Pero volvamos a los recuerdos. Fue precisamente aquí en 2018, cuando el yumurino Iván Silva sumó mejor desempeño en lides universales al conseguir plata y ceder únicamente en la final de los 90 kilos ante el español Nikoloz Sherazadishvili; en tanto nuestra Idalis Ortiz (+78 kg) sumó su octava presea en estos certámenes, con idéntico color del metal que Silva.
Maylín del Toro (63 kg), capitana de nuestra escuadra femenina hoy, rubricó también ese año en suelo azerí su mejor desempeño en el máximo torneo que organiza anualmente la Federación Internacional de Judo con un quinto y peleado escaño, al caer por bronce frente a la eslovena Tina Trstenjak.
Resultó ese el último mundial en el que Cuba alcanzó dos o más medallas, ya que luego solo una plata de Idalis en Tokio 2019 y el título de Andy Granda en Tashkent 2022 han podido incrementar la bolsa de 79 medallas históricas en estos torneos (19-22-38), válido todavía para ser la quinta nación en la tabla de todos los tiempos.
El clima que nos ha dado la bienvenida en esta ciudad es agradable en la mañana y tarde y algo más frío en las noches (llega a estar por debajo de los 10 grados), aunque lo más impresionante para el viajero es que hace ocho años vimos decenas de grúas por doquier y hoy apreciamos grandes avenidas, torres de apartamentos u oficinas con diseños bien originales y sobre todo un desarrollo económico impresionante.
Hay muchos recuerdos de Bakú para el periodista que llega y busca sus fotos del 2018 en la computadora y se pregunta con madurez: ¿ha cambiado la ciudad, he cambiado yo? Y sale directo a escribir y conocer, a ver el mejor judo del mundo y a hablar con niños deseosos de ser campeones. Ese también es el legado de una cita como esta en la llamada ciudad de los vientos.