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SABORES: Frutoterapia: ¿oro comestible?

Por: Dahomy Darroman Sánchez y Chef Yairon de Armas

¿Sabías que consumir guayaba cruda puede aliviar los síntomas asociados con la hipertensión, las afecciones cardíacas y la anemia? ¿O que el mango contribuye a la salud de tu dentadura, de tus huesos e, incluso, de tu corazón? Acorde con el portal Infomed, los estudios demuestran la «alta correlación entre el elevado consumo de frutas y verduras y la baja incidencia de enfermedades» y, como en los actuales tiempos epidemiológicos ninguna sugerencia para mantenernos saludables viene mal, SABORES te trae hoy todos los detalles para que aproveches las frutas a tu alcance o te decidas a cultivar tus propias verduras en algún rinconcito disponible.

 

Foto: Tomada de Freepik

Como bien confirman los investigadores del Iran Journal of Public Health, las frutas y verduras son los alimentos que mayor porciento de nutrientes proporcionan, entre vitaminas, minerales, antioxidantes, oligoelementos y enzimas. Aún así, no existen los milagros: su consumo debe complementarse con una alimentación balanceada, la ejercitación regular, buenos hábitos de sueño y, en general, con un estilo de vida saludable si es que se quieren obtener todos los beneficios de esta terapia natural.

Si bien el empleo medicinal de los productos de la tierra puede rastrearse hasta la  antigua Grecia, cuando el considerado como «padre de la medicina», Hipócrates de Cos, hablaba de la importancia de los alimentos para el equilibrio de los humores del ser humano y recomendaba una dieta equilibrada para conservar la buena salud. El término ‘frutoterapia’ fue acuñado por el científico colombiano Albert Ronald Morales y hace referencia a una técnica terapéutica mediante la cual se emplean las propiedades curativas de las frutas para fortificar el sistema inmunológico, sanar al organismo y recargar sus reservas energéticas.

Esta forma de medicina verde estimula la función hepática y renal -gracias a su gran contenido de agua, ayuda a eliminar de manera natural las toxinas-, previene el estreñimiento y mejora el tránsito intestinal por su alto contenido fibroso. Las frutas dulces aportan mayormente vitaminas A, E y del complejo B, mientras que las ácidas son ideales para reducir los niveles de ácido úrico.

 

Foto: Tomada de Freepik

Acorde con Ronald Morales, «muchos de los pigmentos que colorean a las frutas son compuestos que ayudan a combatir enfermedades, entre ellas las degenerativas. Las de color rojo contienen licopeno, que ayuda a combatir el cáncer, al igual que los organosulfidos presentes en las de coloración blanca».

«El tono rojo-morado sugiere flavonoides, los cuales evitan coágulos y previenen afecciones cardíacas, mientras que el naranja denuncia la presencia de alfa carotenos y betacarotenos, que son antioxidantes  y combaten diversos tipos de cáncer y alteraciones pulmonares malignas.

«Las frutas amarillas contienen luteína, otro poderso antioxidante que protege la retina y previene cataratas, mientras que las verdes abundan en surfuranos -que combaten el cáncer pulmonar- y las azul-moradas contienen antocianinas, que estimulan el cerebro».

Por su parte, las verduras constituyen la guarnición perfecta para cualquier platillo puesto que proporcionan oligoelementos y alcalinizan el organismo debido a su alto contenido de ácidos orgánicos que contribuyen al equilibrio del pH sanguíneo. Ligeramente cocidas son más fáciles de digerir, pero en su estado natural poseen enzimas en abundancia y conservan todas sus principios activos y propiedades organolépticas.

Además, como bien podrá asegurar cualquier fanático de los tratamientos de belleza, la utilización de frutas y vegetales no se limita a la curación de afecciones clínicas, sino también cosméticas, puesto que el organismo recibe nutrientes tanto de lo que ingerimos como de lo que aplicamos sobre la epidermis y el cuero cabelludo.

En la persecución de la eterna juventud, muchas mujeres se aplican diversas mascarillas sobre la piel y el cabello. Ello debe realizarse justo después de su elaboración, puesto que el alto contenido de agua de estos ingredientes facilita su ranciedad.

