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Memoria viva: de Marlies a Marifélix

Todavía hay quienes preguntan por la ac­tuación cubana en los Juegos Cen­troamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Esta vez no se pudo seguir por la televisión como en oca­siones anteriores por la situación energética del país, pero en las redes sociales los 51 títulos, las 155 meda­llas totales, las historias más increí­bles y hasta los desenlaces menos fe­lices tuvieron un reflejo como nunca.

Desde el primer oro de la ciclis­ta Marlies Mejías en la contrarreloj hasta el último regalado por el en­vión de la pesista Marifélix Sarría, hubo desempeños brillantes que ter­minaron o no en podios, pues la ri­validad en la región ha crecido en no pocas disciplinas y mucho ha tenido que ver el aporte de entrenadores cubanos: 106 con 19 países, quienes festejaron 52 coronas y 193 metales.

Marlies Mejías. Foto: Mónica Ramírez

De antemano se sabía que las 72 doradas de San Salvador no eran el objetivo. En aquella cita 20 deportes aportaron al menos un cetro, ahora solo lo hicieron 15, y de ellos 13 re­pitieron; en tanto se sumaron feliz­mente el bádminton y el voleibol de playa, con brillantes páginas para Taymara Oropesa y la pareja varo­nil, respectivamente.

El atletismo y la lucha marcaron el ritmo de los campeones con una de­cena cada uno. Luego el judo con seis, el canotaje con cinco y el taekwondo con tres marcaron el mejor acumu­lado. Entre esos cinco deportes se concentró el 67 % de nuestros oros. Si hubiera que destacar nombres, en las pistas las bimonarcas Anisleidis Ochoa y Daily Cooper; Arletis de la Caridad con su tercer título conse­cutivo en taekwondo y la canoísta Yarisleidis Cirilo, triple triunfadora en estos Juegos, incluida una moda­lidad mixta.

De lujo y con letras de heroi­cidad las victorias del hockey so­bre césped y balonmano en los dos sexos. En el caso de los primeros con el plus de que no tienen atletas contratados ni topes internaciona­les como los segundos. Su prepara­ción fue entre apagones y muchas carencias. Lo que nunca les faltó fue la decisión de vencer.

El remo, el kárate, las pesas y el ciclismo también merecen reveren­cias. Las historias detrás del tricam­peón remero Reidy Cardona, el ka­rateca Lousbel Velázquez, el pesista Otto Oñate y la pedalista Mejías da­rían libros fabulosos de entrega y amor a su terruño. Tampoco es posi­ble olvidar a Dayira Mesa, única do­rada de nuestra escuela de boxeo y primera mujer que lo logra por Cuba desde que compiten en estas lides.

El recuento justo debe mencio­nar el aporte del ajedrez, gimnasia artística y rítmica, clavados, esgri­ma, tiro deportivo, velas, raquet­bol, tenis de mesa, triatlón, tiro con arco, voleibol y natación, que com­pletan la lista de 25 disciplinas me­dallistas.

Y lo que no es color de rosas en medio de tantas hazañas hay que de­cirlo con la misma claridad. El béis­bol con su salida del podio por vez primera en 60 años no cumplió ex­pectativas después de una primera ronda en la que terminaron invic­tos. La selección varonil de voleibol dejó un sabor de insatisfacción con su bronce porque calidad les sobra­ba; y la escuadra masculina de bo­xeo sin un oro no la recuerda ni el más puntilloso estadístico.

Para quienes pudimos disfrutar de los Juegos, lo escrito por nues­tra delegación clasifica de proeza sin chovinismo. Cuba vive uno de sus más duros años económicos y el deporte se lo ha sentido hasta la médula, pues esa actividad cues­ta millones. Y hoy la prioridad del país es sobrevivir, con una energía y alimentación bien golpeadas por el asfixiante bloqueo del Gobierno de Estados Unidos.

No obstante, fuimos a competir con el corazón y con más c… Regre­samos terceros por naciones y ni si­quiera eso es lo más importante. Pre­fiero quedarme con una expresión repetida muchas veces en tierra quisqueyana por amigos y adver­sarios: “A Cuba, a esos deportistas, hay que respetarlos siempre”.

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