Diseño editorial, identidad visual y pauta gráfica del Suplemento Deportivo de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 por Elsy Frómeta Valdés
Fotos: Ricardo L. Hevia /Roberto Morejón Mónica Ramírez /Abel Rojas Barallobre
Cuba compitió en Quisqueya más con el corazón que con la calidad histórica y requerida para citas regionales.
Para determinados deportes era su primera experiencia internacional en uno o dos años. Los recursos imprescindibles llegaron semanas y a veces horas antes de subir al escenario deportivo. En varias disciplinas eso ni siquiera fue posible, pero igual salieron a pelear, a buscar esa felicidad que su familia, amigos y el pueblo esperaban de ellos.
Detrás de cada uno de los 497 inscritos estuvo una sociedad impactada por sobrevivir. De ahí que cada actuación tuvo un valor extra que solo quienes vivimos entre apagones, falta de transportación y carencias alimenticias, y otras dificultades, podemos valorar en su justa medida.
Épicas son las hazañas escritas entonces por quienes retornan con alguna de las 51 coronas o 155 medallas alcanzadas. De las más electrizantes, por la emoción desbordada o el sacrificio mayúsculo para conseguirlas, pueden mencionarse las del hockey sobre césped, la lucha, el balonmano, el kárate, el remo, el atletismo, el canotaje y el voleibol de playa.
El regreso también dejará análisis fuertes sobre quienes, bajo las mismas condiciones, estuvieron por debajo de sus potencialidades. Lo vivido en 15 días de dura porfía deportiva no puede ser traducido en crónicas periodísticas por mucho que queramos. Estuvo en la entrega y el sacrificio de todos, cual hijos agradecidos de Fidel en el centenario de su natalicio. Ese y no otro, es el amor que nos llena.
Crónica
El fenómeno Paulino
Era previsible, pero lo vivido por estos días en el Estadio Olímpico Félix Sánchez con las actuaciones de la formidable Marileidy Paulino (por cierto, entrenada por el cubano Yaseen Pérez desde el 2016) supera cualquier pensamiento previo y pasa a ser un verdadero fenómeno de comunicación, admiración e identidad nacional.
En ambos momentos se paseó con su bandera por todo el estadio y no faltaron los aplausos, elogios y un sello de orgullo. “Esa es nuestra estrella”, “qué grande es Paulino”, “vinimos al atletismo a verla, aunque nos cayera el aguacero”, “nunca se olvida de donde vino, de lo más humilde del pueblo”, fueron expresiones recogidas por el cronista en la instalación o en conversaciones informales con los hijos de Quisqueya.
Al día siguiente de su segunda dorada, en la conferencia de prensa más concurrida de los Juegos, agradeció las muestras de cariño recibidas, que iban desde los constantes autógrafos y fotos solicitados por niños, jóvenes, abuelos y personas con discapacidad hasta los mensajes recibidos de su tierra natal Don Gregorio, del municipio Nizao. “Quería regalarles a todos esas actuaciones”, confesó la titular olímpica de París 2024.
Miles de entradas resultaron vendidas por los organizadores para los días de las carreras y no pocas solicitudes de entrevistas por los medios de comunicación nacionales e internacionales obligaron a organizar ese único encuentro con los periodistas en el que, sin poses de diosa, accedió a contar buena parte de sus aspiraciones: “Ganar todo lo que me queda en el ciclo olímpico y volver a repetir el oro olímpico y mundial”, aseveró.
El fenómeno Paulino atraviesa la sociedad dominicana, pues además de ganar preseas, genera valores. Tras sus primeras medallas olímpicas en Tokio 2020, prometió utilizar sus premios para una institución que ayudara a los niños y jóvenes donde nació. Poco tiempo después impulsó la iniciativa de la Fundación Creando Sonrisas Eternas, la cual promueve educación, oportunidades y bienestar más allá del ámbito deportivo.
Por eso y más entendimos la adoración a su figura. Sus ojos grandes y expresivos, su sonrisa de luna y ese pelo chorreado por la lluvia tras la victoria en la vuelta al óvalo solo responden a ese amor que siente por el pueblo del cual emergió y con el cual está comprometida su felicidad.
