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Jesús Lara: Persiguiendo libélulas rojas

“Otra vez el poeta y artista de la plástica, Jesús Lara Sotelo nos pone en la disyuntiva de creer o no creer en sus obsesiones. Pero estos poemas, viñetas o prosas poéticas (las etiquetas solo les importan a algunos críticos) tienen la cualidad esencial de inquietar al lector. Nadie piense que encontrará en las páginas de su reciente libro Persiguiendo libélulas rojas textos ligeros, pletóricos de falsos optimismos, fáciles de comprender de una primera ojeada. Quizás lo más cautivante sea que están escritos con aparente y sutil claridad, cuando en realidad son contraseñas de mensajes ocultos”.

 

 

Con tales palabras, el reconocido poeta y narrador, Alberto Marrero, valora  el más reciente libro de este prolífico artífice, quien —en su aún corta trayectoria como escritor— acaba de concluir su libro número 52, redactado durante estos meses de aislamiento social debido a la pandemia de la COVID-19,  tiempo que igualmente compartió con su producción iconográfica, dentro de la cual también ocupa un destacado lugar en el variopinto panorama del arte insular.

Sobre este nuevo proyecto, cuyo sugerente título atrae la atención del espectador, Marrero apuntó que “con madurez y oficio, Lara mezcla la vida cotidiana con fantasías sexuales, resentimientos, culpas, conflictos, acosos, meditaciones de orden estético, social, filosófico y hasta político.

“Todo parece interesarle —agregó— y no pone fronteras entre ellos, consciente de que vivimos y pensamos inmersos en un caos lógico (el oxímoron no es gratuito), donde el sentido y el sinsentido, la experiencia y la figuración, la soledad, el desamparo,  la historia, el tiempo pasado, el presente y el futuro, las negras oquedades de lo inicuo, la familia, el arte, cierta paranoia razonable y otra ilusoria, la pandemia del nuevo coronavirus, el fracaso de un mundo signado por el egoísmo, en una era de conexiones digitales que se imponen o desplazan las relaciones humanas, se yuxtaponen como capas en este nuevo cuaderno de un autor que, a no dudarlo, posee voz propia en el reino autóctono de la poesía”.

La obra de Lara, tanto literaria como visual, se caracteriza por sus  pluralidades estilísticas y de contenido, y en ellas la continuidad y los nexos visuales se identifican como patrones que dan fe de un lenguaje orgánico, intimista y equilibrado, que regresa sobre sus hallazgos expresivos para dinamitar cualquier vestigio de rutina reiterativa.

La poetisa, narradora, crítica literaria y editora, Marilyn Bobes, ha sentenciado que la obra de Lara parte de su condición visionaria, “de un agudo poder de observación que va desde lo que acontece en su entorno más inmediato hasta lo que ha vivido más allá de las fronteras de la Isla en sus numerosos viajes por el mundo. Su pesimismo ante la autodestrucción, de la cual es lúcido testimoniante, no es una pose literaria, es el convencimiento de que, de no poner fin a los muchísimos males que aquejan a los seres humanos a consecuencia de su falta de conciencia y solidaridad, hace que necesite ´explicarme las cosas, avizoradas como señales de humo en las colinas de la ciudad´”.

Al valorar el quehacer de este creador, la también crítica, ensayista, e investigadora de figuras y temas literarios, Cira Romero, apuntó: “Ni excéntrico ni imperioso, abriendo y cerrando puertas en busca de lo que le pertenece, Jesús Lara Sotelo es un hito en la cultura cubana. Sus entregas, sea en la literatura o en las artes visuales, son compensación duradera para los que creemos en la maestría de la creación, modo posible de iluminar lo que se espera… Si a veces el poeta se nos presenta al descubierto, otras cierto artificio lo invade, pero siempre constreñido a la razón de vida, que para él puede ser una especie de polvillo fabuloso desprendido de la nada”.

El propio artífice ha dicho que desde su adolescencia comenzó a desarrollar  “la intención de que el ser humano fuera el epicentro de mi arte y que a partir de él, salieran todas las incógnitas, las interrogantes, las visiones que pudiera encontrar a lo largo de esta expansión”.

Persiguiendo libélulas rojas es el grito desgarrador de una quimera que no debería morir”, afirma Alberto Marrero.

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