Profunda fue la huella que Raúl Castro Ruz dejó durante su desempeño como estadista. Aquel hombre que siempre había preferido la discreción en sus cargos en el Gobierno y el Partido, a quien muchos apenas veíamos como un jefe militar, se descubrió ante el mundo como un político avezado, un interlocutor inteligente y culto, un líder respetado, con alta capacidad de convocatoria y muy comprometido con la unidad y la paz, tanto para su pueblo como para la región y el mundo Continuar leyendo

