ARTEMISA.—El amanecer sorprende a la joven Adriana entre diferentes muestras para complementar diagnósticos clínicos en el laboratorio de microbiología de esta provincia; Ana, educadora jubilada después de 42 años de servicio, continúa con su aporte a la economía familiar, desde un punto de venta improvisado en su portal; entretanto, Yuli es comunicadora en una entidad estatal, con el empeño de crecer en seguidores, al generar un atractivo contenido digital.

Son mujeres, aunque de distantes edades, trabajadoras además, pero… ¿qué más de común las trae a estas líneas?
Ni siquiera se conocían, pero cayeron en la trampa. A través de WhatsApp, una amiga, que compartían de manera independiente, les solicitó dinero en transferencia para devolvérselo en efectivo 1 x 1.
“Era un regalazo. Me evitaba tanto la molesta cola del Banco para extraer, si acaso unos mil pesos en billetes, como las súplicas a los nuevos actores económicos, en función de comprar productos a través de las pasarelas de pago”, confiesa una de ellas.
“De inmediato me autentifiqué y transferí primero 10 mil pesos, después 20 mil más a la misma tarjeta del Banco de Crédito y Comercio enviada de antemano al chat”, dice Yuli.
Con minutos de diferencia, en varios puntos de Artemisa, las tres cumplieron la petición, y hasta con parecidos montos de dinero, sin mediar —en ningún caso— llamada alguna antes de transferir para asegurarse de quién era el pedido.
Así “cumplían” con su amiga; incluso, hubo otras con igual proceder ese día, pero, por medio de una tarjeta magnética del Banco Popular de Ahorro, supuestamente enviada por la misma destinataria del WhatsApp.
El desconcierto no demoró en hacerse presente. La amiga, al leer los mensajes de Transfermóvil, con una llamada telefónica tradicional, muy apenada les comunicó el lamentable jaqueo de su cuenta de WhatsApp, horas antes de aquel improvisto.
“¿Qué ingenuidad? ¿Cómo no sonarme extraño el ‘no me yega el mesaje o el enbia catura de pantalla’?, con una fatal ortografía como para desconfiar”, se cuestiona Adriana, quien también se sumó al grupo y tiene de común con las demás el de ser víctima de una estafa en red.
Por el camino más corto e ideal
“El lunes acudimos temprano a la jefatura de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) del municipio artemiseño. Por separado, radicamos las denuncias, que quizás al ser el mismo modus operandi, clasificaban como una múltiple”, explica Yuli.
“Con las esperanzas apostadas en la investigación policial fue contado cada detalle. Dejamos en manos de la instrucción capturas de pantalla, números de teléfonos, cuentas bancarias de las dos sucursales…, además, el número del móvil, por el cual llamó el posible jáquer”, profundiza Adriana.
Se abría, entonces, otro expediente acerca de un delito tipificado en la Ley 51 del Código Penal, de septiembre de 2022, el cual refiere en su artículo 423, apartados 1 y 3, inciso e, las posibles sanciones de hasta ocho años de privación de libertad, según las agravantes de la estafa.
La investigadora no estuvo en pausa. Con la metodología establecida y la inmediatez precisa quedó al descubierto la trazabilidad de las operaciones bancarias. Se necesitó el concurso de la fiscalía y la unidad policial de Holguín para localizar y citar oficialmente al usuario de la tarjeta usada en la transacción.
El holguinero, de solo 26 de años de edad, sin vínculo laboral aparente, días después se personó en Artemisa con el dinero para resarcir el daño a Adriana, Ana y Yuli.
Aunque, la defensa siempre es válida, en sus palabras se exoneraba de la responsabilidad, cuenta la investigadora.
“Explicó que se le extraviaron sus documentos un año atrás en una feria, incluia la tarjeta magnética con el pin al dorso” … ¿En serio? Pero, cancelarla en la sucursal correspondiente es un deber que no todos concientizamos, y esa deuda pesaba sobre sus hombros al ser usada para timar a otros; también, hay quienes compran las tarjetas de emigrantes con el consiguiente riesgo que eso supone.
Estafas “autorizadas”
“Este delito combina el secuestro de cuentas con la desesperación actual por adquirir billetes físicos. Tiene de aliada la urgencia”, considera Jorge González Fernández, un artemiseño con más de 25 años en el sector de la informática, quien ha ayudado a rescatar no pocos WhatsApp jaqueados.
“No son inventos sofisticados. Quienes participan en esas fechorías adaptan técnicas universales a nuestro contexto con muchas variantes.
“En ocasiones te hacen creer que pasa algo grave y debes actuar, sin mucho pensar. En ese momento de presión cometes el error de compartir un código de verificación que nunca debiste dar.
“También suplantan a un familiar o amigo (con su foto y nombre), te dicen que tiene un problema técnico y necesitan un código que te enviarán. No es para vincular nada. WhatsApp lo envía al teléfono del estafador e instala tu cuenta en su dispositivo, así le entregas el control total. Se hacen pasar por ti y piden dinero a tus contactos.
“Otro modo, es actuar como técnicos de Transfermóvil o del Banco. Con el pretexto de actualización o un problema en tu cuenta solicitan códigos de verificación o datos personales, usurpan el control de tu WhatsApp y, potencialmente, de tus finanzas”, amplía Jorge.
Estafas en cifras
Aunque en la provincia, a decir del Grupo de Información y Análisis de la PNR, “se reconocen como las tipicidades más reiteradas aquellos delitos cometidos contra el ganado mayor, los de hurto de manera general y el robo con fuerza, los de origen informático crecen en un 82 %, comparados con igual período del año anterior, incluso, teniendo la certeza de que no todos los afectados denuncian.
Y como la estructura del delito complejiza la investigación, pues deben trabajar unidos Etecsa y el Banco, por ejemplo, solo se ha esclarecido el 6 %, de las más de 400 denuncias radicadas en lo que va de año. Otra limitante radica en que hay involucrados de varias provincias con dificultades para su ubicación y traslado.
Los municipios de Mariel y Bauta son los de mayor cantidad de hechos, con un promedio de 70; en cambio, Alquízar y Candelaria resultan las localidades de menos estafas.
Y como datos curiosos los oficiales de la Policía aportan que son las mujeres, y empleadas laboralmente, las más estafadas. Las edades oscilan entre 30 y 39 años, la mayoría de las víctimas tienen nivel preuniversitario, aunque más de 60 de las engañadas son de nivel superior. Los días más frecuentes a estafar en la provincia son los miércoles y le sigue los lunes, y el horario de la tarde el más común.
La verdad es que el efectivo escasea. Regularmente en el Banco la oferta y la demanda están impares. Tampoco es secreto que en muchos municipios se paga comisión para conseguir billetes físicos, por tanto esa oferta, casi siempre de transferencia de 1 x 1 viene como anillo al dedo, siendo contraproducente que la cuenta de WhatsApp puede recuperarse fácilmente, pero el dinero casi nunca regresa.
“Este tipo de estafa no es magia”, nos dice Jorge, quien labora como responsable de la red informática en el Hospital Docente Comandante Ciro Redondo García, de la ciudad cabecera.
“Les convido a reflexionar en tiempo de redes sociales. La mejor defensa no es un antivirus ni un cortafuegos: es la oportuna capacidad para detenerte, pensar y verificar antes de actuar.
“Los estafadores no roban nuestra cuenta. Nosotros se la damos confiadamente. Hay una regla, que al cumplirla nos salva el 99 % de las veces: Nunca transfieras dinero digital si no ves el billete y la cara de la persona al mismo tiempo”, expresa categóricamente. ¡Y qué bien, así lo aprendieron ya Adriana, Ana y Yuli!
Basado en hechos reales

