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Con el maíz, al grano

La solidez del sistema cubano de ciencia, tecnología e innovación y su capacidad para ofrecer soluciones propias a los desafíos que tiene hoy la humanidad, volvió a demostrarla un proyecto de maíz híbrido transgénico cuyos resultados elogian los primeros productores privados y estatales en cultivarlo.

 

Foto: Estudios Revolución

 

El logro científico, que empezará a aplicarse a mayor escala y que tiene como destino la alimentación animal, permite obtener rendimientos muy superiores a los que hoy se logran en los maizales isleños.

El incremento de la productividad por hectáreas es uno de los problemas a resolver por las y los científicos antillanos. Según datos consultados por el redactor, el 76,8 por ciento de las áreas cultivables del Archipiélago son suelos de poca a muy poca productividad, debido a factores edáficos limitantes.

La iniciativa fue presentada en el más reciente encuentro  —el noveno— del Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, con el grupo de expertos que participa en el Programa de soberanía alimentaria y educación nutricional.

Moderada como es costumbre por la viceprimera ministra Inés María Chapman Waugh, en la reunión se explicaron las características de la semilla, en cuya obtención, pruebas de campo y ampliación intervinieron diversas instituciones de investigación y bases productivas, bajo el liderazgo del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

El Doctor en Ciencias Mario Pablo Estrada García, director de Investigaciones agropecuarias del CIGB, explicó que se trabajó con las semillas de mejor potencial a nivel mundial y la nuestra nos dota de mayor soberanía, al ser tecnología propia.

Argumentó que según los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en los cinco años precedentes el país erogó unos mil millones de dólares para la compra de maíz en el mercado internacional, a razón de 800 000 a 1 000 000 de toneladas al año.

 

De que pare, pare

Las potencialidades del maíz híbrido transgénico del CIGB se ubican en el entorno de las nueve toneladas por hectárea en las condiciones óptimas. Luis Martínez, productor del municipio de Perico, Matanzas, trabajó durante el proceso de investigación con diversas variedades, entre ellas un híbrido vietnamita y la semilla CIGB, la cual —dijo— “está entre las mejores; además podemos contar siempre con ella, es nuestra”.

“El híbrido asiático, en su arquitectura, es más ‘bonito’ que el híbrido transgénico cubano, pero el vietnamita me dio seis toneladas por hectárea y el cubano nueve…”, añadió.

Yoandy Rodríguez Porra, quien a pesar de su juventud es uno de los más destacados agricultores de Cabaiguán, Sancti Spíritus, obtuvo 6 t/h del grano ya seco. “Sin embargo, con variedades foráneas, como el diamante, el dorado y el esmeralda, solo llegué a 4,5 o 5 toneladas”.

En la CCS Juan Darías, de Jaraueca, Yaguajay, desde 2019 se involucraron en la experiencia 15 campesinos, y ahora más socios quieren ser parte de ella, pues el municipio —argumentan— es un gran productor de carne porcina y hace falta maíz.

En el intercambio también explicaron su experiencia entidades estatales, como la Unión Agropecuaria Militar y Azcuba.

 

Semilla nacional

El maíz híbrido transgénico del CIGB se adecua a lo establecido en el marco legal que rige en Cuba el desarrollo y empleo de los organismos genéticamente modificados (OGM).

El uso, investigación, ensayo, producción, importación y exportación de OGM está regulado en la nación desde el pasado siglo por legislaciones como el Decreto-ley 190 de 1999, De la Seguridad Biológica, y más reciente por el Decreto-ley No. 4/2020, De la comisión nacional para el uso de los organismos genéticamente modificados en la agricultura cubana, además de otras resoluciones publicadas junto a este en la Gaceta Oficial No. 52 Ordinaria del pasado 23 de julio.

La semilla de la que aquí hablamos (el CIGB desarrolla otras) derivó, según expuso el Dr. C. Estrada García, de dos líneas de maíz cubanas mejoradas y obtenidas por la ciencia nacional, una híbrida y otra transgénica.

