Fidel, La Demajagua y la multiplicación de Oriente

Fidel, La Demajagua y la multiplicación de Oriente

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Este 2026 no es un año cualquiera para Cuba. El centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, el 13 de agosto, convoca a la memoria viva de un pensamiento y una obra que no han dejado de sembrarse en la nación.

 

Fidel durante el discurso del 7 de noviembre de 1976 en La Demajagua. (Foto: La Demajagua)
Fidel durante el discurso del 7 de noviembre de 1976 en La Demajagua. (Foto: La Demajagua)

Y entre los muchos momentos que definen ese legado, pocos condensan tan profundamente la visión estratégica del Comandante en Jefe como aquel 7 de noviembre de 1976, cuando en el mismo suelo sagrado de La Demajagua, donde Carlos Manuel de Céspedes iniciara la gesta independentista en 1868, proclamó, ante más de 15 mil personas, la constitución de las cinco nuevas provincias orientales.

La coincidencia entre el aniversario 50 de la nueva división político-administrativa y el centenario de Fidel es, para los trabajadores cubanos, una oportunidad imprescindible para volver sobre las ideas que allí se expusieron: un programa de desarrollo, de justicia territorial y de continuidad histórica que conserva asombrosa vigencia.

Un acto cargado de símbolos

Fidel escogió La Demajagua, en Manzanillo, para oficializar la división de la antigua provincia de Oriente. La elección no fue casual. Allí resonaba la campana que en 1868 llamó al levantamiento en armas y en sus cercanías, había desembarcado 20 años antes la expedición del yate Granma. El Comandante lo expresó con claridad:

“Hace 108 años, en este mismo sitio, junto a ese central cuyos restos están en las proximidades, y con esa misma campana, se llamó al pueblo a la primera guerra por la independencia. Ningún lugar mejor que este para un acto como este.”

La Demajagua se convertía, así, en escenario de una nueva proclama. No se trataba solo de reorganizar la administración del Estado socialista naciente: se trataba de inscribir esa reorganización en el torrente profundo de la historia patria.

Oriente no se dividió, se multiplicó

Fidel confesó en aquel discurso el apego sentimental al antiguo Oriente. “Nos costaba trabajo adaptarnos a la idea de su división”, reconoció. Pero argumentó que por razones demográficas, económicas y políticas era imposible instaurar los Poderes Populares y dirigir adecuadamente el trabajo en un territorio tan extenso y poblado. La solución no era fragmentar la historia, sino multiplicarla. De ahí la frase que aún resuena:

“La provincia de Oriente no se dividió, sino que se multiplicó, y entrega a la patria cinco nuevas, vigorosas y pujantes provincias.”

Para el territorio granmense, aquel acto tenía una significación especial. Manzanillo, primera ciudad que contactó con los expedicionarios del Granma, y Bayamo, cuna de la Revolución y pueblo de altos méritos históricos, disputaron con legitimidad ser la cabecera. Fidel explicó que la decisión se tomó por razones geográficas y de comunicación, y dejó para los del Golfo del Guacanayabo una promesa cargada de reconocimiento:

“Deseamos decirles en el día de hoy que Manzanillo, aunque no sea la capital, jamás será olvidado por la Revolución.”

Granma quedó así como heredera directa de una historia que une al Padre de la Patria con la generación del Centenario y al grito de La Demajagua con la Sierra Maestra.

Agua, industria, educación: un programa vigente

El discurso de Fidel en La Demajagua no fue solo ceremonial. Fue un verdadero plan de gobierno para las nuevas provincias. Y en su centro colocó tres prioridades que hoy, 50 años después, siguen marcando la agenda económica y social de esta porción del país.

La primera: el agua. Fidel describió la contradicción de una tierra fértil asediada por la sequía. Exigió que no se perdiera una sola gota y llamó a continuar la construcción de presas y micropresas. Hoy se puede comprobar cuánto se ha hecho y cuánto falta por hacer en un escenario de cambio climático.

La segunda: la industrialización. Denunció la tragedia de los países subdesarrollados, condenados a exportar materias primas baratas e importar productos caros. Explicó cómo el mineral de hierro se multiplica en valor al convertirse en acero, y este en equipos. Y defendió la necesidad de crear industrias no solo en Santiago u Holguín, sino en cada provincia, incluidas las agrícolas, para garantizar empleo y desarrollo.

La tercera: la educación. Sin técnicos y obreros calificados, ninguna industria moderna sería posible. Por eso insistió en la construcción de politécnicos, escuelas vocacionales, formadoras de maestros y de educación física, e institutos de de iniciación deportiva en todas las provincias. Esa semilla floreció: hoy Granma cuenta con una red de centros educacionales y politécnicos que forman a miles de jóvenes trabajadores.

Unidad frente al regionalismo

 

Uno de los pasajes más lúcidos del discurso es la advertencia contra el egoísmo provincial. Fidel pidió combatir enérgicamente cualquier muestra de regionalismo y puso ejemplos concretos de interdependencia:

“¿Qué haría Santiago de Cuba sin las viandas y los vegetales de Holguín, por ejemplo, o de la zona de Granma?”

Al mismo tiempo, defendió la iniciativa de cada provincia: estudiar sus recursos, proponer proyectos y luchar por su desarrollo sin esperar todo del gobierno central. Y exigió al Partido y a los Poderes Populares una visión global de todos los problemas, no solo los administrativos locales.

Esa dialéctica entre cooperación interterritorial y emulación sana, sigue siendo un desafío cotidiano para la clase obrera cubana, que debe articular el esfuerzo nacional con el arraigo local.

La vigencia en el presente

Cincuenta años después, Granma y las restantes provincias orientales siguen siendo decisivas para la economía cubana. La producción azucarera, el arroz, el café, la ganadería, los frutales, los recursos minerales y, sobre todo, el capital humano formado por la Revolución, constituyen pilares del desarrollo nacional. Los problemas señalados por el estadista no han desaparecido; se han transformado y exigen soluciones nuevas.

El centenario del Comandante en Jefe es momento propicio para releer aquel discurso con ojos de presente. Porque no habló para una fecha: habló para una época. Y las tareas que delineó en La Demajagua, defender el agua, industrializar el país, formar a los trabajadores, rechazar el regionalismo y honrar la historia, son, en esencia, las mismas que hoy enfrenta la Revolución.

La Demajagua es, más que un sitio arqueológico, un lugar de fundación permanente. Allí se inició la independencia de Cuba y el líder histórico proclamó la multiplicación de Oriente y con ella se acrecentó también el compromiso de una nación que no renuncia a su pasado ni a su futuro.

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