Para las manchas el limón será tu mejor aliado -eso sí, deberás evitar la exposición solar so pena de agudizar el defecto cutáneo-, y si sufres de bolsas, ojeras, acné o piel grasa, aplica pepino directamente y verás los resultados. La piña es muy recomendable para combatir la celulitis y el plátano ayuda a revitalizar una piel envejecida, pero lo mejor de todo es que carecen de los químicos tóxicos que suelen saturar los productos industriales y que son más asequibles que cualquier crema de boutique.

 

Foto: Tomada de Freepik

Ahora bien, es necesario conocer las propiedades de estos productos y la manera correcta de consumirlos ya que, sin ánimos de minimizar todos sus beneficios, también contienen muchos azúcares simples que pasan directamente al torrente sanguíneo y pueden descompensar los niveles de glucosa. Por ejemplo, el coco, a excepción del resto de las frutas que son ricas en grasas insaturadas, contiene un volumen considerable de grasas saturadas. Asimismo, no es recomendable la ingestión del plátano por parte de los diabéticos, ya que este contiene carbohidratos en forma de sacarosa.

Para culminar, adjuntamos las recomendaciones que, luego de cuatro décadas de investigación, Ronald Morales recopila en su volumen Las frutas: el oro de mil colores. Según este, para aprovechar todos sus nutrientes es mejor:

*Ingerirlas antes o como mínimo una hora después de las comidas; jamás durante estas o como postre porque provocan gases e indigestiones, y pueden generar obesidad al combinarlas con otros productos. A propósito, no se debe agregar azúcar a las frutas puesto que ello destruye la sustancias nutritivas y terapéuticas. Para endulzar es mejor agregar miel o stevia.

*Si se trata de platos dulces la fruta podrá consumirse una hora antes, en cambio si son salados deberán pasar tres horas para comerla.

*Ni muy verdes (provocan indigestiones, afectan al páncreas y al hígado) ni muy maduras; en su estado preciso de maduración.

*Consumirlas crudas y en jugos (sin embargo, con esta última opción reducimos la fibra alimentaria consumida y aumentamos las calorías ingeridas en caso de emplear varias frutas).

*Al lavarlas, no se deben dejar en remojo bajo riesgo de perder propiedades.

*Comer la piña, el mango y otras que deban ser peladas inmediatamente luego de haber retirado la cáscara, para evitar que se oxiden.

*Para el desayuno se recomiendan las frutas ácidas. A la hora de almuerzo deben consumirse frutas ricas en ácidos grasos esenciales (aguacate, almendras, nueces), mientras que si se sustituirá la cena por una buena pulpa, lo aconsejable es que sean dulces. Jamás se deben consumir cítricos antes de acostarse por qué perjudican la células del hígado.

*Se deben conservar en lugares frescos, secos y protegidos de la luz solar, en la parte menos fría del frigorífico. Un almacenamiento prolongado no es recomendable, pero las frutas con hueso aguantan bien una semana y los cítricos hasta diez días. No conviene guardar juntas las frutas de corta conservación (plátano, melocotón, pera) con las de larga conservación (cítricos, manzanas), ya que se producen sabores extraño y se deterioran más fácilmente.

*Algunas frutas como la piña y la toronja  se pueden congelar siempre que no sea durante más de 6 meses. No se aconseja guardar los plátanos en la nevera porque el aroma y el aspecto se deterioran.  El resto de las frutas sí puede almacenarse en el frigorífico.

*La  fruta ya madura debe mantenerse en condiciones de poca luz,  bajas temperaturas (entre 0 y 6 grados centígrados) y alta humedad relativa (próxima al 90%). Hay que separar las frutas maduras de las que no lo están ya que una sola pieza puede hacer madurar al resto.

*Para evitar que las frutas frescas peladas cambien de color, se las puede rociar con unas gotas de limón. Esto evita que pierdan la mayor parte de vitaminas.

¡A consumir frutas se ha dicho! ¡Buen provecho!

 

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