– ¿Sabes a quién le hacen falta mis uniformes del curso anterior?
Me dice Delenys, una de las vecinas más jóvenes, que recién deja atrás el preuniversitario para sentarse en un aula de la Facultad de Ciencias Médicas de Artemisa.
-Quizás a la hija de Paula. ¡Cómo ha crecido! Y en el grado terminal no dan bonos para ese nuevo atuendo.
Contesté, y en segundos una llamada telefónica nos dio la certeza de la tremenda alegría que habíamos trasladado a Paula y Paola, solo con ese gesto común entre los cubanos, la solidaridad.
Y eso es septiembre. El mes que nos retorna tanto como saberes, libros nuevos, libretas y pizarras emborronadas de tizas, valores humanos que distinguen a este minúsculo archipiélago en el mundo, y que son el resultado también del sistema de educación.
Han sido vacaciones difíciles. De las anteriores dijimos lo mismo, sin imaginar que las oscuras noticias entre demanda y oferta energéticas podían ser más sistemáticas; que ver la televisión, tomar agua fría y despeinarnos con el ventilador de frente, tenían más de pasado que de presente.
Pero, aun así, llega el noveno mes y un curso escolar abre sus puertas. Nada ni nadie impedirá que hijos, sobrinos, nietos…se involucren con el proceso educativo que devuelve razones, que motiva a los alumnos con esa sed innata de aprender.
No hay varitas mágicas para cambiar el contexto en el cual inicia septiembre, sin embargo, los educadores y las familias tenemos la responsabilidad de mirar a la escuela como un aliciente de futuro, de constancia, para protagonizar y apoyar. En cada silla de un aula cualquiera estará sentando el futuro, y este contiene sueños.
¿Entonces? Llegó septiembre para el padre albañil que ayuda con el repello, la costurera que hilvana el mantel del aula para que luzca como nueva, la abuela sabelotodo que apoya con el material de estudio; incluso, para la brocha del centro estatal o no estatal más cercano, que pone hasta la pintura y las manos para la institución más importante de la comunidad, y por qué no, para quien restaura libros, aprieta tornillos, dona sillas….
Eso es septiembre: multiplicarlo todo. Retornemos con la voluntad de un inicio que conquista… porque si en el mundo quedara solo un reducto de optimismo estará en la educación: arquitecta del alma de los demás y de valores como el de mi vecinita Delenys.