Carmen Rodríguez Acosta es de esas personas que despiertan sueños cada vez que entran a un laboratorio, de las que siempre quieren descubrir algo nuevo, rastrear e inventarse teorías para demostrarlas después. Así ha sido su vida por 50 años.

Tras un breve primer contacto telefónico, pude imaginarla también como una mujer modesta, calmada, amable, enemiga del oropel y los grandes titulares; pero lejos estaba yo de suponer el cúmulo de investigaciones con muy satisfactorios resultados y el tremendo esfuerzo desplegado por esta ingeniera química, avales que le permitieron ostentar desde abril pasado el título mayor al que puede aspirar un trabajador en nuestro país: Heroína del Trabajo de la República de Cuba.
Técnico medio en Química Industrial en 1976 y graduada de esa especialidad en la Universidad de La Habana en 1982, siempre laboró en el hoy Centro de Ingeniería e Investigaciones Químicas, en la capital habanera, donde es un verdadero referente.
“Durante todos estos años mi actividad principal ha estado vinculada a los fertilizantes y la química inorgánica, aunque mi centro también ha trabajado los flagicidas, catálisis, polímeros, formulación de pinturas, y otras tareas. Somos una industria con muchos eslabones, y felizmente tenemos la posibilidad de completar el ciclo, desde la investigación hasta la introducción.
Carmen suma 14 logros investigativos en práctica ya en la industria o en el campo, tanto en lo referido a fertilizantes tradicionales como líquidos, y también otros vinculados con el procesamiento de minerales, la producción de medicamentos, y en las industrias farmacéutica y petrolera, entre otros.
Le pedí repasar sus éxitos laborales más significativos, y aunque aceptó mi propuesta, creí percibir su rechazo a hablar de sí misma. Por suerte, a su lado el esposo, también especialista químico, y su jefe laboral, quien colaboró en las respuestas. “Es que el paso del tiempo en ocasiones conspira contra la memoria, mucho más si son hechos importantes, pero que ya no están en práctica”, precisó.
Son muchas cosas, una amalgama de líneas de trabajo las desarrolladas por usted, le dije. ¿A qué se dedica específicamente? pregunté. “Soy investigadora auxiliar. Investigo sobre fertilizantes, principalmente químicos y ecológicos, estos últimos los que dañan menos el medio ambiente. Es nuestro propósito hacerlos más eficientes con el empleo de menor cantidad de productos químicos y por la incorporación de algún agente o tecnología específica.

“Pero la línea fundamental hoy es la de fertilizantes líquidos, o sea, fertilizantes que tienen mucha mayor flexibilidad, son 100 % solubles y se aplican a través de los sistemas de riego. Es lo que llamamos fertiriego, que nos permite el empleo de algún medio natural que potencie la actividad de los macro y micro nutrientes en el suelo; su incremento es una tendencia internacional, pues además permiten disminuir las dosis, a la vez que proporciona un mayor efecto económico y ambiental.
“En tal sentido el mejor ejemplo desarrollado por nosotros es el CBFER, del que soy la Autora Principal. Para lograr su introducción trabajamos por 20 años. Se trata de un fertilizante líquido con propiedades ecológicas y muy eficiente, que nació y se produce en el centro, lo comercializamos nosotros mismos, y ya tiene su marca registrada en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial.
A partir de los resultados de los proyectos de investigación, en el centro se diseñó y montó una planta de carácter semi industrial, para la entrega de fertilizantes a la agricultura, “lo que ha permitido sustituir parcialmente importaciones”, destaca.
“Como las importaciones han estado muy restringidas, cogimos como patrón un producto extranjero, lo potenciamos con ácido y una vitamina y validamos el CBFER en diferentes cultivos.
Los estudios a nivel de campo demostraron que el CBFER sustituye entre el 40 y 60 por ciento de productos químicos en diferentes cultivos y tipos de suelos y podríamos afirmar que es una gama de formulaciones, adaptable a las necesidades de cada cultivo, una mezcla de sales químicas potenciada con elementos de producción nacional, en este caso una microalga muy conocida: la espirulina.
“Está registrado para todos los cultivos. Inclusive desarrollamos una fórmula especial para aquellos sensibles al cloro, como el tabaco. Ahora hay algunos estudios para incrementar su producción.
“Tuve además una relación directa con el petróleo, al punto que en un momento trabajé en la desulfuración del gas acompañante, tanto en Jaruco como en Varadero, lugares en donde llegamos a tener tres pozos. Específicamente separábamos el azufre del gas acompañante, pero por métodos químicos. Logramos un azufre de alta pureza para su empleo fundamentalmente en la producción de ácido sulfúrico en Rayonitro, Matanzas.

“En nuestro centro hacemos ingeniería básica y de detalles, dirigida directamente a las empresas del Grupo Químico, aunque también lo hemos hecho para la industria farmacéutica y la agricultura. Nos relacionaron con el Instituto de Recursos Hidráulicos, y con las investigaciones para la caracterización de residuales sólidos y líquidos de la industria”, precisa nuestra entrevistada.
El procesamiento de minerales fue otro de los escenarios en que Carmen demostró su inteligencia y sacrificios. “Durante mucho tiempo trabajé diferentes yacimientos de roca fosfórica existentes en Pìnar del Río y Matanzas y tengo el orgullo de haber sido la Autora Principal de varios de esos proyectos, cuyos resultados se introdujeron en cuatro tecnologías existentes entonces en el país”.
Entre otras experiencias destacadas de nuestra heroína está el trabajo conjunto con el Centro de Investigación y Desarrollo de Medicamentos (CIDEM) en la aplicación de diseños, experimentos, es decir, en la formulación de medicamentos. “Trabajamos con algunos medicamentos muy conocidos por la población, en especial antidepresivos: el Balsartan y el Diltiacén.
“Los investigadores principales eran los del CIDEM y nosotros nos enfrascamos en la búsqueda de una mayor eficiencia, o sea, en la optimización del proceso. Además tenemos un libro publicado sobre la aplicación de diseños, experimentos y estadísticas para la industria farmacéutica”, refiere.

Aunque ya jubilada, hoy labora a distancia, siempre vinculada con sus investigaciones químicas. Profesora de la Cujae y Adjunta de la Escuela Superior de Cuadros de la ya desaparecida Industria Básica. Vanguardia Nacional por varios años, dos hijos, pero ninguno vinculado a su especialidad. Entonces me confiesa un error de muchos años: “Para nosotros —el esposo y ella— la casa es la continuación del trabajo en el centro. No debimos hacerlo. Quizás los muchachos estaban atormentados con tanta química y eso les influyó para no dedicarse a ella”.

