Raúl, la paz, la unidad, su legado

Raúl, la paz, la unidad, su legado

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Por: Bárbara Betancourt

Profunda fue la huella que Raúl Castro Ruz dejó durante su desempeño como estadista. Aquel hombre que siempre había preferido la discreción en sus cargos en el Gobierno y el Partido, a quien muchos apenas veíamos como un jefe militar, se descubrió ante el mundo como un político avezado, un interlocutor inteligente y culto, un líder respetado, con alta capacidad de convocatoria y muy comprometido con la unidad y la paz, tanto para su pueblo como para la región y el mundo

Cuentan que en una reunión donde la meta de la integración latinoamericana y caribeña se puso en riesgo por la agresividad del entonces gobernante colombiano Álvaro Uribe hacia el líder bolivariano Hugo Chávez, se escuchó un vozarrón que se impuso sobre un peligroso intercambio de insultos y, con la autoridad de su ejemplo, reprendió a los contendientes y reclamó a los presentes pasar por encima de diferencias e intereses nacionales para lograr la unidad que salvaría a nuestros pueblos.

 

 

Foto: Estudios Revolución

 

Si Cuba —a la que años antes casi todas las naciones del continente le dieron la espalda— estaba ahí, sumada al esfuerzo integrador, ¿cómo no podían hacerlo los demás? Una no sabe si se hizo acompañar de algún puñetazo sobre el buró, si lo hizo de pie o siguió sentado; de hecho, ni siquiera puedo asegurar que sea cierto o si ocurrió tal cual me contaron, pero lo que dicen que hizo Raúl se parece mucho al Raúl que convirtió la construcción de la unidad en uno de los objetivos de su mandato como estadista, comprometido en conquistar el sueño unitario al que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz puso tanto empeño.

 

 

Foto: Estudios Revolución

El camino de la unidad es también el camino de la paz: la unidad crea el ambiente necesario para el entendimiento entre los pueblos, y en esa línea trabajó el General de Ejército.

Así lo vimos en 2008 en Costa de Sauipe, Brasil, donde se registró el ingreso de Cuba al Grupo de Río, que era el mecanismo regional que coordinaba esfuerzos para la solución pacífica de los conflictos y que, al final, devino embrión de lo que comenzó a gestarse en la llamada Cumbre de la Unidad, celebrada en febrero de 2010 en la Riviera Maya de México, y que nació en diciembre del año siguiente en la Venezuela bolivariana como Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la CELAC.

La Habana acogió en febrero de 2014 la segunda cumbre de ese mecanismo de concertación e integración, con la asistencia de todos los países convocados. En esa cita se aprobó un documento cuyo propósito vale para justificar la existencia de la CELAC: la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Otro hecho que también debe entenderse como una contribución a la paz fue cómo Raúl condujo el proceso para el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos. En la mañana del 17 de diciembre de 2014, una noticia recorrió el mundo: los presidentes de Cuba y Estados Unidos anunciaban simultáneamente —desde La Habana uno y desde Washington el otro— la reanudación inmediata de los vínculos diplomáticos entre los dos países, rotos desde enero de 1961.

 

 

Foto: Estudios Revolución

 

Lo anunciado en esa alocución en cadena nacional fue el resultado de varios meses de diálogo al más alto nivel que tuvo, al menos, un antecedente público. Un año antes, durante el funeral de Estado de Nelson Mandela, una imagen ocupó espacios en todos los medios de prensa del planeta: Raúl Castro y Barack Obama se saludaban e intercambiaban breves palabras ante las personalidades que asistían a la ceremonia y las cámaras que registraban el acontecimiento. En el vuelo de regreso a Cuba, la prensa que lo acompañaba preguntó sobre ese minúsculo pero premonitorio diálogo, y él dijo: «Cuando vi que se me acercaba, le dije: «I am Castro», y él me contestó: «I know, I know»». Y después, como si hablara para sí mismo, le escuchamos decir: «Ese es un asunto que hay que acabar de resolver».

Y ciertamente se dieron pasos por ambas partes para que las relaciones entre los dos países entraran en una etapa de distensión, que permitió la apertura de las embajadas en sus respectivas capitales y el inicio de la cooperación en varias esferas de interés mutuo. En ese proceso de normalización sobresalieron los encuentros que ambos jefes de Estado celebraron en el contexto de la Cumbre de las Américas efectuada en Panamá y durante el periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, así como la visita oficial que Barack Obama hiciera a Cuba en marzo de 2016.

 

Foto: Estudios Revolución

La Habana, ciudad maravilla, anfitriona de eventos que testimonian el compromiso de Cuba con la paz, fue sede durante muchísimos años de los diálogos de paz entre representantes del gobierno colombiano y combatientes de las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo.

La contribución de Cuba, en particular de sus líderes Fidel y Raúl, al fin del conflicto armado más antiguo del continente fue reconocida no solo por las partes involucradas, sino también por la comunidad internacional, que asistió esperanzada a la ceremonia final que tuvo lugar el 26 de septiembre de 2016 en la siempre bella Cartagena de Indias.

Allí, en la primera fila de los invitados, el experimentado combatiente, vestido con el blanco de la paz, aplaudía junto al pueblo colombiano la nueva etapa de concordia y reconciliación que se abría en aquella nación hermana.

 

Foto: Estudios Revolución

 

Ya en febrero de ese mismo año, el talante auspiciador de La Habana y los buenos oficios del entonces presidente Raúl Castro convirtieron al Aeropuerto Internacional José Martí de esta capital en punto neutral en la encrucijada entre norte y sur, este y oeste, y símbolo de reconciliación, para acoger la celebración de un encuentro histórico. Desde Roma, y con destino a México para una visita apostólica, llegaba el Papa Francisco, mientras el Patriarca Kiril viajaba desde Moscú. Ambos tendrían en Cuba una reunión privada, la primera entre representantes de las iglesias católica y ortodoxa casi mil años después del cisma de 1054.

Este encuentro consolidó la imagen de Cuba como puente entre mundos ideológicos y religiosos diferentes, y confirmó a sus autoridades como anfitriones fiables para acoger esfuerzos de paz y unidad. Quizás las palabras del Papa Francisco lo resuman de la mejor manera: «No quiero irme sin dar un sentido agradecimiento a Cuba, al gran pueblo cubano, y a su Presidente, aquí presente; le agradezco su disponibilidad activa. Si sigue así, Cuba será la capital de la Unidad».

 

 

Foto: Estudios Revolución

 

Raúl siempre ha apostado por la paz y la ha reverenciado como el bien más preciado; incluso cuando se desempeñaba como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias afirmó en más de una oportunidad que la guerra se ganaba evitándola, porque solo la paz conduce al desarrollo y la prosperidad de los pueblos y la armonía entre las naciones. Ese es su legado fundamental.

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