Según explicó a la prensa el científico, una semilla híbrida (o F1) es el resultado de la polinización cruzada de dos variedades —en este caso de maíz— bien de forma natural o artificial (o sea, por acción del hombre); y la transgénica es la modificada genéticamente al insertársele información genética de otras especies para obtener resistencia a herbicidas y/o insectos.

La CIGB ahora expuesta es resistente a la palomilla del maíz —un gusano que es la plaga que mayormente afecta a estos cultivares en la Isla— y al herbicida más empleado para controlar la maleza; es, además, muchísimo más productiva que las variedades habituales, como ya describimos arriba.

La variedad, al mismo tiempo, requiere del mismo paquete tecnológico (insumos y otros productos) que exigen las que ya se siembran en Cuba; o sea, no tendrán ninguna excepcionalidad, excepto el esmero de los agricultores.

Prevista la utilización amplia de bioproductos cubanos para su cultivo, la tecnología cuenta también con una APK para darle seguimiento a las atenciones y necesidades culturales a través de drones operados por GEOCUBA.

 

La polémica

El uso de OGM es un asunto de debate, y así se abordó durante el más reciente encuentro del Presidente de la República y el Primer Ministro con científicos y productores que participan del Programa de soberanía alimentaria y educación nutricional.

El Dr. C. Luis Hernández, de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, una icónica institución reconocida nacional e internacionalmente por sus resultados en la agricultura orgánica y ecológica, lo dejó claro.

Reiteró la necesidad de continuar defendiendo los productos orgánicos para el consumo humano, así como de preservar el cultivo del maíz tradicional por parte de los campesinos cubanos. No obstante, expresó su acuerdo con el empleo de esta variedad para la alimentación animal.

Al terciar en el debate, Díaz-Canel señaló que en el país “tenemos que trabajar con varias alternativas a la vez, cada una en su escenario, en su ámbito, y con todo eso ir avanzando, y ninguna niega la otra, al contrario, y el tema de la agroecología es una de las cosas que estamos impulsando”.

La sesión de trabajo sobre el maíz híbrido transgénico del CIGB incluyó un dictamen sobre el proyecto, que estuvo a cargo del Dr. C. Alexander Miranda Caballero, director del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas del Ministerio de Educación Superior (MES).

El experto subrayó el respeto mantenido por el proyecto a las disposiciones jurídicas sobre los organismos genéticamente modificados; su enfoque ambientalmente sostenible; la alternativa para el desarrollo de semillas; y el aporte que da a fin de alcanzar por el país soberanía nutricional y agroalimentaria, sin dependencia de las transnacionales.

También destacó, entre otros beneficios, los rendimientos que ofrece, el uso en su cultivo de biofertilizantes y bioproductos por la naturaleza amigable de estos con el medio ambiente; y el aporte a la fertilidad de los suelos que brinda el maíz. Subrayó así que el tema era pertinente y ponderó la necesidad de contar con una ficha técnica para su manejo responsable y con calidad por parte de los productores.

En la reunión también se informó sobre el cumplimiento de acuerdos anteriores, como los relativos a las vacunas veterinarias cubanas GAVAG —contra las garrapatas en el ganado bobino— y PORVAC, para afrontar la peste porcina clásica.

Se revisó además lo concertado en cuando al manejo integrado de enfermedades en el ganado menor, en este caso del ovino-caprino, y la marcha de las indicaciones del Presidente de la República relativas a la implementación del modelo de gestión integrada de las cadenas de suministros en la producción de arroz, frijol, maíz y frutales.

Antes del encuentro con los científicos, en la misma jornada de trabajo, el Presidente y el Premier pasaron revista al programa en sí de Soberanía alimentaria y educación nutricional, que esta vez se dedicó al programa de granos, en específico, la siembra, cultivo y cosecha de frijoles.

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