Roberto Pérez Llera sabe que su barrio no es el mejor. Él vive en la calle 33 en el municipio Carlos Manuel de Céspedes en Camagüey y es el presidente del CDR número 4 Mariana Grajales. «Aquí la gente está desmotivada, hay problemas y no tenemos muchos jóvenes para trabajar”, pero lo dice con esperanza, porque sabe que no todo está perdido cuando quedan ganas de trabajar.

Como presidente lleva tantos años que ha olvidado contar. «Son muchos, asegura mientras sonríe orgulloso. Pero he sido más cosas. Comencé siendo el ideológico en el otro barrio donde vivía; luego fui coordinador, delegado y ya después me eligieron como presidente y aquí sigo».
De esa labor recuerda cuando unos años atrás logró crear un equipo de pelota, cuando había más juventud. También diseñaron un carnaval para esas calles y junto a otros crearon un área deportiva.

«Hoy la cosa ha cambiado, cuenta Roberto. Ahora las acciones principales las guiamos a la limpieza de áreas y a la protección de nuestros bienes. Los robos de paneles han aumentado, así que nos organizamos un grupo de hombres y nos rotamos por zonas. No hemos cogido a nadie porque vienen muy preparados. Pero estamos bien, porque todavía quedamos unos cuantos que queremos trabajar y cuidar el barrio».
***
En los más de 50 años que lleva viviendo Gloria Quintana García en Guáimaro nunca ha sido presidenta de un CDR, siempre la han escogido para otros cargos dentro de la organización. Pero eso nunca la ha puesto triste, sabe que lo importante es apoyar.
Y eso lo aprendió de su familia. Su papá fue un obrero azucarero en al antiguo central Senado y su mamá era hija y nieta de mambises, así que desde niña vio cómo se contribuía con la causa revolucionaria.
«Mi familia cooperó con el Ejército Rebelde, recuerda, por lo que la Revolución la llevo dentro y debo mantenerme con claridad mental para batallar por esto.
«Cuando triunfó la Revolución tenía 13 años y sexto grado, así que era una letrada en aquella época, por lo que apoyada por mi familia, colaboré con el censo que se hizo de las personas que no tenían trabajo y en la alfabetización.
«Y también fui de las primeras en formar parte de los CDR. El cambio que se avecinaba era muy importante y debíamos estar ahí. Esta organización aglutinó a hombres y mujeres y comenzó a darle una vida muy diferente a la personas, sobre todo a los más desfavorecidos.
«Por eso considero que los CDR deben seguir existiendo, llegando a todas las personas y manteniendo su esencia solidaria. Y por eso seguiré trabajando mientras pueda para no perder ese legado de Fidel».
Epílogo
Roberto y Gloria son dos de las cientos de personas que en Camagüey impulsan y sostienen la vida de los 10 mil 769 CDR con que cuenta la provincia. Todos no funcionan igual, algunos hacen, otros casi ni existen.
La juventud, no toda, cree que eso es cosa de viejos, por eso desde el barrio se les intenta enamorar y ver la importancia de que con el CDR el barrio puede mejorar.
Pero lo cierto es que aún, a pesar de los pesares, hay unos cuantos Robertos y Glorias que sin escudarse tras los años y las canas siguen trabajando, siguen soñando y guardando un pedazo del barrio bien adentro del pecho.

