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Con Filo: Otro curso a la historia

Pronto se cumplirán los seis meses de que en Cuba se diagnosticaran los primeros casos de Covid-19, y en esas circunstancias arriba este martes una fecha de gran significado para nuestro pueblo.

El inicio de un nuevo curso escolar siempre ha sido motivo de alegría y gratificaciones para las familias cubanas, y en esta ocasión una mezcla de sentimientos funde las motivaciones características con nuevas e inéditas preocupaciones, que marcaran un año lectivo completamente diferente.

 

Foto: PL

 

Ya el hecho mismo de que no en todas las provincias pueda arrancar la nueva etapa docente, nos sitúa ante un escenario que no puede ser feliz por igual en todos los casos.

Para La Habana, en particular, este inicio de septiembre llega con la gran responsabilidad de cumplir con las nuevas medidas restrictivas que ha dispuesto el gobierno del territorio, para en un esfuerzo intensivo en busca del necesario aislamiento social, tratar de revertir el rebrote de contagios con el SARS-Cov-2 con el cual lidiamos en este mismo instante.

Resulta lamentable que no llegáramos a esta fecha con los resultados que ansiábamos. No poder ver salir hoy rumbo a sus escuelas a pioneros y estudiantes de todas las enseñanzas con sus uniformes, es una tristeza de la cual en alguna medida todos debemos sentirnos responsables en la capital cubana.

 

 

Las causas del rebrote y su prolongación han sido muy debatidas y con total transparencia se le ha explicado a la población la mayoría de los incidentes ocurridos, por lo cual lo importante ahora es unir fuerzas para esta próxima quincena tratar de disminuir al máximo la cantidad de nuevos casos positivos al nuevo coronavirus.

En el resto del país con una situación epidemiológica favorable el curso escolar que comienza tiene además la obligación de combinar las exigencias académicas, el recobrado de los contenidos fundamentales que quedaron pendientes del anterior y la imprescindible protección de educandos y profesores, con prácticas nunca antes vividas y que habrá que convertir en hábitos, con disciplina y mucho control.

Niñas y niños, adolescentes y jóvenes han vivido estos últimos seis meses con limitaciones que les han hecho crecerse, y seguramente marcarán su memoria. En muchos casos asumieron con una madurez inusitada las dificultades de este periodo de cuarentenas y precauciones

 

Foto: José Luis Martínez Alejo

 

Pero también hemos visto infantes y otros menores de edad corriendo mucho riesgo, en la calle, en parques y otras áreas públicas, sin cumplir con las normas más elementales de protección y distanciamiento físico.

Nuestras escuelas deben estar preparadas, por tanto, para brindar ese entorno seguro y de rigor a todos sus estudiantes, quienes vienen con el hábito correcto de casa, y quienes no. Las familias y el ejemplo que ellas den serán determinantes en la propia seguridad de sus niñas y niños, adolescentes y jóvenes.

Las organizaciones estudiantiles tendrán ante sí un nuevo e importante cometido para el trabajo con los colectivos. Nadie puede estar ajeno a lo que suceda a partir de hoy en nuestras escuelas y universidades. Es deber, una vez más, como en cada septiembre, empezar a estudiar, y en esta ocasión, en medio del enfrentamiento a la Covid-19, tenemos el imperativo de darle otro curso a la historia.

 

 

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