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Empresa que produce sí gana flete

Trabajadores de Numa asumen el reto de la cocción con leña ante la crisis energética. Foto: Página de Facebook de Numa

Holguín.— “Barco parado no gana flete”, sentencia Kirenia Balada Peña, directora de la Em­presa Productora y Distribuido­ra de Alimentos (Numa), en esta provincia, para explicar la filo­sofía que mantiene a flote a su colectivo en medio del complejo escenario económico cubano. El resultado es insoslayable: cero trabajadores interruptos y una producción diversificada que no le hace juego a la escasez.

Para cumplir la misión de elaborar alimentos para la po­blación y sectores priorizados a base de harina y productos del agro, Numa transformó cada uno de sus centros en polígonos productivos. Así aprovechan las fortalezas endógenas de cada municipio y se nutren de alian­zas estratégicas con actores eco­nómicos, de las cuales salen en­cadenamientos y producciones cooperadas.

La diversificación se ha con­vertido entonces en la principal arma de la empresa. Frente a la falta de harina de trigo, por ejemplo, elaboran harinas no convencionales a base de chícha­ro, yuca o arroz, en dependencia de la disponibilidad de recursos.

Asimismo, han desarrollado un catálogo de productos deriva­dos del arroz que abarca desde la panificación y la repostería hasta la elaboración de vinos y vinagres. Municipios como Antilla y Calixto García han explotado algunas de esas variantes.

Bajo la lógica de aprovechar potencialidades internas, en mu­nicipios del este holguinero uti­lizan la oriunda fruta del guapén para hacer cremas o extensores; mientras en Sagua de Tánamo el coco se emplea para hacer dulce en cucurucho y grajea, que sirve para la repostería en ese territorio.

“No tenemos pérdidas”, afirma orgullosa Balada Peña, y desta­ca que su catálogo incluye caldos, jugos, café, refrescos, dulces, en­curtidos de col, pepino, tomate y cebolla, e incluso tomates limpios y clasificados, entre otros surtidos, según la época del año.

Todo se articula a través de una estructura que abarca 18 uni­dades empresariales de base, entre las que se inserta una autorizada como la Cadena del Pan, tres so­ciedades mercantiles y siete pro­yectos de desarrollo local a nivel provincial. Esa red les permite movilizar a 2 mil 535 trabajadores, comprometidos con la reconver­sión productiva y el aprovecha­miento de los recursos.

Uno de los mayores desafíos ha sido la cocción del pan ante la fal­ta de combustible y la crisis ener­gética. La respuesta de Numa fue contundente: recuperó y adaptó hornos en un tiempo muy breve. La solución llegó con la utilización de la leña: revitalizaron los hornos en desuso y adaptaron los antiguos llamados estrella, que funciona­ban con diésel, rellenando sus bó­vedas con barro, ladrillo y cemen­to refractario.

Ese cambio no fue fácil. “Hay algunos que llevaban 26 años hor­neando y 25 sin hacerlo con leña”, comenta la directiva. “El humo, el tiempo de cocción y la atmósfera representaron un reto. Pero la mo­ral no decayó. Nadie se negó a tra­bajar”, añade.

En los polígonos productivos también aplican otros métodos de cocción al usar biomasa y residuos. Por ejemplo, el bagazo de la caña y la cáscara de coco.

El esfuerzo tiene recompensa. Al cierre de junio las ventas supe­raban los 513 millones de pesos y las utilidades sobrepasaron los 48 millones de pesos. Lo fundamental es que el respaldo físico es evidente con más de 5 millones de toneladas de alimentos producidas. Numa, definitivamente, sí gana flete.

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