Noticias
¿Por qué lloraron los hockeístas?
Los dos equipos cubanos de hockey sobre césped conquistaron dos de los títulos más peleados, recordados y a la vez increíbles para nuestra comitiva. Más allá de los partidazos finales que tuvieron definición por penales (las damas ante México y los hombres frente a Trinidad y Tobago), lo que engrandece ambos cetros se expresó entre lágrimas de jugadores y entrenadores.
Atrás quedaron los días en que no hubo regadíos para la cancha de la escuela de hockey Antonio Maceo, de Santiago de las Vegas, en La Habana, y tuvieron que entrenar en una superficie seca y dura. No podían olvidar que durmieron por semanas en las gradas de la instalación o en el piso con sus colchones, pues los apagones y el calor no le permitían hacerlo en las habitaciones. Y al día siguiente, a entrenar y entrenar.
Cómo no recordar el pacto que hicieron con el clima. Sí, cuando llovía (y mientras más fuerte mejor) se iban preparando para cuando escampara aprovechar la humedad de la cancha y entrenar. Le podían dar las ocho de la noche y muchas veces los dos equipos estaban ahí, aprovechando la bendición del aguacero. Otras, ni desayunaban y entraban al terreno después de la llovizna de la madrugada.
Recordaron que no contaron nunca con el calzado especializado hasta después del primer partido que sostuvieron en Santo Domingo. En el caso de la entrenadora de la selección femenina, Mileisis Argentel, se mudó ocho meses atrás para la escuela y allí vivió junto a su esposo e hija. Era el modo que encontró para acompañarlas todo el tiempo, para sufrir las mismas vicisitudes y decirle todos los días: “Hay que seguir, hay que crecerse…”.
Por todo eso y más, los hockeístas cubanos lloraron en lo más alto del podio.
Entrevistas
DAYIRA MESA: Primera reina del cuadrilátero
Boxeo ›› 70 kg
Apenas bajó del ring sus declaraciones revelaron agradecimiento y sencillez: “Qué emoción, no me esperaba este oro ni ser la primera boxeadora en ganar en Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero salió el resultado del entrenamiento, de la exigencia de mi preparador y estoy tan contenta que no sé cómo describirlo.
“Sí, tuve que sacar el extra ante la puertorriqueña Stephani Piñeiro porque es una atleta de nivel. Todo salió como lo habíamos planificado y fueron indicándome desde la esquina.
“Son tantos agradecimientos que puedo olvidar a algunos. A mi mamá, mi familia y mi hijo; a la psicóloga y el fisioterapeuta; a las compañeras de equipo, los entrenadores, y especialmente a los que nos ayudaron en China, que son parte importante de esta medalla.
“Al profe Julián González le debo lo más grande. Haberme traído hasta aquí, darme confianza y pasar por encima de lesiones como la que tengo en el pie. Salimos de Cuba convencidos de que el boxeo femenino aportaría un oro y me tocó ese honor”, concluyó.
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JOSÉ PELIER: Tres oros para coleccionar
Canotaje ›› C-1, C-2
“Es una embarcación que la montamos solamente tres veces antes de venir para acá y nos salió bien en la competencia. En los Juegos pasados gané dos oros, ahora me voy de tres-tres. Ojalá en el futuro podamos entrenar más este bote mixto para los campeonatos mundiales hasta que lo aprueben para los Juegos Olímpicos.
“Mientras el aire esté a favor de nuestras manos (los dos son zurdos), todo va a ir bien en el mixto. Lo malo es cuando se pone en contra, y si se nos dificulta un poco apelamos más a la técnica que a la fuerza.
“Es un honor tener a Serguei Torres como entrenador, ya que siendo atleta nos forjamos juntos en la vida deportiva; y fuera del agua es compañero, y además, el mayor referente para un deportista por su condición de campeón olímpico.
“Cuba no tiene todos los recursos necesarios, pero vamos hacia adelante. Al menos en el canotaje pensamos así. Le mando un abrazo al pueblo de Baracoa donde nací. Y principalmente a mi mamá y a mi papá, a toda la familia. Muchas gracias por el apoyo y muy contento de tenerlos como inspiración siempre”.