Acerca del autor
Desde 2005 el periodismo me abre las puertas en Radio Artemisa, con la posibilidad de reorientar mi carrera al cursar estudios en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Soy licenciada en Educación, en la especialidad de Defectología, y ya había cumplido varias tareas, incluso en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los resultados en el medio radial me condujeron a que, en 2011, al crearse la provincia de Artemisa, ocupara la responsabilidad de Corresponsal Jefa de la Agencia de Información Nacional, nombrada poco después Agencia Cubana de Noticias.
En ese mismo tiempo, alternaba como parte del ejecutivo de la Unión de Periodistas de Cuba, en el territorio, y posteriormente me desempeñé como su Presidenta; hasta que, en agosto de 2014 la dirección del Partido me designó directora del su Órgano Oficial, el periódico El Artemiseño, labor que continúo desempeñando.
Las funciones de dirección siguen aportando a la pasión por el periodismo, de ahí que mantenga publicaciones del acontecer de mi provincia en mi órgano de prensa Artemiseño, y en medios nacionales de comunicación, con mayor estabilidad, y representando tanto de compromiso como de orgullo, en el periódico Trabajadores.



¿Tenemos Ciber Policía, sí o no..? ¿Quien investiga los ciberdelitos entonces? ¿hay base de control de ciberdelincuentes..?