
Holguín.— “Barco parado no gana flete”, sentencia Kirenia Balada Peña, directora de la Empresa Productora y Distribuidora de Alimentos (Numa), en esta provincia, para explicar la filosofía que mantiene a flote a su colectivo en medio del complejo escenario económico cubano. El resultado es insoslayable: cero trabajadores interruptos y una producción diversificada que no le hace juego a la escasez.
Para cumplir la misión de elaborar alimentos para la población y sectores priorizados a base de harina y productos del agro, Numa transformó cada uno de sus centros en polígonos productivos. Así aprovechan las fortalezas endógenas de cada municipio y se nutren de alianzas estratégicas con actores económicos, de las cuales salen encadenamientos y producciones cooperadas.
La diversificación se ha convertido entonces en la principal arma de la empresa. Frente a la falta de harina de trigo, por ejemplo, elaboran harinas no convencionales a base de chícharo, yuca o arroz, en dependencia de la disponibilidad de recursos.
Asimismo, han desarrollado un catálogo de productos derivados del arroz que abarca desde la panificación y la repostería hasta la elaboración de vinos y vinagres. Municipios como Antilla y Calixto García han explotado algunas de esas variantes.
Bajo la lógica de aprovechar potencialidades internas, en municipios del este holguinero utilizan la oriunda fruta del guapén para hacer cremas o extensores; mientras en Sagua de Tánamo el coco se emplea para hacer dulce en cucurucho y grajea, que sirve para la repostería en ese territorio.
“No tenemos pérdidas”, afirma orgullosa Balada Peña, y destaca que su catálogo incluye caldos, jugos, café, refrescos, dulces, encurtidos de col, pepino, tomate y cebolla, e incluso tomates limpios y clasificados, entre otros surtidos, según la época del año.
Todo se articula a través de una estructura que abarca 18 unidades empresariales de base, entre las que se inserta una autorizada como la Cadena del Pan, tres sociedades mercantiles y siete proyectos de desarrollo local a nivel provincial. Esa red les permite movilizar a 2 mil 535 trabajadores, comprometidos con la reconversión productiva y el aprovechamiento de los recursos.
Uno de los mayores desafíos ha sido la cocción del pan ante la falta de combustible y la crisis energética. La respuesta de Numa fue contundente: recuperó y adaptó hornos en un tiempo muy breve. La solución llegó con la utilización de la leña: revitalizaron los hornos en desuso y adaptaron los antiguos llamados estrella, que funcionaban con diésel, rellenando sus bóvedas con barro, ladrillo y cemento refractario.
Ese cambio no fue fácil. “Hay algunos que llevaban 26 años horneando y 25 sin hacerlo con leña”, comenta la directiva. “El humo, el tiempo de cocción y la atmósfera representaron un reto. Pero la moral no decayó. Nadie se negó a trabajar”, añade.
En los polígonos productivos también aplican otros métodos de cocción al usar biomasa y residuos. Por ejemplo, el bagazo de la caña y la cáscara de coco.
El esfuerzo tiene recompensa. Al cierre de junio las ventas superaban los 513 millones de pesos y las utilidades sobrepasaron los 48 millones de pesos. Lo fundamental es que el respaldo físico es evidente con más de 5 millones de toneladas de alimentos producidas. Numa, definitivamente, sí gana flete.