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MARIFÉLIX SARRÍA: Saldada una deuda
Pesas ›› + 86 kg
Pasada la una de la tarde del 8 de agosto, la pesista cienfueguera conquistó en la modalidad de envión la última dorada de Cuba en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo 2026.
“No estoy muy contenta por la competencia, porque no fue una de las mejores presentaciones al fallar tres veces en el arranque, pero después de eso lloré en el cuarto de calentamiento y solo me enfoqué en el envión, que es mi especialidad más fuerte”.
Al comparar el significado de volver a una justa multideportiva después de haber sido acusada injustamente de dopaje, lo cual quedó demostrado en el proceso de apelación de casi dos años, Sarría recordó: “Tenía esta deuda con los centroamericanos y no me llevo dos, pero sí una de oro que vale mucho en lo personal y sirve para que Cuba mantenga el tercer lugar del medallero”.
Acerca de los próximos retos competitivos, la joven que cumplirá 22 años el venidero 25 de agosto, argumentó que se preparará el doble para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, donde participará por primera vez. Con respecto a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 afirmó que habrá que trabajar muy duro. “Todavía falta, pero igual quiero una medalla”, concluyó la subcampeona mundial de su división en el 2025.
Reportaje
YAMIL GUTIÉRREZ JORGE: ¿Médico o deportista frustrado?
Por estos días vive sus octavos juegos múltiples, uno de los momentos que más disfruta dentro de la medicina deportiva, a la que llegó en el 2011, después de haberse graduado hace nueve años y cumplido misión internacionalista en Venezuela. Sus resultados y deseos de trabajar lo han llevado a ser esta vez jefe de la delegación médica cubana en Santo Domingo 2026.
Indagamos sobre la complejidad que tiene ser médico en este tipo de competencias y suelta en ráfagas su respuesta. “El trabajo es muy variado e integral. Hay que atender muchos grupos deportivos con particularidad y especificidades distintas. Es reconfortante, bonito, pero también triste cuando, por ejemplo, no tienes cómo rehabilitar un trauma que lleva reposo. Eso pasó ahora con el receptor Andris Pérez”.
Si le pedimos entonces algunas vivencias que lo hayan marcado en estas citas, Yamil no titubea: “El bronce del baloncesto masculino en Barranquilla 2018, una medalla después de 20 años”, aunque tampoco deja atrás a su equipo nacional de pesas, en el cual ha hecho magia para que puedan competir muchas veces.
Pone el ejemplo más reciente, Marifélix Sarría, en El Salvador 2023, cuando tuvo una tendinitis rotuliana y se sobrepuso. “El médico hizo el aporte, pero el extra lo puso el atleta y salió el resultado: su primer oro regional”.
Carismático y conversador, Yamil funciona en ocasiones como psicólogo o rehabilitador dentro de un equipo. Quizás su impronta es de las que más sobresale. No obstante, explica que en Cuba todos los doctores de medicina deportiva están preparados para eso.
“No solo atendemos el trauma, también hacemos control del entrenamiento deportivo, evaluamos la repercusión biológica y fisiológica en el organismo, de manera que la integración de todos los saberes es lo que da el resultado deportivo”.
Su experiencia abarca ya, además de citas regionales, Juegos Panamericanos Juveniles y Élite y Juegos Olímpicos. Hurgamos por la diferencia entre ellas para sus labores y vuelve a la carga: “La complejidad de los Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos viene dada por la cantidad de atletas, sin embargo, en los Juegos Olímpicos sube la exigencia para que no se vea tronchado ese sueño por una lesión o enfermedad”.
Hijo de maestra y de abogado, Yamil vive orgulloso de ser el único en la familia con bata blanca. ¿Estás enamorado del deporte? Reconoce que sí, especialmente el de las pesas, con el que lleva trabajando casi 10 años. “Soy feliz, ¿puedo pedir más?”.
Descargue en versión PDF: XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe: El amor que nos llena (Suplemento especial)