando Ventura Carballido trae un texto escrito por él hace cinco años:

Ventura Carballido Pupo dic:

«Operación Carlota: Meditación del combatiente número 54295»

Como una forma psicológica de hacer avanzar el tiempo en busca del entrañable acercamiento a los tuyos en la Isla que un día dejaste, sin saber que regresarías vivo, en el vuelo de regreso desde Luanda, Angola, retomé como hilo conductor unas profundas meditaciones ―que me permitió autoalimentarme al ubicar en el combatiente cubano tanta carga de comportamiento ético, conducta que pudiera resultar no creíble para los que están lejos de nuestro pensar, de nuestra manera de actuar, de la forma de proceder, de cómo fuimos educados y descubrir la grandeza de la obra por la que fuimos a pelear por otros pueblos donde expusimos nuestras vidas a cambio de nada material.

No traíamos en la barriga del avión ninguna maleta con bienes materiales para regalar a los familiares y amigos en nuestra querida Isla. Como «equipaje de mano» solo traía un pequeño bolso que regalaba la línea aérea angolana y en él entre las cosas de más valor dos pañuelos de mujer para el pelo que me había regalado un militar de la Defensa Civil angolano, radicado en Cabinda, y un paquete de cigarros cubano de exportación del que nos llevaban los barcos al África como regalo a mi atribulado padre, también, ropa interior para cambiarme cuando llegara a La Habana y una camisa, documentos que amparaban estímulos otorgado por la sección política de una de las unidades en las que estuve destacado y de la Fiscalía Militar donde culminé mi estancia y mi chapilla de combatiente número 54295 que atesoro aún con mucho amor.

En mis bolsillos no traía ningún dinero, porque no éramos mercenarios que fuimos a la guerra a exponer la vida por riqueza, florecimos como combatientes Internacionalistas, de la gente de Fidel y de Raúl, representando a nuestro pueblo, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a cambio de nada. La mayor estimulación no era llegar a encontrarnos con la familia y colmarlas de regalos, como suele ocurrir, en estos tiempos en que redacto esta crónica; el gran caudal de motivación que nos animaba era el cumplimiento de la tarea que se nos había encomendado, y recibir el cariño y homenaje ―como así fue―, de nuestros compatriotas acá, de mi familia, y del fuerte apretón de manos del General de Ejército Raúl Castro y otros oficiales de las FAR que nos dieron la bienvenida.

Nos bajamos de aquel inmenso avión Il 62-M de la aerolínea soviética sin nada material. No tuvimos que ir a recoger ningún equipaje. Nuestra riqueza más grande fue la moral, el patriotismo y la satisfacción del deber cumplido con Fidel y el Partido.

De igual forma les ocurrió a los combatientes del Che a su regreso en 1965, y a todos mis compañeros de arma. Esa es la grandeza sui géneris de los internacionalistas cubanos que formamos parte de la Operación Carlota y otras misiones en otros países. Sin apego a nada material todo fue felicidad. Nuestra mayor tristeza es que no todos regresamos vivos.

Para no ser confundido, despojado de protagonismo alguno, inserto estas notas, en otro contexto, ya que sin perjuicio de que los colaboradores actuales y futuros reciban su estimulación económica, como algo lícito ―porque si no de qué viven o de qué vive nuestra sociedad―, vale la pena este contenido que recoge los postulados de desinterés de los combatientes cubanos internacionalistas de aquella época para que este ejemplo sirva de alguna manera para tratar de minimizar el avance de la metalización voraz e incesante de muchos que en estos momentos afloran con mucha fuerza, con ausencia de aquella firme posición ética nuestra.

 

En resumen: si tomamos en cuenta lo escrito por la colega Alina Martínez

Más de 300 mil militares y unos 50 mil colaboradores civiles compartieron con los angolanos su pelea por la independencia. Muchos de esos cubanos y cubanas están entre nosotros, llenos de historias dignas de ser contadas. Sus vivencias son un verdadero tesoro para foguear a las nuevas generaciones en las batallas presentes y futuras, y un antídoto contra los que intentan tergiversar una historia que unió para siempre nuestros pueblos.

no es imposible sino todo lo contrario, que en estos momentos sean muchos los pueden todavía puedan contar esas vivencias, y no necesariamente escribirlos ellos mismos, sino que pueden decirlas oralmente a sus hijos, nietos u otros familiares en edades escolares necesitados de tales recuerdos para sus tareas al redactar una composición u oraciones.

Estas personas también pueden ser quienes den a conocer anécdotas de su participación en la epopeya angolana en actividades conmemorativas que constituyen ocasiones propiciar para rendirles homenaje.

Muy válida la frase citada por el presidente Díaz-Canel en la que alguien reconocía no ser un héroe, ni haber sido protagonista de una acción heroica sobresaliente, pero estaba allí. Y por el solo hecho de la presencia en las tropas cubanas es razón suficiente para que sean un factor viviente que resalte ese hecho histórico.

 

Guaguas anteriores, pueden leerse desde aquí

 

En una reunión con trabajadores de la Cooperativa de Ómnibus Aliados en La Habana, el 30 de marzo de 1959, Fidel dijo: «Ustedes saben que uno de los lugares donde más se discute de política, de revolución, de economía y de todo, es en el ómnibus, ¿no? Es como una plaza pública el ómnibus, es como una mesa redonda; un ómnibus es como una mesa redonda permanente, donde todo el que sube opina. (…) a veces pregunto qué se habla en los ómnibus, para enterarme de cómo andan las cosas.»
Compartir...
Salir de la versión móvil