Actores amplían su registro

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Como ocurre también en el cine o el teatro cuando sus artistas alcan­zan la madurez profesional, para los actores económicos no estatales las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas por el país son la oportunidad de aumentar su versa­tilidad en el desempeño de papeles más variados y profundos en la eco­nomía nacional.

No por gusto las principales modificaciones en su gestión des­puntan desde el primer eje de las decisiones adoptadas, a la par de las que se aplican en la empresa es­tatal socialista.

 

 

Ilustración: Martirena

 

 

Un repaso somero de estos cam­bios que en su mayoría ya tienen el necesario respaldo jurídico apenas pasados tres meses de su aproba­ción en la Asamblea Nacional del Poder Popular, permite apreciar que eran insatisfacciones y frenos muy frecuentes cuando se hablaba con los dueños de negocios privados en ascenso.

La ralentización que ya se notaba en el proceso de consentimiento de nuevas mipymes y cooperativas no agropecuarias antes de adoptarse las transformaciones económicas y so­ciales fue la primera barrera en caer, junto con la reducción de requisitos y trámites para su creación.

El modelo de determinadas cuo­tas o techos que se le había impuesto a estas formas de gestión no estatal, que obligaba a sus propietarios a usar subterfugios legales para en­mascarar su crecimiento, saltó por los aires. Ni límites a la cantidad de trabajadores contratados ni a la ti­tularidad o participación en varias empresas ni a la modalidad de for­mas societarias a adoptar.

Tabúes que parecían inamovibles fueron removidos, como la concesión de derechos reales en usufructo y superficie para que esas entidades privadas o cooperativas puedan in­vertir; la autorización para acreditar cuentas bancarias en divisas, depo­sitar y extraer su dinero o permitir empresas privadas en la agricultura.

Ya se redujo también signifi­cativamente la lista de actividades prohibidas para esos actores econó­micos no estatales, una revisión que tendrá que ser periódica y para cada momento específico; y también caye­ron las orejeras que imponía una in­terpretación restrictiva del llamado “objeto social”, que ahora no impide desarrollar otras actividades pro­ductivas y de servicios.

Por supuesto, el éxito de las transformaciones en este sector pasa no solo por la iniciativa de sus hacedores y el estímulo estatal a su fomento, sino por la recuperación gradual de la economía.

Viejas deudas como la de un mercado de insumos con la par­ticipación de todas las formas de gestión o la posibilidad de acceder libremente al mercado cambiario, dependen en buena medida de que se pueda burlar el fiero cerco co­mercial y financiero que nos ha im­puesto el Gobierno de los Estados Unidos.

Las transformaciones tienen además una condición muy intere­sante: son interdependientes en re­lación con las de otros ámbitos de la economía. Sucede, por ejemplo, con el salto propuesto en las relaciones de propiedad, en las que las perso­nas jurídicas no estatales e incluso cualquier persona natural podrán comprar acciones de empresas es­tatales, adquirir legalmente pro­piedades del Estado; o invertir en empresas cubanas, incluso si es re­sidente en el exterior.

En ese amplio espectro de opor­tunidades, en el que de modo ex­plícito se reconoce el crecimiento legítimo del patrimonio financiero y material de las personas jurídicas no estatales, no es posible desenten­derse entonces de la protección de los derechos laborales y sociales de los trabajadores, cuestión que para garantizar como se plantea, pasa por un aprendizaje acelerado y un cambio radical en la labor del mo­vimiento sindical cubano.

Porque esa “tierra de oportuni­dades” para los actores económicos no estatales puede ser terreno de contradicciones laborales con sus empleados, que tienen un Código de Trabajo que los protege, pero hace falta un sindicato fuerte que los haga valer.

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