La magia de leer en las bibliotecas, de tener mi propio archivo, de siempre tener un libro en la mochila, de amar la historia y escribir con exquisitez, entre otras rutinas, se lo debo a Nereida. Y ojalá su sonrisa cuando lea esto solo denote que no me olvida, como yo jamás la he olvidado a ella Continuar leyendo


