Cuando Zunilda Noa Azcuy escuchó volar la primera teja se aferró al anclaje de las suyas y así estuvo quién sabe por qué tiempo. Su cuerpo se hallaba allí, resistiendo, pero la mente estaba con Raúl Otaño, el custodio de la escuela primaria Federico Capdevila Continuar leyendo


(16 puntos, 4 votos)
(19 puntos, 4 votos)