Carlos Sauvalle, el cubano que cuidó de José Martí en Madrid

Carlos Sauvalle, el cubano que cuidó de José Martí en Madrid

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Carlos Eduardo Sauvalle y Blain nació en La Habana el 29 de agosto de 1839. A la edad de 12 años, el 30 de mayo de 1852, embarcó para los Estados Unidos donde, exactamente un mes después, el 30 de junio, matriculó en el Colegio de Jesuitas de Georgetow, cerca de Washington. Culminados los estudios de bachillerato, en el año 1855, entró al Instituto de Ingeniería Civil de Troy, Nueva York, de donde egresó el 22 de enero de 1856 y regresó a Cuba.

 

Carlos Eduardo Sauvalle y Blain (1839-1898).

 

El 9 de octubre de 1863, acompañando a su padre enfermo, Carlos sale nuevamente de la Isla en un largo viaje por Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Portugal, España, Italia, Suiza, Senegal, pasando más tarde por Brasil y Argentina. Un año después, el 8 de octubre de 1864, estaba de regreso en Cuba. El joven ingeniero dominaba varios idiomas por lo que solicitó autorización para trabajar como intérprete, labor que no llegó a desarrollar. El 10 de octubre de 1868, estalló en el extremo oriental de la Isla la guerra por la independencia de la patria; Carlos, cuyos sentimientos patrióticos ya venían germinando, comenzó a conspirar.

Editó, en colaboración con otros jóvenes, el pequeño periódico clandestino El Laborante, y desplegó una intensa actividad revolucionaria; fue uno de los organizadores de los sucesos del Teatro Villanueva por lo que fue aprehendido y deportado a España. En tierras ibéricas se encontró con José Martí, un joven quien tenía catorce años menos que él, que también había sido  deportado y que por aquellos días tenía fiebres y malestar general. Sauvalle, al ver a su compatriota enfermo, le insiste para visitar un médico, Martí inicialmente se niega; después, a fines de abril de 1871, en el tercer mes de su estancia española, al ver agravado su estado de salud, decide acompañarlo.

Según Luis Rodríguez Embil: «Carlos Sauvalle cuidó de médicos, medicinas, junto al amigo estuvo —él, que recibía de su padre mensualmente mucho más de lo que requería su vida de soltero— en los momentos de los dolores físicos estoicamente soportados; de la irrupción, en la fiebre, de lo subconsciente, en el cual vivía encendido». Ese mismo año, gracias a la ayuda económica de Carlos Sauvalle, Martí publica El presidio político en Cuba. El texto, impreso en Madrid, en el taller Ramón Martínez, sito en San Marcos número 32, fue también distribuido por Sauvalle a los cubanos radicados en la capital ibérica y a todos los directores de la política española.

 

José Julián Martí Pérez (1853-1895) en Madrid durante la primera deportación, época en que conoció a Carlos Sauvalle.

El 7 de septiembre de 1871, Martí y Sauvalle, contestan desde las páginas del periódico El Jurado Federal, un artículo anticubano publicado días antes en el diario integrista madrileño La Prensa. Se inicia así una polémica que le permite a los jóvenes cubanos divulgar sus ideas anticolonialistas. El 22 del mismo mes publican un escrito, firmado por ambos, donde dan por terminada la discusión pues su honra les impide continuar en el terreno público un debate para el que La Prensa ha elegido como recursos, a falta de argumentos, el insulto y la amenaza de llevarlos ante los tribunales. No obstante, «sostienen y repiten cuanto el amor a la verdad y a la justicia les hizo una vez decir». El 5 de noviembre, como colofón de la disputa, se constituye La Liga de la Prensa Española Antifilibustera, en la cual se agrupan los catorce periódicos más retrógrados de la capital.

Durante esa estancia en tierras españolas Martí fue operado tres veces por un tumor del testículo, tipo sarcocele, y a su lado siempre estuvo Carlos. Veamos lo que escribió Jorge Mañach: «[…] Martí se enferma de nuevo, sufriendo otra ablación del tumor formado en el presidio. Sauvalle ha insistido en llevarle a su propio alojamiento para cuidarle mejor. Allá van amigos cubanos y españoles a charlar junto a la cama […] y ahí está también Carlos Sauvalle junto a la cama sin mimos […] Él asistió con disimulo la bolsa flaca de Pepe: trajo médicos que le operaron […]».

Por su parte Luis Rodríguez Embil comentaría: «estaba en cama una vez más Martí, presa de fiebre, y por segunda vez operado, en el domicilio de Sauvalle, a donde insistiera éste en que se trasladase su amigo al recrudecerse de nuevo la dolencia por él adquirida en las canteras […] Sauvalle fue el compañero fraternal y fiel, la charla deleitosa que ahuyentaba la soledad de los primeros meses, el cicerone, y el lazo de unión con los primeros conocidos. Y, además, era una evocación viviente de la patria común. Al resentirse Martí, ya al llegar la primavera, de la lesión recibida en las Canteras, fue asimismo Sauvalle el enfermero asiduo, el hermano solícito que allanó, como hermano, la urgencia de los gastos necesarios. Pues hubo de ser operado Martí».

Martí se fue sintiendo mejor de salud, y agradecido por las atenciones, escribe en el álbum del compatriota: «Cuba nos une en extranjero suelo/ Auras de Cuba nuestro amor desea:/ Cuba es tu corazón; Cuba es mi cielo;/ Cuba en tu libro, mi palabra sea/». Carlos regresó a Cuba en 1879, al año siguiente, el 1º de mayo de 1880, se casó en la parroquia de Nuestra Señora de Regla, con María Amalia Rodríguez Parra; del matrimonio nacieron tres hijos: Francisco Adolfo, Fernando y Carlos.

Su finca Balestena, en Santa Cruz de los Pinos, San Cristóbal, provincia Pinar del Río, fue visitada por Martí durante su breve estancia en Cuba mientras se encontraba preparando la Guerra Chiquita; allí el Apóstol disfrutaba de la selecta biblioteca y del aire puro del monte cubano. Agotada su fortuna, gran parte de ella en beneficio de la emancipación de su pueblo, Carlos tuvo que desempeñar un modesto empleo en la Casa de Beneficencia de La Habana, para lograr la subsistencia de la familia, lo que unido a problemas de salud, secundarios a una enfermedad ateroesclerótica, le impidieron participar en la contienda guerrera iniciada el 24 de febrero de 1895.

Enfermo, pasó los últimos años de su vida en el regazo de la familia, cuya casa estaba situada en la Calzada de Jesús del Monte de la capital habanera. A los 58 años de edad, el 24 de febrero de 1898, día en que se cumplían tres años del estallido de la Guerra Necesaria organizada por el Héroe de Dos Ríos, falleció Carlos Sauvalle, el cubano que con devoción cuidó de la salud de José Martí, en Madrid. Como bien esgrimió Luis Rodríguez Embil: «En ninguna biografía martiana debe faltar el nombre del que fue uno de los más notables, más probados y mejores amigos de Martí».

Acerca del autor

Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*

Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

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